UN CAFÉ EN PELAYO CON...

«La pilota de vaqueta es la quintaesencia, la Gioconda del deporte»

Manuel Sáez, en la escala del trinquet de Pelayo. / Juan J. Monzó
Manuel Sáez, en la escala del trinquet de Pelayo. / Juan J. Monzó

Manuel Sáez, pintor | «Me parece una joya por su circunferencia, su tacto y porque está muy bien estructurada. Veo un objeto inmejorable» | «Para mí quienes trabajan con las manos están en la élite de la pirámide social y los jugadores convierten las suyas en raquetas de autor»

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZAValencia

Manuel Sáez trabaja con guantes. Pintor profesional, debe protegerse sus manos del material con el que crea sus obras de arte. «Soy alérgico, me irrita la piel. Debo cuidarlas igual que los pilotaris hacen con las suyas», comenta. Es una de sus semblanzas un gremio de cuya existencia tenía constancia, pero que acaba de descubrir. «Voy cada semana a la librería que hay enfrente del trinquet, pero nunca había entrado. Tenía algunas referencias sobre Genovés como gran estrella y de Solaz porque su hermano regenta el puesto donde compro el jamón en el Mercado Central. Y luego está Emiliet, quien me vende el detergente, siempre me está hablando de pilota y tiene la mano como un ladrillo», indica.

Ha visto un puñado de partidas, pero ya se ha enamorado de la pilota. «Me ha gustado mucho porque tuve la suerte de estrenarme bien. Creo que, como en la ópera, ahí ha estado la clave. Me parece un espectáculo y un deporte plásticamente insuperable», señala Manuel Sáez. Su primera experiencia fue la final del Trofeu Universitat de València en Pelayo. «Me trajo Juan Salazar, que es amigo del entrenador de Puchol II. Me dijo: 'Vente, que te va a gustar'. Caí fulminado al ver golpear a Puchol II como un díscóbolo griego», asegura.

Manuel Sáez califica como la élite de una sociedad a quienes desarrollan su actividad con las manos. «La gente que trabaja con ellas, como los panaderos, los albañiles, por supuesto un mecánico o un cocinero. Los respeto mucho, no hay nada que me impacte más», asegura. «Para mí están en la élite de la pirámide social. Los pilotaris convierten su mano en una raqueta de autor y dibujan. Hacen una trazada, que eso es dibujar. En ese sentido me siento como un igual... ¡aunque ellos son mucho más fuertes», señala.

«Para que enamore, hay que saber difundir la pilota en diferentes sectores de la sociedad»

«Me gusta la idea del ritual», asegura en referencia al proceso de prepararse las manos. «El de los pilotaris es asombroso. He tenido la suerte de observarlos, cada uno delante de su caja con el esparadrapo, las barajas de cartas y el resto de objetos... me parece mágico», indica: «Es un deporte arriesgado, la gente se juega el tipo. Se cuidan y sobre todo me asombra ver cómo engarzan los objetos en las manos. Es un maridaje perfecto, se las personalizan, ya digo que las convierten en raquetas de autor», puntualiza.

En el poco tiempo que lleva en el trinquet, ha desarrollado un gran respeto por los deportistas que se baten dentro de esta cancha. «No son sólo deportistas, sino un grado más. Son héroes por su enorme esfuerzo a pesar de la escasa repercusión que tienen, al menos de momento. Tienen un componente poético muy bonito», comenta.

Subraya ese 'de momento'. Porque está convencido de que la pilota puede tener más repercusión en la sociedad. «Hay mucha gente que define su identidad a través de la pilota, pero ese es un motivo. Hay muchos otros para venir. El mío es que he descubierto un mundo asombroso que de momento me viene grande. Plásticamente me parece un deporte que no tiene rival», indica.

Manuel Sáez considera que la sociedad puede enamorarse de la pilota. «Para ello hay que saberla difundir. Atraer a diferentes sectores, no sólo el económico, sino también el intelectual y el artístico. Creo que puede suceder como en otros deportes o como el toreo al principio de pasado siglo. Ahora hay mucha oferta, pero esta es de máxima calidad. Hay que encontrar los canales de distribución adecuados», señala.

«Los jugadores son héroes por su esfuerzo a pesar de la escasa repercusión. Tiene un compromiso poético»

Ha empezado a retratar pilotaris. También lo ha hecho con algunos deportistas, como el atleta Michael Johnson. «Igualmente, he pintado objetos», afirma Manuel Sáez, que especifica que él prefiere aquellos que no tienen un fin esteticista. «Por ello he pintado balones, raquetas, palas de ping pong. Las pelotas me parecen casi todas bonitas. La de golf ya es un escándalo, la de vaqueta es una joya. Cuando está en mi mano tengo la sensación de ver un objeto fuera de serie», asegura: «Es una obra maestra, Me parece la quintaesencia, la Gioconda del deporte. Por su circunferencia, su tacto, porque está muy bien estructurada, veo un objeto inmejorable».

El pintor quiere zambullirse en la pilota, pero sin prisa. «Me gustaría retratarlo, pero todos sus ámbitos: los jugadores, los entrenadores, los objetos, el público e incluso el trinquet. Me lo tomo muy en serio», señala Manuel Sáez: «A nivel de imagen está todo por hacer y me parece increíble. La prisa es el peor enemigo de la perfección, las cosas hay que hacerlas bien. La pilota requiere mucha voluntad, sacrificio y talento. Le veo muchos paralelismos con el mundo del arte».

¿QUIÉN ES MANUEL SÁEZ?

Detalles.
Castellón: Donde nació en 1961, emergió en los 80.
Mercado Central: Cerca de allí tiene su estudio desde 1984.
Guante: Imagen diseñada para el Ágora de la UJI de Castellón.
En el deporte.
Retratos: De deportistas y también ha dibujado objetos.
Penyagolosa: Ha diseñado los trofeso del Mundial de Trail.
Pilota: Está retratando jugadores y es un mundo que quiere trabajar.

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