Duelo de matagigantes en Pelayo

Jesús, en acción durante una partida de la Lliga. / funpival
Jesús, en acción durante una partida de la Lliga. / funpival

La Lliga de escala i corda concluye con la final del domingo en el recinto de ValenciaLos aspirantes aumentan su cotización en las semifinales por el gran rendimiento y al superar a los todopoderosos Soro III y Puchol Il

JOSÉ A. MONTEAGUDO VALENCIA.

Hace ahora casi dos meses las ligas profesionales se presentaron en sociedad en la sede de Bankia en Valencia. En aquel acto y en lo que a los pronósticos de la competición de escala i corda se refiere, los nombres que más se repitieron fueron los de Genovés II, Puchol II y Soro III, esto es, los grandes dominadores de la modalidad y del campeonato en los últimos años. Ninguno estará el domingo en la final de Pelayo. El título se dirimirá entre dos formaciones que han pasado de la discreción a la excelencia, de hacer poco ruido a generar un estruendo ensordecedor. Es una partida tan atractiva como inesperada. Para todos los contendientes, el premio a la dedicación y al trabajo bien hecho. Y para algunos, una manera de reivindicar su sitio entre los mejores.

La formación de Vila-real de Francés, Javi y Bueno era la que menos contaba entre los participantes y la mayoría de los habituales del trinquet, principalmente esos que por sus juicios acertados se conocen como la 'cátedra'. Ahora parece que es la que más simpatía genera.

Muchos de los presentes el domingo en la semifinal de Vilamarxant se alegraban de la presencia de Francés en la final. Y no era un sentimiento único entre sus allegados de Petrer, que fletaron un autobús para desplazarse hasta la 'catedral del Camp de Túria'. También había reconocimiento, y por tanto deportividad, entre los más próximos a Puchol II. El joven discípulo de Miguel ha cautivado a la afición con su técnica depurada y la manera de jugar, de resto puro y elegante, que se aproxima a la del maestro. Quién sabe si podría incluso superarle. El caso es que ya está ante su primera final con solamente veintiún años.

Vila-real genera más simpatía entre el público por el debut de Francés y Bueno como finalistas Con su presencia en la final, Pere Roc II, Jesús y Carlos se reivindican y demuestran su valía en la élite

La posibilidad de que Bueno acceda al exclusivo club de campeones también agrada y mucho. El de Meliana ha tardado más en eclosionar en el ámbito profesional pero se ha hecho merecedor del respeto del público con tesón y muchas primeras partidas. Es un currante de la pilota, un romántico que podría vivir de manera más cómoda gracias a su formación académica -tiene dos licenciaturas y un máster-, pero que es cautivo del veneno de la de ocho gajos. La inteligencia es su virtud en la cancha. Sabe cuándo aparecer para ayudar al compañero o hacer daño al rival. Y su personalidad, su bondad, es un imán.

De Javi solamente cabe recordar que es un referente y que la presencia de su equipo en la final es, sobre todo, gracias a su aportación. Lo ha ganado todo y siempre está entre los candidatos a mejor mitger. Se trata de una de las mayores figuras desde hace tiempo, por estatura y por manos.

El equipo de Benidorm, pese a que no aparecía en muchas quinielas, no sorprende que esté a nueve juegos del título. Y es que con Pere Roc II como abanderado, hay que tenerlo en cuenta. El zurdo de Benidorm no solamente es bueno, sino también ambicioso. Cuando se ganó el derecho de codearse con los mejores dejó de llamarse Rodrigo para homenajear a su abuelo cada vez que saltaba a un trinquet. Y no hace demasiado señalaba que quería subir al primer escalón. En las dos últimas temporadas acumula un título en la Lliga, esta final y la pasada del mano a mano, entre otros muchos logros menores en torneos de duración reducida pero de prestigio. No va de farol.

Pero en este trío, el liderazgo ha estado compartido. Especialmente con Jesús. El de Silla se ha reinventado y con el cambio ha recuperado el sitio entre los mejores medieros. Ya no es exclusivamente un pegador, que también. Ahora sabe dosificarse, domina más la pelota y busca cosas. En el tramo final de la Lliga está espectacular. Y el de Carlos es otro de esos casos que merecen la recompensa del mayor entorchado, o al menos la final, por el tiempo que lleva en el empeño y por cómo es la persona. En la punta ya no hay quien le moje la oreja. No cabe duda que es de los mejores. Y puede que, a sus veintiséis años, ya esté próximo el paso al medio. Cada día hace más merecimientos para ello.

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