Las Provincias

Moltó reafirma su supremacía

Moltó, durante la partida ante Sergio celebrada en el trinquet de Bellreguard. :: Val net
Moltó, durante la partida ante Sergio celebrada en el trinquet de Bellreguard. :: Val net
  • El campeón, con 24 años y un futuro prometedor, demuestra con solvencia que tenía perfectamente estudiado cómo se iba a desarrollar la partida

  • El pilotari de Barxeta conquista su segundo título Individual contra Sergio (25-5)

La era Moltó es un hecho. El pilotari de Barxeta revalidó ayer el título de campeón del Individual Bankia de raspall tras imponerse con rotundidad a Sergio en el trinquet de Bellreguard por el tanteo de 25-5. Fue una partida rápida, porque Sergio estuvo atenazado por los nervios pero sobretodo porque el ahora dos veces campeón se mostró intratable, como también lo había hecho en las eliminatorias previas.

Moltó tenía más que estudiada la final. Sabía que los aprietos podían llegar con el juego de aire de Sergio y solamente le concedió un rebote y un bot de braç con los que descargarse de manera clara. El de Genovés estaba anulado con la obligatoriedad de raspar constantemente. Además tenía que desplazarse de lado a lado, bailaba al ritmo de su rival, que ajustaba cada golpe hasta ver propicio el de gracia. El planteamiento fue perfecto y la ejecución aún mejor.

Con este triunfo, Moltó se reafirma como número uno del raspall. Es un prodigio físico, consecuencia del trabajo con el preparador Antonio Astorgano, pero además sabe jugar. No llega a la excelencia técnica de leyendas como Waldo, pero solamente le contemplan 24 años y es evidente que sigue mejorando. Aún no ha tocado techo pese a su condición hegemónica. En público no apunta a los registros del diez veces campeón. Podría sonar a osadía. Pero en vista de su superioridad, lo probable es que en los próximos años siga acumulando galardones. El reto ya es el tercero, aunque también la Lliga, «que es el único título importante que me falta», comentaba.

La consecución del campeonato le ha supuesto quitarse un peso de encima. Nunca ha escondido que hay veces que le pesa ser el número uno. Con la ausencia de Waldo y Coeter II, que fueron sus víctimas en la pasada edición y en esta no han participado por desavenencias con la organización, se veía obligado a ganar. Pues lo ha hecho de calle. A día de hoy no hay quien le tosa uno contra uno. Quizás Waldo, pero siempre quedará la duda y la ausencia del de Oliva no debe cuestionar la validez del título. Solamente Ian ha sido capaz de hacerle un juego. Al acabar la final y desde la satisfacción, recordaba los malos momentos. «Ha habido días que me he ido del trinquet llorando porque no jugaba como quería y como la gente espera de mí. Soy muy exigente conmigo mismo, quizás demasiado, pero es mi carácter», decía.

Enfrente, Sergio aceptaba la derrota con deportividad. No le quedaba más que alabar la superioridad del campeón aunque al tiempo se reprochaba no haber opuesto la contra esperada. «Tenía claro que debía encontrar los huecos pero la pelota se me quedaba por el medio porque no he sido capaz de cerrarla. Creo que los nervios han influido. Me he frustrado un poco cuando intentaba hacerlo bien pero no me salía. Moltó ha sabido jugarme y debo felicitarle por lo bien que lo ha hecho».

El de Genovés quiere una segunda oportunidad. Es prudente y no habla de ganar. Pero, a partir de ahora, el Individual será para él una cita importante en el calendario. Nunca había sobresalido en esta competición y este año participaba para probarse, para saber hasta dónde podría llegar. «El próximo campeonato me lo prepararé mucho más. Para este no he hecho un entrenamiento exhaustivo y he alcanzado la final. Si me lo tomo tan en serio, como por ejemplo Moltó, quizás el resultado podría ser distinto. Mi manera de raspar no es la mejor para el mano a mano porque me cuesta raspar la pelota, pero esos detalles se pueden pulir», señalaba.

Además, Sergio tiene una segunda motivación: devolver el cariño recibido por su gente y sus paisanos. Genovés es un pueblo más que acostumbrado a tener pilotaris en finales. Y aún siendo más que improbable su victoria, la movilización fue masiva. Al jugador le costaba articular palabra. Tuvo que respirar a fondo para evitar las lágrimas al referirse a su afición. «No me esperaba tanto apoyo. Ver a tanta gente de Genovés y a amigos de otros pueblos ha sido algo muy grande». En cierta manera, Sergio también salió campeón de Bellreguard.