Pilota Valenciana

Ian: «Se me contagió el entusiasmo de la gente»

Ian celebra un quinze en la final del Individual de raspall. / Valnet
Ian celebra un quinze en la final del Individual de raspall. / Valnet

El resto de Senyera derroca a Moltó en el Individual de raspall | Aunque no se vio campeón en ningún momento, el pilotari asegura que en el primer juego ya pensó que podía ser un buen día

JOSÉ A. MONTEAGUDO Valencia

La victoria de Ian en la final del Individual de raspall fue una sorpresa, aunque relativa. El de Senyera rompió los pronósticos al superar al gran dominador en las tres últimas temporadas pero ya hacía tiempo que venía avisando que podía ser la alternativa a la hegemonía de Moltó. Faltaba saber cuándo. Y llegó el momento. Ian asegura que aún no ha digerido lo acontecido. "Sé que gané la final pero aún no me lo creo. Aún no lo he asimilado. Pero este título me ha demostrado que con esfuerzo puedes llegar hasta donde te propongas", explica.

Ahora le toca pasear la condición de número uno durante un año. Siempre vestirá de rojo, el color de los campeones, aunque él prefiere el azul. Por lo demás, no espera muchos cambios. Quizás unos carteles más exigentes pero ya está acostumbrado a las partidas más duras. "Se dice que el campeón individual es el número uno pero yo creo que eso es cosa de todo un año. Mi actitud no va a cambiar. Como antes, saldré a ganar todos los días y a dar lo máximo en el trinquet", comenta.

En la final estuvo sobresaliente, aunque él encuentra aspectos a mejorar. "Nunca juegas la partida perfecta. Ahora bien, me salió una muy buena partida", dice. La misma confrontación le fue guiando en la manera de hacer frente al bicampeón. Su guión solamente tenía tres puntos: "Hacer botar la pelota, buscar la zurda de Moltó i la escala en el resto. A partir de ahí hacía lo que creía más conveniente dependiendo del momento", añade.

El rendimiento en el trinquet decidió la final. Y para lograr tal nivel de excelencia, la clave fue dominar los nervios. "Yo mismo me sorprendo de lo tranquilo que salí. Tenía miedo que me afectase el hecho de que fuese mi primera final y ver el trinquet lleno estando yo solo en la cancha. Saludé rápidamente a la familia y enseguida me puse a calentar sin hacer caso de lo que me rodeaba. Intenté evadirme", señala.

También le sorprendió su reacción tras la consecución de varios quinzes claves. Fueron gestos de euforia y rabia, ni mucho menos ofensivos. Simplemente no habituales en él. "Es que me puse muy contento y me salió de dentro. Había mucha tensión acumulada y era una situación nueva, en la que el público te está animando solamente a ti. Creo que se me contagió el entusiasmo de la gente", explica.

Afirma que no llegó a verse campeón en ningún momento. Incluso hubo un par de situaciones en las que aparecieron los fantasmas de la semifinal perdida de hace un año. Pero ya desde el inicio pensó que podía ser un buen día. "El primer juego me dio muchos ánimos porque estuvo igualado. Y en el segundo me lo creí un poco más al sumar rápido desde el dau. Pensé que si hacía los quinzes deprisa podía tener mis opciones. Con iguales a 15 ya me quedó claro que tenía tantas posibilidades de ganar como de perder. Eso me reconfortó porque pensé que, aún perdiendo, había dado la talla", dice.

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