Los alfareros de la final de Copa

Los cuatro finalistas, junto a las autoridades durante la presentación celebrada ayer en el Museu de les Gerres. / val net
Los cuatro finalistas, junto a las autoridades durante la presentación celebrada ayer en el Museu de les Gerres. / val net

El número uno y el mitger de Xeraco llegan invictos a Castelló de Rugat y se miden al equipo que menos juegos ha perdido en el torneo de raspall Moltó busca con Dorín el doblete frente a la contundente pareja de Marrahí y Sanchis

MOISÉS RODRÍGUEZ VALENCIA.

Castelló de Rugat es una pequeña localidad de interior famosa por su alfarería. En el municipio hay familias especializas en la fabricación de vasos, especialmente los conocidos como gerres, que en realidad son tinajas de gran tamaño. Recipientes con una enorme capacidad, donde almacenar y conservar cualquier grano o líquido. Los cuatro finalistas de la Copa de raspall, que se disputará mañana en el trinquet de este pueblo a los pies del Benicadell, tienen algo de gerra y de alfareros. Se han modelado a sí mismos para ser capaces de almacenar información. Sobre sus compañeros y sus rivales. Esta Copa trepidante en cuanto al calendario se resuelve en un partida entre dos parejas totalmente compenetradas.

La final se presentó ayer en el Museu de les Gerres. En un lugar emblemático de Castelló de Rugat -conocido antaño como de les Gerres- y realizando un guiño involuntario a cuatro pilotaris que han realizado un trabajo de alfarería exprés.

Moltó puede hacer el doblete. Se quedaría a un paso del triplete, que completaría de adjudicarse en otoño su torneo fetiche, el Individual. Esa será otra historia. El resto de Barxeta lleva meses exprimiéndose. Precisamente desde que ganó el mano a mano de 2016. Estuvo demasiado tiempo escuchando que no daba la talla en los campeonatos por equipos. Se marcó como objetivo la Lliga y deslizó que la Copa sería un test para su campeonato favorito. Ahora muchos le acusan de haber ido de farol. «En la Lliga estaba más afinado, ahora no tanto. Pero Javi (Dorín) y yo estamos compenetrados», desmintió con una media sonrisa. El número uno se ha esculpido bajo la supervisión de Toni Astorgano. Disfruta del deporte y de la competición. Es actualmente la pieza más valiosa del raspall habitual. Cerámica de alta calidad. Modelada a mano y cocida en su punto.

Junto a él está el más veterano de la partida. Dorín tiene un tono de voz pausado. Tranquilo. Ha sido capaz de transmitir esa misma sensación sobre el trinquet y de convertirse en el apoyo perfecto para Moltó. «Jugamos contra una pareja poderosa, no somos favoritos, pero tampoco hemos de tener miedo», comentaba en la presentación.

Puede que Marrahí sea el mayor atractivo de la final. Cuando pasaban los meses y no regresaba, muchos temieron que el campeón individual de 2014 se convirtiese demasiado pronto en una pieza de museo. Se quebró tras ganarlo todo pero ha sabido reconstruirse. En su primer torneo oficial tras su prolongada convalecencia, disputa la partida por el título. «Después de año y medio de inactividad, puedo estar satisfecho de haber llegado aquí», señaló antes de admitir: «Tampoco me puedo quejar del compañero».

Sanchis. El mitger de referencia, que llega últimamente a todas las finales y que se modela cada mañana en sus arduas horas de trabajo en la agricultura. «Intento darlo todo en cada campeonato que juego», recuerda el de Montesa. Él y Marrahí son jóvenes pero encarnan al pilotari tradicional. Son rudos y conceden espectáculo en el trinquet. Pero también son efectivos. No en vano, encarnan el equipo que menos juegos ha concedido en la Copa: 35 por los 40 de Moltó y Dorín.

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