Las Provincias

Mar gana el duelo de bombarderas

Myriam raspa durante la final de ayer. :: val net
Myriam raspa durante la final de ayer. :: val net
  • La final se decidió en el último parcial (25-20), pero se decantó en el saque de las dos restos, donde Ana también rozó la perfección

  • La joven de Bicorp, Myriam y Fanni, campeonas del trofeo femenino de Pelayo

«Se ha visto una buena partida. Estamos contentas de que cuenten con nosotras». Con estas palabras o similares, Mar, Myriam, Fanni, Ana, Mónica y Marta expresaron una misma idea: las chicas quieren estar en el epicentro de la pilota. «Yo estaba nerviosa», apuntaba Myriam, quien admitió que se debía a la falta de costumbre. La Catedral impone, al menos en las primeras ocasiones. Pero por mucho que digan que no estuvieron a su mejor nivel, lo cierto es que se vio una gran final. Digna de la primera edición del Trofeu de Falles de raspall femenino.

La partida se decidió en el último juego (25-20) y fue un duelo de bombarderas. Entre las dos restos con el saque más potente. Mar de Bicorp y Ana de Beniparrell cara a cara. Si en el futuro inmediato las mujeres, como parece que va a suceder, empiezan a escribir gestas sobre grandes partidas, ellas van a protagonizar muchas de ellas.

Ofrecieron un recital de traure, castigando al trío que estaba en el resto. A decir verdad, la final la decidió la moneda de la reballà. Ninguno de los dos equipos padeció para adjudicarse el juego cuando estaban en el dau. Con rituales distintos, pero el duelo entre bombarderas se decidió en el cara o cruz.

Ana de Bicorp la botaba, como si quisiera amasar la vaqueta. Al fin se decidía, daba el último bote y golpeaba. Luego hacía un gesto, como si se quejara de algo. A su izquierda estaba Marcos, su padre, que le decía algo. «Yo tengo un ritual y él me dice que no la bote tanto, porque luego me perjudica al sacar. La confianza que hay permite que me riña más, pero es un gran apoyo para mí», comenta la joven.

Ana de Beniparrell se apoya en la muralla. Respira. Fija la mirada como si fuera un depredador. Inicia la carrera, bota y lanza el latigazo. Hizo muchos quinzes directos y cuando sus contrarias la paraban, sus compañeras tenían la oportunidad de rematar. «No hemos sabido jugar en el resto y han merecido ganar. Creo que se han visto muchas pilotadas y que a la gente le ha gustado la partida», indicó la jugadora de l'Horta.

Ni Mar ni Ana concedieron una ocasión de val en contra cuando sus equipos estuvieron en el dau. Aunque las seis jugadoras forman parte ya de un evento para la historia -al igual que las semifinalistas, algunas de las cuales, por cierto, estuvieron ayer en la escala-, Mar, Myriam y Fanni fueron las que se llevaron esta primera corona.

«Las seis hemos hecho una muy buena partida», reiteró Mar. «Esperemos que a partir de aquí hagan más trofeos y las mujeres podamos seguir jugando aquí. Creo que es necesario y ahora la gente está involucrada. Es nuestro momento», proclamó Myriam de Alqueria d'Asnar. «La partida ha estado muy igualada. Estábamos muy nerviosas por jugar ante tanta gente. Ahora hay que seguir entrenando», indicaba Fanni de Beniarbeig.

Mientras tanto, Mónica de Massamagrell se arrancaba los trozos de esparadrapo de las manos. «Me hubiera gustado jugar a mi nivel», se lamentaba al principio, para acabar sonriendo: «Bueno, a decir verdad, se ha visto una buena partida, ¿no? Hay que quedarse con eso». Marta de Tavernes Blanques destacaba el nivel de la final: «Creo que ha estado igualada y si hubiéramos empezado en el resto podríamos haber ganado». Al final, lo más importante, Pelayo volvió a registrar una buena entrada para una partida femenina.

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