Las Provincias

Puchol II, el octavo pasajero

Puchol II conecta un golpe desde la zona del resto durante la partida de ayer. :: txema rodríguez
Puchol II conecta un golpe desde la zona del resto durante la partida de ayer. :: txema rodríguez
  • El escaleter de Vinalesa aprende a controlar la presión para tumbar a Soro III en Pelayo en una final casi calcada a la de 2015 (60-50)

  • El resto entra en el selecto grupo de ganadores del Individual

valencia. Álvaro (11 títulos), Genovés I y Sarasol I (6 cada uno), Soro III (4), Fredi, Grau y Miguel (1 cada uno). Siete campeones en tres décadas. Puchol II accede al selecto club de los campeones del Individual de escala i corda en el inicio de la cuarta. Cuando el mano a mano cumple 31 ediciones y en el momento en que la pilota está más necesitado que nunca de mitos. Muchos comentaban ayer que se inicia ahora la era de Puchol II. Otros ya aguardan grandes batallas a golpetazos de vaqueta de lado a lado de la cuerda entre los dos contrincantes de ayer, pero también con los Genovés II, Fageca, Miguel o Marc. El deporte profesional no concede a sus protagonistas, sin importar si estos son multimillonarios o mileuristas, un instante para disfrutar del pasado inmediato. Sólo permite mirar hacia el futuro.

Puchol II estrenará en su próxima partida la camiseta roja, la misma que ya lució ayer a hurtadillas y casi por casualidad en Pelayo. La que le distinguirá como el número uno y que lucirá incluso cuando juegue contra Soro III. Se la enfundó para calentar y la escondió con una sudadera. «No fue por ninguna manía. En 2015 ya pasé mucho calor, sólo tenía dos azules y ya sabía que me la iba a cambiar a mitad de la partida», explicó. Con las zapatillas que usó en la mañana de ayer sí tuvo un instante para la superstición: «Cuando me las cambié buscaba justo este modelo. Las tenía en la mano y pensé: '¡Azul, otro año de subcampeón!'. Cuadraba todo menos el color. Ahora igual las guardo en la vitrina».

El octavo campeón en la historia del Individual de escala i corda tiene algo de extraterrestre. Una fuerza bruta, casi sobrenatural, especialmente cuando la vaqueta viene escupida desde la pared. El mejor rebotero del momento y de los más notables de toda la historia. Pero también ha adquirido la capacidad de mutar. De adaptarse a cada partida. De leerla y adoptar un patrón de juego dependiendo de su rival y del momento. En esto último hay que darles buena parte del mérito a sus preparadores, Agustín y Domingo.

Soro III, para ser justos, tampoco deja nada al azar. Desde poco antes de las 10, Puchol II estaba en el vestuario, concentrado, arreglándose las manos y respondiendo casi con monosílabos a quien le hablase. Quico llegó un poco más tarde, con los dedales y el esparadrapo ya colocados en sus extremidades y con un trozo de coca envuelto en papel de aluminio: «Esta me la he hecho yo en el microondas. A veces me la prepara mi madre o mi tía». Él aparenta más tranquilidad en los prolegómenos. Esta vez charla de la NBA, su otra gran afición. Pero lo cierto es que Soro III vive con pasión la pilota. «Tengo un equipo de trabajo brutal. Rubén vale millones. Supongo que entre él y Salva -el pilotari, con quien se prepara el Individual- me harán estar», comentó emocionado sólo un instante después de que dejase en el aire su participación en el próximo mano a mano: «No sé si vale la pena».

Cuatro veces campeón del Individual, a Soro III no le gusta perder ni a las canicas. Tuvo que digerir la derrota. Puso buena cara ante los micros, se duchó deprisa y felicitó a Puchol II antes de abandonar Pelayo lo más rápido que pudo: «Disfrútalo Javi, que te lo mereces». Ambos pilotaris se abrazaron entre los aplausos de los que aún se resistían a marcharse a casa.

Era la gente de Vinalesa. La que ha visto crecer a ese niño que siempre soñó con ganar el Individual y que ayer vio convertirse definitivamente en gigante. Puchol II corrigió los errores cometidos en 2015. Traía la partida más que preparada. Estudiada al detalle. «Sabía que no iba a ganar 60-15, que iba a tener a Quico dos o tres juegos detrás. Que debía aguantar porque me iba a perseguir y que se resolvería por el fallo de alguno de los dos», indicó. Empezó como un tiro. Ganando los cuatro primeros parciales (35-15). En esos momentos encontraba la galería con suma facilidad, mientras a Soro III le cayeron algunas pelotas que parecían haber hallado la grada.

«Al principio he hecho errores que no debo cometer. La pilota me ha castigado porque lo merecía», afirmó el de Massamagrell. La sensación, no obstante, era de que por dentro, en el cuerpo a cuerpo, el tetracampeón tenía las de ganar. Debía cortar cuerda, evitar la derecha de Puchol II y, sobre todo, calibrar la fuerza del golpeo para que este no conectase sus letales rebotes.

Cuando Quico se conectó, limó su desventaja pero ya era demasiado tarde. Soro III celebró el quinze con el que colocó el 35-30. Tocó los tambores de guerra. Los mismos que le desataron en 2015 y aturdieron a Puchol II. Pero esta vez el de Vinalesa venía con la lección aprendida. Sabía y demostró que tenía la receta de la pócima mágica. «Oltra me ha insistido que buscase la tela», desveló. El feridor le recordó una de las opciones que había trabajado con sus preparadores y en sus entrenamientos con Genovés II.

Luego hay que tener esa capacidad de conectar el golpe desde el dau para que la pelota caiga muerta al rincón, entre la muralla y la pared del resto, donde Soro III, por mucho que haya mejorado su izquierda, quedaba maniatado. El rey sucumbió. Abrió la puerta para dar paso al octavo gigante en el olimpo de los campeones del mano a mano.