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UN CAFÉ EN PELAYO CON...

Sugoi Uriarte: «Me gusta que se respete al rival y eso lo he visto en la pilota»

Sugoi Uriarte, en la galería del dau del trinquet de Pelayo. :: manuel molines ¿Qué se pide en el bar?Un café cortadoAguarda el café mientras conversa. Al final llega y lo toma con calma, en otra charla ya off the record.
Sugoi Uriarte, en la galería del dau del trinquet de Pelayo. :: manuel molines ¿Qué se pide en el bar?Un café cortadoAguarda el café mientras conversa. Al final llega y lo toma con calma, en otra charla ya off the record.
  • «Éste es un deporte divertido pero está en riesgo. Igual no desaparece porque hay gente que le dedica muchas horas», afirma

  • «En el País Vasco los niños juegan a frontón. Llevo muchos años en Valencia y es la primera vez que entro a un trinquet»

valencia. El frontón no perdió un jugador cuando Sugoi Uriarte se decantó por el judo. Entonces ya se debatía entre este arte marcial y el fútbol. Ha admitido alguna vez que no se hallaba del todo cómodo con el ambiente del balompié. En cambio, se enamoró del y en el tatami. Se vino a Valencia, donde cultivó una carrera deportiva que le ha llevado a dos Juegos Olímpicos y halló a su pareja, la también judoca Laura Gómez. En pocos meses serán padres. «¿Qué te molestaría más, que Unai te dijese que es del Athletic o que quiere practicar kárate?». Ríe. «Kárate... pero me gustaría que probara varios deportes».

Como él. Relata que su madre lo llevaba de un lado para otro. Pasó su niñez en Vitoria. «En el frontón tenía un nivel para divertirme. En el recreo ganaba porque yo iba a clase una vez a la semana, pero la gente de los pueblos era mejor que nosotros. Una vez jugamos la final de Álava y nos ganaron 21-6, y creo que los seis fueron fallos de ellos», indica. Pese a ello tiene la base, lo que le permitió sacar jugo a su primera visita a un trinquet valenciano. «Me parece que se necesita mucha técnica para poder disfrutar del juego. En el frontón puedes divertirte aunque tengas poco nivel, pero aquí darle a la pelota y pasarla me parece complicando. Aun sabiendo, tiene un meritazo de la leche», indica el judoca, valiente cuando se le pregunta si se atrevería a probar: «¡Por supuesto! Pero haría el ridículo».

La pelota a mano, tanto en la Comunitat como en el País Vasco, encierra valores como el tradicionalismo. «La diferencia es que allí hay frontones en todos los pueblos y los niños juegan. Al acabar las clases van y practican pelota, con pala o a mano. Llevo muchos años viviendo en Valencia y es la primera vez que vengo a Pelayo. Sabía que en la Politécnica hay un trinquet, que es muy bonito», indica Uriarte en referencia a la notoriedad que se le da a la pilota: «Va a costar mucho que haya una cantera sólida».

El judoca vitoriano, en ese sentido, cree que la pelota a mano está en riesgo de desaparición. «Igual no sucede porque hay gente 'trastornada' que piensa que es un deporte que está sufriendo y le dedica muchas horas», señala Uriarte, que lanza una proclama: «En poco tiempo que he estado viendo aquí una partida, me ha parecido un deporte divertido. Pero ante el bombo que se le está dando al fútbol, el resto de deportistas nos hemos de unir, ejercer un poco de líderes y reivindicar nuestras modalidades ante los chavales. Que prueben otros deportes como el ciclismo, el atletismo o la natación». Se lamenta sobre la trascendencia de los deportes minoritarios: «Antes, si eras campeón de España, dependías de un periodista amigo para tener algo de relevancia. Ahora las redes sociales son una herramienta importante».

«Es complicado competir con la tele, porque desgraciadamente los niños quieren lo que ven. Por desgracia, hay muchos padres que se creen que tienen un Messi y un Cristiano y meten mucha presión a sus hijos. Creo que hay que dejarles libertad para que hagan lo que les guste», asegura.

Uriarte abunda en los valores que se pueden transmitir a través del deporte, y percibe uno en la pilota que para él es muy importante. «Por lo que he observado a los jugadores, se inculca el respeto a los rivales. Nadie va a hacer una trampa y que se transmita eso me gusta. En eso guarda similitud con el judo».

Es más, observa una colaboración, trabajo en equipo. Recuerda de su etapa como pelotari de un partido que jugó antes de otro de profesionales de parejas en el que iban a participar Ceceaga, Titín, Beloki y Retegi: «Estaban calentando entre ellos, los cuatro, cuando poco después iban a enfrentarse dos contra dos».

Sobre la dificultad técnica que observa en la escala i corda, deja entrever que considera vital elaborar una estrategia para enseñarla desde la niñez. «En judo está muy estudiado. Adquieres unos valores y una coordinación motriz que te va a servir en el futuro. Con muchos juegos. Supongo que aquí se hará de forma similar. Hay que inculcar esa técnica desde pequeños y de una forma que sea motivante», desliza.

A Sugoi Uriarte también le agradó lo que percibió en las galerías y en la escala de Pelayo. «La gente que estaba viendo el partido, lo vive y entiende el juego. Como sucede en el frontón vasco, que lo sienten en el corazón», asegura.

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