Cuatro ases de Copas

Monrabal y Puchol II, durante la final disputada en Llíria. / val net
Monrabal y Puchol II, durante la final disputada en Llíria. / val net

Los pilotaris se vaciaron hasta el quinze que decantó la final en busca del último gran título antes de preparar el Individual (60-55) Puchol II y Monrabal, campeones en el cara o cruz de un desenlace memorable

MOISÉS RODRÍGUEZ

llíria. Euforia contenida. Porque no había fuerzas. «Te soy muy sincero, me quedaba una raya de batería», afirma Puchol II. Se refiere a la partida, sí, pero también al peso extra que soporta el número uno. Partidas de día a día, desafíos, torneos cortos y largos, casi siempre en pareja contra trío. «Ahora quiero descansar una semana», subraya. Después de ganar la Copa y de celebrar el triunfo unos instantes con Monrabal, da la enhorabuena por la partida a Pere y se funde en un abrazo con Marc. Su compañero de entrenamiento. El chaval de 22 años que ayer se marchó a casa hundido: «Jugando así seguro que va a tener muchas más oportunidades».

A Marc las palabras del número uno no le consuelan. «La tengo, y si no llega a pegar en la cuerda buscaba la careta. Creo que habría sido quinze», se lamenta. Va a soñar muchos días con ese tanto. Con la gran ocasión que tuvieron él y Pere de cerrar la partida. Ellos fallaron dos. A Puchol II y Monrabal les hicieron falta seis val para llegar ayer a 60 y conquistar la Copa.

El último juego de la final fue memorable. De los que se van a recordar para siempre. Con iguales a 55, en las galerías y la escala, los aficionados lamentaban los fallos de unos y otros. Aplaudían a rabiar los aciertos. Sólo el puñado de incondicionales sufrían. El resto gozaban. Pilota en estado puro. De estas derrotas se aprende, y la lección para Marc quizás esté ahí: en que es necesario perder para saber ganar. «Nosotros al final íbamos a no hacer fallo», reconocieron tanto Puchol II y Monrabal. Eligieron el camino más largo, padecieron pero ganaron. El de Vinalesa su tercera Copa y el de Vilamarxant cerró el doblete: también ha conquistado en 2017 la Lliga, pero como punter.

Los inicios de la partida no parecían el prólogo de un último juego tan bestial. Puchol II y Monrabal se marcharon tres juegos. Los postores llegaron a conceder de 15. Marc y Pere no dieron la partida por perdida y reaccionaron. Luego sus rivales parecieron irse de nuevo, pero los azules tampoco se dieron por vencidos. Una locura. A veces por aciertos, otros por errores, lo que pudo ir encaminado a una resolución rápida desencadenó en dos horas de escala i corda de primer nivel.

A Puchol II se le acabó la última raya de batería. «Al final no me iban las piernas», admitió. Se toma una semana. Como Marc. Volverán a compartir entrenamientos. Se apoyarán el uno en el otro en busca del mismo objetivo. «Yo cada día me siento más seguro jugando contra las figuras», señala el de Montserrat. Ya es uno más. Aquel chico que irrumpió hace un año en Vilamarxant fue ayer uno de los cuatro ases de una final de Copa memorable.

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