Pilota

Puchol II y Pere, dos nuevos guías para la pilota

Pere se dispone a golpear la pilota bajo la atenta mirada de Puchol II. / Manuel Molines
Pere se dispone a golpear la pilota bajo la atenta mirada de Puchol II. / Manuel Molines

La pareja conquista su primer Trofeu de Mestres de Pelayo al derrotar a Genovés II, Javi y Tomàs II (60-45) | La calidad de la final vuelve a demostrar que no faltan referentes a la espera de que la Fundación revitalice la vaqueta profesional

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZA

El maestro debe ser un guía. Alguien que enseñe el camino. Que ofrezca a diario lecciones a sus alumnos. Como lo viene haciendo durante muchos años Genovés II, un pilotari al que las múltiples lesiones y algunos sinsabores deportivos no han logrado lastrar la ilusión que le genera arreglarse las manos. Es tanto tiempo dando ejemplo sobre las losas que sus compañeros se han contagiado de él. Sus alumnos aventajados se han impregnado de algunas de sus virtudes para titularse también como docentes de la vaqueta. Es el caso de Puchol II y Pere, que en la mañana de Nochebuena alzaron por primera vez el Trofeu de Mestres de Pelayo.

Lo hicieron al derrotar a Genovés II, Javi y Tomàs II (60-45). Y lo que es mejor para ellos: siguieron un patrón de juego bien estudiado. Estrategia pura porque, al fin y al cabo, el deporte profesional tiene mucho de eso. Mucho se ha hablado de este Trofeu de Mestres, con dos a aspectos para el debate. Uno es el trabajo hercúleo que supone enfrentarse un dúo a un trío de primer nivel. En el torneo de Pelayo estaban los mejores de 2017, y una pareja de los más notables contra un triplete de los más notables implica un lastre grande para quienes actúan en inferioridad.

Lo pagaron con la derrota Soro III y Félix, y Puchol II y Pere sufrieron hasta el último parcial para tumbar en semifinales a Pere Roc II, Santi y Carlos. En la final sabían que el sufrimiento volvería a ser grande contra otro trío compensado, cargado de veteranía y técnica. Pero sabían que había una rendija que explorar en busca de la victoria: quitar juego a los dos cañoneros (Javi y Tomàs II) para cargar a Genovés II.

Hasta marzo, la Fundación debe trabajar en el modelo que dignifique a estos deportistas profesionales

El escaleter, elegante, técnico y sobrado de calidad, acaba de cumplir 36 años con demasiadas lesiones en su historial, a pesar de que vuelve a estar físicamente bien. Pero sus contrincantes saben que a una partida larga y exigente, puede acabársele el combustible antes que a pilotaris más jóvenes. Pero es que el domingo, además, llegaba a Pelayo convaleciente de un proceso gripal. Genovés II ofreció una lección magistral, una más, durante hora y cuarto. Pero con el 45-40 flaqueó.

Puchol II y Pere ni se inmutaron cuando fueron 40-20 por debajo. Tenían el patrón de juego. La estrategia clara. Si Genovés II bajaba el nivel y desesperaban a Javi y Tomàs II, evitándoles, el título era suyo. Tras el último parcial en el que se pusieron por delante, la confusión cundió en el trío y cuando se dieron cuenta la partida se les había escapado.

La pareja había dado una lección de maestros, como deberán ofrecerla hoy en el Trofeu de Nadal de Benidorm si quieren tumbar a Pere Roc II y Santi. Otras dos figuras de la pilota. Como Genovés, Javi y Carlos. Y muchos otros, hablando sólo de escala i corda.

Por ejemplo, y ahí está el otro punto de debate sobre el Trofeu de Mestres: ¿no habrían merecido Marc y Monrabal disputarlo? El escaleter, finalista de Copa y semifinalista del Indiviual. El de Vilamarxant, campeón de Lliga como punter y de Copa como mitger. La respuesta a la pregunta, evidentemente es sí. Habría requerido, también es cierto, rediseñar el campeonato que congrega a los mejores de la modalidad per dalt corda.

Un pequeño contratiempo más en un 2017 en que se ha ido contrarreloj debido al retraso en el inicio de la Lliga ante la incertidumbre del cobro por parte de los pilotaris. Esto se combatirá con la Fundación, que ya ha echado a rodar. Por el momento se ha pactado una tregua de tres meses para que, esta vez sí, la Lliga arranque, tanto en escala i corda como en raspall, en la segunda quincena de enero. Hasta marzo, la nueva institución debe trabajar en el modelo que dignifique a unos deportistas profesionales que en cada torneo sí demuestran comportarse como tales sobre las losas y en sus entrenamientos.

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