Las Provincias

baloncesto | valencia bc

La fuerza de la manada

fotogalería

Luke Sikma y Bojan Dubljevic pelean por un rebote defensivo con Richard Hendrix. :: EFE/Elvira Urquijo A.

  • Un Valencia Basket más coral que nunca se lleva de Gran Canaria un triunfo que vale oro

  • Oriola pega un paso al frente para mandar un mensaje de calma hasta que llegue el recambio de Bryant

las palmas. Ganar, ganar y ganar. Es cierto que la frase es futbolera pero, al final, la esencia que transmitió Luis Aragonés al pronunciarla reflejó la esencia de un vestuario en los momentos complicados. El Valencia Basket no viajó el sábado a Gran Canaria para afrontar un partido decisivo, a vida o muerte, pero la plantilla y el cuerpo técnico tenían claro que de Las Palmas tenían que volver con una victoria 'sí o sí'. Por muchos motivos. El primero, para demostrar que lo ocurrido ante el Real Madrid no corresponde a la realidad del equipo, ni es justa la comparación en octubre con uno de los conjuntos mejor armados este año de Europa. Lo segundo, para pasar página de un trago amargo como lo es siempre perder a un compañero de vestuario con la competición recién terminada.

A Pedro Martínez se le podrán discutir muchas cosas, como al resto de las personas, pero hay una en la que sería injusto ponerle una astilla. Va de cara, no esconde lo que piensa. Su rostro desde que se subió el sábado en Manises a un avión y lo volverá a hacer a primerísima hora de hoy en Las Palmas fue el mismo. Serio. Rehuyendo la mayoría de los corrillos y conversaciones. Reflexionando. Tras el partido se mostró claro y no escondió las dos realidades que conviven en su mente; que le hubiera gustado tener más tiempo para moldear a Bryant y que como entrenador siempre es un fracaso cuando se corta a un jugador que no ha encajado en una dinámica. En una época donde las excusas suplen a las responsabilidades siempre es bueno escuchar en voz alta ese tipo de reflexiones.

La fuerza de la manada, esa que blindaron los veteranos la pasada temporada, fue la clave para que el Valencia Basket conquistara la victoria en Las Palmas. Sin brillo, pero respondiendo a cada golpe de un rival herido y que se marchó a cenar con el peor arranque de la historia del club en la ACB. Sin Bryant en la plantilla, era el momento de varios pasos al frente. El de Pierre Oriola fue una declaración de intenciones y un soplo de aire fresco para Mulero, Raga, Solá y hasta Juan Roig. El mensaje de catalán en la pista fue un «buscar tranquilos que la casa está bien guardada». Posiblemente, los focos se fijarán hoy más en las dobles figuras de Sikma, 14 puntos y 10 rebotes, o en la creación de juego de Diot. Pero para victorias al límite tras una semana dura, tener a 'un Oriola' ayuda mucho.

Una genialidad de Diot, canasta lateral con rectificado en la última décima, permitió a los valencianos marcharse por delante al descanso (36-37). Si el baloncesto fuera un deporte que se mide por la puntuación de los jueces posiblemente el marcador hubiera sido así de ajustado. Los dos equipos dominaron el choque durante una fase parecida en lo temporal, con lo que el margen estrecho sonaba justo. Los primeros siete minutos del envite fueron de claro dominio taronja, que supieron trasladar a la intensidad de piernas atrás la rabia acumulada de la derrota del jueves ante el Real Madrid. Ante un Gran Canaria ansioso, con McCalebb como gran símbolo, el 9-20 inicial fue imponente. Lo malo, como suele ocurrir en la mayoría de partidos entre dos equipos con plantillas muy igualadas, es que las grandes ventajas de los primeros cuartos no suelen ser, ni mucho menos, definitivas para el resultado final. Así ocurrió en Las Palmas.

El conjunto amarillo se rearmó tras un tiempo muerto televisivo para endosar un parcial arrastrado de 27-15 a su rival en los siguientes doce minutos de partido. Esa reacción del conjunto de Casimiro, con Pasecniks cerrando la zona y Oliver al mando de la nave, se trasladó en el 36-35 a veinte segundos para el descanso. La segunda parte fue calcada a la primera, con un Valencia Basket respondiendo a cada acelerón de un Gran Canaria con más corazón que cabeza. La veteranía de Sato, dejó en cero minutos a Jankovic, y dos triples de Sastre finiquitaron la trabajada victoria.