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Diot le gana el pulso a Larkin (99-91)

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/ EFE.

  • El Valencia Basket tumba al Baskonia tras aguantar todas las embestidas del conjunto vasco y escala al cuarto puesto de la ACB

Los equipos grandes no son los que se levantan tras un golpe, eso está reservado a los que tienen personalidad. La gran mayoría en el deporte profesional. Los equipos grandes de verdad son los que se levantan dando un golpe en el parquet. Sonoro. Contundente. Avisando. El Valencia Basket regresó en silencio de Fuenlabrada hace una semana, por el dolor de Dubljevic y por el mal partido disputado en el Fernando Martín. Desde entonces, dos envites y dos victorias. En Krasnodar y ante el Baskonia en la Fonteta. Dos carteles de primera, sin el mejor jugador taronja en el inicio de temporada, saldado con sendas victorias. Eso sí, lo de ayer en el pabellón de Hermanos Maristas es de categoría especial.

El duelo fue épico, de esos que en el imaginario colectivo sustituyen el color por el blanco y negro. Fue un Pamesa frente al Taugrés noventero, de esos donde en cada posesión se jugaba una vida. Sin descanso, sin poder pestañear. El equipo de Pedro Martínez controló en todo momento el marcador (36:34 por delante) pero el de Sito Alonso nunca entregó la toalla. Esa dualidad se tornó en simbolismo, en un cara a cara en plan ‘instant classic’ que dirían en la NBA, entre Diot y Larkin. El mano a mano de los dos bases fue épico, sin descanso. Buscando las cosquillas del otro en cada ataque y en cada defensa. El francés acabó con 28 puntos, 6 asistencias y 26 de valoración. El americano con 26 puntos, 8 asistencias y 30 de valoración. «El enfrentamiento entre los bases ha sido espectacular. Ha sido un ‘pique guapo’», así lo definió Pedro Martínez tras el partido.

El vistoso triunfo coloca al Valencia Basket cuarto por delante del Baskonia, en esos equilibrios complicados para analizar clasificaciones con equipos con distintos partidos disputados. Para que reluzca ese balance de 5-2 hay otro hombre al que ponderar. Se llama Pierre Oriola. El catalán es un trapecista sin red. El día de su presentación se presentó como un guerrero. No era una pose sino una declaración de intenciones. Su explosión en el tercer cuarto, con 11 puntos consecutivos, fue clave para que su equipo se levantara de la lona en el momento más complicado. Del 46-42, con la cuarta de Kravtsov, se pasó al 68-58 para iniciar el último cuarto. Un oxígeno clave para mantener la cabeza en calma en los minutos decisivos.

La tercera técnica para los locales, a Rafa Martínez reconocida por el capitán taronja, encendió a la grada y al banquillo. No porque el gesto no la mereciera, sino porque el marcador en ese aspecto se quedó en un 3-0 cuando el único avisado de todo el partido fue Sito Alonso. El Baskonia finiquitó el carrusel de tiros libres con un triple de Larkin que puso el 73-73. Restaban siete minutos de baloncesto. Rafa Martínez, contestando con otro triple, y Kravtsov comandaron un pequeño parcial de 5-0 para volver a remar con el agua a favor (78-73). Ese estirón llegó hasta un 14-4 que finiquitó una de esas victorias que se recuerdan durante mucho tiempo.