Ian consigue la caza mayor

Momento del final de la partida, con la alegría de Ian y la decepción de Moltó. / val net
Momento del final de la partida, con la alegría de Ian y la decepción de Moltó. / val net

El resto de Barxeta se queda a dos juegos del Fris Grec en propiedad y de un triplete que nadie ha logrado en el raspall El joven de 20 años saca a relucir su potente saque para destronar a Moltó en el Individual (25-15)

MOISÉS RODRÍGUEZ

la llosa de ranes. Ian no tiene una escopeta en su brazo derecho. Atesora mucho más. Esa extremidad es armamento pesado cuando se despliega en un trinquet. El resto de Senyera era un diamante en bruto que ya se ha convertido en una joya para el raspall profesional. Si le respetan las lesiones, está destinado a marcar una época en la modalidad. Eso que él afrontó su primera final del Individual con el discurso de que el objetivo del año -llegar- estaba cumplido. Quizás ahí empezó a gestarse su victoria. Y en una simple llamada de teléfono de Ximo, el padre de Eva, su novia. «Mi suegro», puntualiza el joven resto que aún no tiene 21 años. El móvil sonó ayer de buena mañana: «Et vens a caçar?». Ian ni se lo pensó. Se fueron juntos al monte, pero sin suerte: «No hemos visto nada». Regresaron pronto a casa. La pieza de caza mayor la tenía reservada en el trinquet de La Llosa de Ranes, trinquet donde de pequeño soñó ser profesional cuando jugaba las partidas de infantiles y en el que ayer se convirtió definitivamente en figura.

«¡Menos mal que se han venido pronto, no fuera a lastimarse un tobillo o algo!», comentaba Eva, la novia de Ian. La joven no podría ocultad la felicidad inmensa. Ian tiene que digerirlo: «¡A mí no me gusta jugar de rojo!». Pues se lo ha ganado, al menos durante un año. Tiene la faixa roja por méritos propios. Porque supo contener los nervios en su primera final, algo que casi nadie ha conseguido jamás, ni en la escala i corda ni en el raspall. «En la partida de Josep sí que estaba histérico, pero hoy me ha sorprendido la tranquilidad que ha tenido durante todo el día», destacaba Eva. Porque supo rondar a su presa, desplegar sus armas, apuntar y abatirla.

Porque de eso se trataba. De no conceder tregua a Moltó, un pilotari que ha rozado la excelencia este 2017 y a quien ya no han de contarle cómo afrontar una final del Individual. «Me he enfrentado más a la pilota que a Ian, como si me hubiera salido de la partida», lamentó.

Ambos pilotaris se hicieron fuertes en el dau. Moltó amasando el quinze e Ian disparando sin contemplaciones. Empezó el hasta ayer número uno en el traure, lo que obligaba a Ian a sumar desde el resto. Con iguales a 15, el de Senyera se puso por delante. Unos minutos antes se había dado un buen coscorrón contra la escala y se le veía demasiado serio. Como fatigado.

Salió un momento a la calle. Tomó un par de bocanadas de aire puro y volvió al trinquet. Apuntó, disparó... y falló. Parecía que Moltó había salvado la situación, pero en el siguiente quinze volvió a presentársele la ocasión. Apuntó, disparó... y esta vez sí. Dejó a la pieza malherida, que no muerta.

Otro se hubiese visto superado por el momento, y más cuando Moltó se colocó 0-30 desde el resto. «Entonces sí que me he puesto un poco nervioso», admite: «Me he ido al vestuario y me he tranquilizado». Cuando regresó, remató a la presa. Sin contemplaciones. Sacando a relucir su descomunal traure. Su brazo mucho más letal que la escopeta con la que se va a cazar muchos fines de semana con su suegro.

El 25-15 final, sin embargo, no pertenece sólo a Ian. Ximo quizás ayudó a cerrar algún quinze con la llamada telefónica de la mañana. Pero el trabajo arduo ha sido el de Eva. «Me costó, pero al final conseguí convencerle de que se buscase un preparador», subrayaba satisfecha la joven.

A Ian se le vio cansado durante la partida, pero nunca agotado. Bajo la batuta de Robert Tejero se ha pulido. Hace un año ya dio la sensación de que podía buscarle las cosquillas a Moltó hasta que se le acabó la gasolina. Ayer, cuando la luz de la reserva amenazó con brillar en señal de alarma, supo dar ese plus necesario para alzar el Fris Grec.

Moltó se ha quedado a dos juegos de tenerlo en propiedad. «Esto no acaba aquí, es un nuevo objetivo de cara al año que viene», señaló el de Barxeta al analizar la derrota: «La final de este año ha sido una piedra en el camino que vamos a superar».

Cuenta con dos títulos y en 2017 ha cerrado las bocas que le acusaban de no saber jugar en equipo. Se ha llevado la Lliga y la Copa, peor ha dejado escapar su torneo fetiche, el mano a mano. Habría rubricado un año perfecto, con un triplete que nadie ha logrado en el raspall. Ahí tiene un nuevo reto.

Pero también un enemigo más fuerte. Ian ya ha devorado a su presa. Sabe cómo darle caza y ha demostrado que no le puede la presión. «Igual el año que viene no me sale un campeonato tan bueno, hay muchos compañeros que están jugando muy bien», señala. El raspall está de enhorabuena.

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