Tercera ronda

Nadal acalla a gritos la central

Rafa Nadal en su partido contra Mayer.
Rafa Nadal en su partido contra Mayer. / Reuters

El balear, que sufrió muchísimo para convertir los puntos de rotura, sacó su faceta más rabiosa para remontar a Leo Mayer

MANUEL SÁNCHEZ

No es habitual ver a Rafa Nadal enfadado. Y mucho menos, golpear la raqueta con su puño, como le ocurrió en el segundo set, cuando desperdició su undécima oportunidad de rotura. Para Nadal, el partido ante Leo Mayer fue un sufrimiento continuo, que tuvo un final feliz (6-7, 6-3, 6-1 y 6-4), gracias a que una vez más, supo reponerse de un mal primer set.

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El balear saltó a la pista tres horas más tarde de lo previsto, debido a que los dos partidos previos se alargaron. Con la noche acechando el cielo de Nueva York, y la intensa lluvia chocando con el techo de la Arthur Ashe, Nadal tuvo que lidiar con el ruido procedente de la mayor pista de tenis del mundo, y con un Leo Mayer que dio lo mejor de sí mismo.

El español ha tenido que convivir con la misma situación en sus tres partidos en Nueva York, un mal primer set, que salvó ante Lajovic, pero en el que cayó ante Taro Daniel y Leo Mayer. El argentino, más aclimatado al torneo (llega de disputar la fase previa), salió enchufado a la cancha y se aprovechó de las dudas de un Nadal que ya en su primer juego al servicio cometió dos dobles faltas.

Salvó la situación Nadal, y a continuación comenzó la odisea sobre el saque del número 59 del mundo. En el cuarto juego, el manacorense no pudo convertir cuatro oportunidades, y en el sexto, se le escaparon otras dos. Estaba bien al servicio, pero al resto, el espigado argentino, de 1,91 metros, desconectaba al español.

Ni siquiera podía Nadal dominar desde el fondo de la pista. Mayer, habitual jugador de tierra batida, se desenvuelve bien en estas pistas, gracias, sobre todo, a un revés a una mano que le corre muchísimo. El sudamericano aprovechó la inercia del comienzo y llevó el primer set al desempate, donde el español falló más de la cuenta, lo que permitió a Mayer coger ventaja (6-7).

Con el primer set en el bolsillo, Mayer se soltó y continuó con el castigo. El argentino ya sabe lo que es tener a un ‘top’ contra las cuerdas. En Shanghái 2014 tuvo cinco puntos de partido ante Roger Federer, aunque perdió. Esta vez despertó los murmullos en la grada cuando obtuvo dos bolas de rotura en el cuarto juego del segundo set. Nadal los salvó, gritó y se embarcó nuevamente en la travesía de romper el servicio del argentino.

Y es que tomó tintes épicos. En el quinto juego perdió tres oportunidades (0/9), pero fue en el séptimo cuando la odisea llegó a su punto cumbre. Con 3-3 en el marcador, Mayer salvó cuatro bolas de rotura (0/13) y desesperó a un Nadal y a un público que gritó de alivio y alegría cuando, a la decimocuarta oportunidad, el español consiguió el ansiado ‘break’.

A partir de ahí (4-3), el partido dio un vuelvo brutal. Mayer se vino abajo y Nadal se encendió. El balear encadenó seis juegos consecutivos y un parcial de 11-1, para encarrilar el encuentro. Mayer, que lo dio todo en el primer parcial, se vino abajo mentalmente y entregó el partido para que Nadal hiciese con él lo que quisiera. El zurdo de Manacor se llevó en 28 minutos el tercer set (6-1) y el cuarto en 40 minutos por (6-4), con lo que maquilló el que apuntaba a ser uno de los peores partidos de su carrera en bolas de rotura convertidas. Acabó con un 24% (6/25) y se alejó de días como en Bangkok 2010, cuando ante Guillermo García-López convirtió 2 de 26, o en Miami 2009, cuando se quedó en 1 de 12 ante Stan Wawrinka.

En octavos de final, ronda en la que cayó el año pasado, se enfrentará a Alexander Dolgopolov, que venció por la vía rápida al serbio Viktor Troicki (6-1, 6-0 y 6-4) en una hora y veinte minutos. Nadal se ha cruzado en ocho ocasiones con el ucraniano, con seis victorias y dos derrotas (Queen’s 2015 e Indian Wells 2014). Este año ya se enfrentaron en Brisbane, a principios de temporada, con victoria clara en dos sets para el balear.

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