Dani rinde Pelayo a sus pies

Dani, en un momento del homenaje. / val net
Dani, en un momento del homenaje. / val net

El pilotari de Benavites disputó en Valencia su primera partida como exprofesional después de 24 años de una carrera repleta de éxitos El jugador recibe un emotivo homenaje, ahora ya como leyenda de la pilota

J. A. MONTEAGUDO VALENCIA.

Dani Gómez Giménez, Dani de Benavites, recibió ayer el enésimo reconocimiento desde que anunció su retirada como profesional de la pilota, tras 24 años en la cúspide siendo un ejemplo de deportista y persona. Pero fue, de largo, el más emotivo, y eso que su despedida 'oficial' en Vila-real hizo que a más de uno se le saltasen las lágrimas. La catedral, el trinquet de Pelayo, se rindió a sus pies. Fue un acto multitudinario en familia: la de sangre y la que componen sus compañeros y la afición. El cariño que se le procesa, como quedó demostrado, va más allá de la admiración a un as de la vaqueta.

Dani participó en la primera confrontación, la de ilustres ya retirados. Porque el homenaje ya no era al pilotari sino a la leyenda. Los guantes quedaron colgados el 21 de abril. La de ayer fue su primera partida en condición de histórico. No será la última porque seguro que se requerirá su presencia cuando acontezca alguna ocasión especial, como fue el caso de Mezquita, su íntimo con el que formó equipo, y de Víctor y Solaz, que estuvieron en la contra. Ganó Dani, aunque el resultado es lo de menos. Lo que sí es significativo es que el último quinze fue suyo, además marca de la casa: desde el dau, una pilota cruzada a la careta que resultó imposible restar. Después jugaron las figuras del momento, Puchol II, Félix y Álvaro contra Pere Roc II, Javi y Tomàs II. Vencieron los segundos, pero esta crónica tampoco es relevante.

Muchos lamentaban, especialmente los que le han disfrutado y sufrido, los 'cavallers de faixa roja i blava', que pasará mucho tiempo hasta que otro pilotari pueda regalar a la vista como lo ha hecho Dani. Era una rara avis entre el elenco actual de profesionales. De los pocos capaces de hacer un quinze por entregas, con sutileza y escondiendo la pelota. Del homenaje propiamente dicho, que tuvo lugar entre las dos partidas, lo más emotivo fue el discurso del protagonista. Le costó un mundo alcanzar el final del pasillo que formaron sus compañeros, de ayer, hoy y mañana. Había varias generaciones. Pero lo hizo, con la pequeña María en brazos, su joya más preciada, con la que quiso compartir el último adiós. Tras la entrega de detalles varios, muchos, le tocó hablar. Aunque haciendo paradas, porque la emoción le impedía articular palabra por momentos. Su futuro inmediato es incierto por cuestiones personales. Pero si acaba fijando su residencia en su tierra, Benavites, es un activo con el que debería contar la pilota profesional.

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