Matrícula de honor para Soro III en Pelayo

Soro III alza el brazo de Pere Roc II durante la ceremonia de entrega de trofeos./ txema rodríguez
Soro III alza el brazo de Pere Roc II durante la ceremonia de entrega de trofeos. / txema rodríguez

El de Massamagrell consigue su quinto título del Individual al vencer con claridad a Pere Roc II en Pelayo (60-35). «No venía pensando en el número uno. Ya no entro en esa competición, quiero disfrutar de la pilota y ponérselo difícil a la gente joven», afirma el campeón

MOISÉS RODRÍGUEZ

valencia. «Hoy puedo decir que Quico ha hecho las paces con Soro III». Fue una mañana perfecta para el cinco veces campeón del Individual. Ya era una leyenda del torneo más mediático de la pilota profesional. Desde ayer lo es más. Ya puede decir que ha sido durante un lustro el rey de la vaqueta y se sitúa en el palmarés a un entorchado de Sarasol I. «¿Que cuántos más tengo? De momento este. Quiero saborearlo y reunirme con mi gente. Seguir adelante con ese proyecto que he iniciado en la universidad y disfrutar de la pilota», aseguró. De momento puede decir que, una vez más, ha completado un mano a mano de matrícula de honor.

Venció a Pere Roc II con muchísima solvencia, más de lo esperado y tal como reflejó de forma fidedigna el marcador de Pelayo: 60-35. «¿Si estaba nervioso? ¡Qué va! Pregúntale a Ximo (el feridor Oltra) o a quien quieras», afirmó el de Benidorm. Lo cierto es que sus opciones empezaron a desvanecerse pronto, en el cuarto parcial. Después de haber sumado ambos finalistas con claridad desde el dau, Soro III puso el 30-20 la segunda vez que pasó al resto. Rodrigo tuvo el juego con una pelota que buscó la galería y que bajó. Ese quinze fue más trascendente de lo que parecía. Quico no sólo hizo ese juego, sino también los dos siguientes. El alicantino frenó la sangría desde el resto (40-25), pero aquello fue un espejismo: «Yo sigo ahí, intentándolo. Hay un tanto en que nos pegamos 20 pelotazos. Sí que es cierto que cuando llega a 50, dura un minuto».

Soro III ha llegado a este Individual mejor que nunca. Él tampoco quiere dar por buena una afirmación tan categórica. «La que perdí con Álvaro, la que le gané, la de Fageca... he tenido finales muy buenas», alega. Pero es cierto que esta tiene el mérito de haberse reinventado. Ayer incluso cargó con la izquierda, el brazo donde todo el mundo sabe que tiene su talón de Aquiles: «No es mi mano buena, padezco mucho. Pero con los años uno se tranquiliza y trabaja mucho. No hay otro remedio para plantarles cara y seguir el ritmo a los jóvenes que vienen, como el propio Rodri, Puchol II o Marc».

Rubén Guijarro, su preparador, le ha ayudado a estar físicamente como un toro. Fageca y Álvaro han sido sus escuderos a la hora de pulir detalles técnicos en el trinquet. Pero ha sido el propio Quico el que ha apuntalado durante un año a Soro III. «Hemos hecho las paces», reitera. Le ha ayudado volver a la facultad: estudia en la Universidad Católica Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Admite que esto, además de darle una alternativa más de futuro, le sirve para no darle tantas vueltas a la cabeza en los momentos malos.

«No deja de sorprenderme su profesionalidad, lo que ha trabajado este año», afirma Rubén Guijarro. Lo ha hecho con tesón y en silencio. El rostro de Soro III no tenía nada que ver ayer con el de la partida de 2016 ante Puchol II. Pero desde el inicio. El año pasado estaba desencajado por la presión desde el inicio. Ayer sonreía desde antes de empezar la partida. «Me dijo que no dejase de hablarle en ningún momento», desvela el feridor Pedrito.

«No venía pensando en el número uno. Yo ya no entro en esa competición», asegura. Lo demostró. «Ya digo que quiero disfrutar de la pilota y ponérselo difícil a la gente joven», indicó. Maniató al Quico pasional hasta el quinze definitivo. Cuando miró al marcador y constató el 60-35, dejó que la euforia lo desbordara. Se abrazó a Pedrito y a Pere Roc II, a quien pidió disculpas: «Es un gran pilotari, el vestuario necesita gente buena como él y estoy seguro de que ganará el Individual».

Siguió su camino. Tenía meditado hasta el destino. Se llevó un dedo pulgar a la boca y esprintó hasta el lugar de la escala donde estaba Kike, su hermano. «Va a ser padre. Desde que se casó en junio no lo había visto y él sabe la falta que me hace. Fue muy importante para mí el momento en que me dijo que tenía los billetes de avión para venir a ver la final», comenta Soro III.

Los ojos ya le brillan. Se le enrojecen: «Estamos a muchos kilómetros -reside en Londres-, pero quien tiene un hermano sabe lo importante que es». Ya no puede contener el llanto cuando termina su dedicatoria: «También quiero darles las gracias a las dos personas que me aguantan y me levantan en los momentos malos, a mi padre y a mi madre. A ella le debía una. Y él, que es quien más sufre en el trinquet, hoy ha disfrutado como un niño».

Quico se retiró al vestuario. Salió de Pelayo casi una hora después. Volvía a ser el Soro III al que necesita la pilota: el número uno duro de roer y que disfruta en el trinquet. Pere Roc II también se marchó sonriente. Le dolió la derrota, pero había comprobado que donde creía que faltaba un peldaño, restaban dos: «Antes estaba cerca de las dos figuras. Ahora me he colado entre Puchol II y Soro III, pero lo difícil es mantenerse. Hay que dar la talla». Se fue a casa con la copa de subcampeón y las palabras que intercambió con su rival: «Me ha asegurado que era un honor jugar contra mí, pero es que yo he dicho lo mismo. Me encanta enfrentarme a los más grandes y él es un referente».

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