Un año de dictadura de Moltó en el raspall

Moltó, el gran dominador del raspall, durante la final disputada ayer. / val net

El resto de Barxeta, acompañado por un Dorín superlativo, vence a Marrahí y Sanchis para alzar una Copa en que acaban invictos (25-10) Ha ganado todos los torneos oficiales de los últimos doce meses

MOISÉS RODRÍGUEZ CASTELLÓ DE RUGAT.

Moltó echa el tronco hacia detrás. Se lleva las dos manos a la cara. Alza los brazos al cielo. Por quienes ya no están y disfrutan de su juego desde el más allá. Se tumba en el suelo. Paladea la victoria. Repite el ritual por cuarta vez consecutiva en un torneo oficial. Se ha acostumbrado a ganar. «También llegará el momento de perder», avisa. El proceso dura unos segundos. Se levanta como un resorte y corre hacia Dorín. Se abrazan y se dicen algo al oído. El mitger de Xeraco repetía en las horas previas que afrontaba la partida como cualquier otra. Que él ha disputado desafíos y ha jugado finales a lo largo de todos estos años... Mentira. Para Dorín el de ayer es un día inolvidable. Porque ganó su torneo más importante y porque su mujer y su hijo lo han podido ver en directo. «Bueno, es cierto que nervios siempre hay», reconoce a modo de confesión. Son los campeones invictos de la Copa de raspall.

«Estuvimos entrenando y habíamos planificado la partida... pero no tan bien como ha salido», admite Dorín. La final perfecta para la pareja roja. Sin fisuras. Como el año de Moltó. A ver quién le tose ahora. Nadie puede osar ya a decir que no da la talla cuando juega por equipos o que sólo se prepara el Individual. El resto de Barxeta ha encadenado los últimos tres campeonatos oficiales con compañeros. Conquistó la Copa de 2016, la Lliga de 2017 hace unos meses y ayer revalidó el título copero de este año. Doce meses de dictadura. Moltó es un coloso. El número uno indiscutible del raspall. A esos tres entorchados hay que añadirle el mano a mano, su trofeo fetiche y que lleva preparando desde hace un par de meses. «Cuando dije que la Copa iba a ser un test era cierto, y me encuentro bien para jugar a pilota. Unas semanas antes del torneo estaba un poco lento de piernas, pero la preparación para el Individual es larga», afirma.

Un trabajo hercúleo, pero que para Moltó encierra una gesta que nadie ha escrito: el triplete. Ni siquiera Waldo, que ganó la primera edición de la Copa, pero que ese año, 2015, no alzó la Lliga ni el Individual. En este último se vivió aquella final histórica en la que la leyenda de Oliva le entregó la camiseta roja al resto de Barxeta, como trasladándole el honor y el peso del ser el número uno. A Moltó le motivan los retos y ya se machaca para este. «Yo trabajo mucho, y las cosas están saliendo bien», dice satisfecho.

Moltó ganó ayer a Marrahí y Sanchis. Lo hizo con claridad, 25-10. Para ello tuvo que estar secundado por el mejor Dorín. Inconmensurable. Superlativo. Pasada la treintena, veterano, Dorín supo contener los nervios. Mantuvo el temple sobre las losas. Sabía que enfrente había dos pegadores que, además, saben levantar un trinquet. Son tal para cual. Adrenalina pura. Maldicen en cada quinze que pierden y celebran todos los que ganan. Cuando igualó a 30 con 5-5 desde el resto, Marrahí se giró a la escala e hizo el gesto como si fuera un torero que brinda un toro al tendido. El público que abarrotaba la escala y las galerías de la cancha de Castelló de Rugat enloqueció. Moltó y Dorín, por contra, ni se inmutaron.

Siguieron a lo suyo. A apretar en el saque del resto de Barxeta -manteniendo su saque ganaban, privilegio que lograron en el sorteo inicial- y a esperar el fallo de Marrahí y Sanchis. «Había que hacer una treta fuerte porque son dos pilotaris con mucha pegada y tenían bien tapada la muralla al ser Sanchis zurdo. Pero es que Dorín ha estado muy bien ahí delante», reconoció Moltó.

No haber hecho val en ese juego fue el primer golpe para Marrahí y Sanchis. En el siguiente parcial quedaron noqueados. Ofrecieron fisuras. Dieron tres oportunidades a Moltó, que se encaró y acertó a la galería de tres formas distintas: un rebote, una pelota que le pidió a Dorín y otra parada. 15-5.

La suerte estaba echada. Moltó, desatado y Dorín, disfrutando del momento. «Sabíamos que debíamos aferrarnos a nuestro saque y sorprenderlos al resto. Lo hemos conseguido pronto. El 15-5 ha sido muy pesado para el equipo contrario», señaló el mitger de Xeraco. Marrahí y Sanchis apretaron en el siguiente parcial, pero sólo lograron que sus rivales necesitasen dos val para sumar. Nada que hacer contra el dictador Moltó y el mejor Dorín.

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