Los campeones de la Lliga mantienen la racha

Jesús resta una pilota durante la final de Pelayo. / funpival
Jesús resta una pilota durante la final de Pelayo. / funpival

Pere Roc II, Jesús y Carlos superan por 60-35 a Puchol II y Héctor en la final del Trofeu Universitat de València, disputada en Pelayo | El trío sigue contando sus apariciones por victorias desde que consiguió el máximo galardón por equipos

JOSÉ A. MONTEAGUDO

No hay quien pueda con los campeones de la Lliga de escala i corda. Están intratables. Desde que consiguieron el título, Pere Roc II, Jesús y Carlos han vuelto a coincidir en varias partidas y no solamente han ganado sino que su superioridad es cada vez mayor. Ayer consiguieron otro galardón, uno de los más relevantes en el formato reducido de dos semifinales y la final, el Trofeu Universitat de València. Fue en el trinquet de Pelayo, donde superaron a Puchol II y Héctor por el tanteo de 60-35.

El trío sigue jugando como en el tramo final de la Lliga pero ahora con más confianza si cabe, lo cual le convierte en más complicado de batir. Está lanzado. Todo le sale bien y, si surgen adversidades, se crece. Además y por si fuera poco, las tres líneas aportan casi por igual porque cada una sabe en qué momento debe actuar o dejar que entre en acción otro compañero.

Pere Roc II continúa siendo el líder, el que mantiene en tensión al equipo pero predicando con el ejemplo. En el dau estuvo intratable y explotó a la perfección su condición de zurdo pese a tener en frente al mejor rebotero. Y en el resto era el apoyo que siempre podían encontrar los de delante cuando la pelota llegaba tan fuerte y precisa, que no podían poner las manos.

Los de delante también destacaron en todas las facetas. Jesús se ha quitado de encima diez años en la pasada Lliga porque corre, dispara y mantiene el ritmo cual chaval de veinticinco. Eso con el añadido de la experiencia que le ofrece tantas y tantas partidas; esa experiencia que le concede el don de saber cuándo debe descargarse u optar por jugar a medias manos para que la vaqueta haga cosas. Y Carlos, como volvió a demostrar que una punta puede ser el punto de inflexión si lo que hace está bien hecho, esto es, un remate oportuno o interceptar pelotas de quinze.

A la pareja le tocó sufrir pero cumplió, más de lo que denotan los cinco juegos de diferencia. Puchol II se pegó una soberana paliza y por momentos pareció acusar el cansancio, aunque de sus manos siempre sale petróleo. El único pero es que buscó demasiado el pou de Pelayo, siendo Pere Roc II un zurdo cerrado. Cuando optó por picar en pared o dirigir directamente a la careta obtuvo mejores resultados. Por su parte, Héctor no rindió al nivel excelso de sus últimas actuaciones y esta fue una de las consecuencias del desenlace a favor del trío. El mitger restó mucho y bien pero no encontró la cuerda como, por ejemplo, en la semifinal. Aunque esta situación también fue provocada por los rivales, que pocas veces concedían opciones claras para el de Laguar.

Tras los dos primeros parciales del trío conseguidos con relativa autoridad, la final entró en una fase de equilibrio que se rompía por la mayor insistencia del trío y la consecución de quinzes clave. La pareja permitió que los de enfrente les tumbasen el val en varias ocasiones y poco a poco fue aumentando la distancia, que con el paso de los minutos se convirtió en insalvable. Pero fue una buena final. Los campeones mantienen la racha.

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