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Los padres de las figuras

Los padres de las figuras
  • Los dos progenitores destacan la exigencia en la preparación de los escaleters que aspiran a reinar en el mano a mano

  • Enrique Soro y Francisco Puchol analizan la final del Individual de hoy

valencia. Nadie duda a día de hoy que las finales del Individual de escala i corda de los dos últimos años, y quizás los próximos, van a marcar una época. Convulsa, pero una era. La de Soro III, que está ante la oportunidad de situarse a un paso de igualar en el palmarés del Individual a dos de las principales leyendas de la pilota, Sarasol I y Paco 'Genovés', ambos con seis entorchados. La de Puchol II, de quien nadie duda que será campeón del mano a mano -varias veces, se apunta-, pero que ha de vencer a Quico y a la ansiedad que le atenazó en 2015. Dos colosos separados por una cuerda y jaleados por los cientos de aficionados que hoy tendrán el privilegio de llenar Pelayo. La partida no tiene las connotaciones del año pasado, pues ya está más que asumido que por el momento es José Luis López quien va a sostener la Catedral. La instalación deportiva más antigua de Europa tiene por el momento garantizada su supervivencia. En sus losas podrán seguirse forjando grandes batallas como las que hoy librarán el coloso de Massamagrell y el gigante de Vinalesa.

Ambas figuras, los máximos referentes de la escala i corda profesional, provienen de estirpes de pilota. Puchol II es hijo de otra figura de finales del siglo pasado. Campeón nacional de escala i corda, autonómico de frontón y banca en llargues, Francisco Javier Puchol I tiene argumentos de sobra para asesorar a su vástago sobre cómo destronar a su rival. Soro III tiene a sus tíos como antecesores, aunque su progenitor, Enrique Soro, también ha jugado a pilota y ha pisado el trinquet prácticamente desde que nació. Francisco Javier y Enrique, eso sí, son asiduos a las canchas del deporte autóctono, especialmente cuando sobre las losas están sus hijos.

«Pucholet tiene un rebote precioso. Cuando había galerías libres, era quinze casi seguro. Es una figura», elogia Enrique Soro al rival de su hijo. «Delante tiene a un monstruo. Debe escondérsela a la izquierda, porque Quico es muy potente», destaca Puchol I sobre Soro III. Son los padres de las criaturas, que en la previa denotan una deportividad exquisita, pero que admiten que van a padecer de lo lindo durante la partida de este domingo.

Ambos hombres han vivido en casa lo que cuesta hacerse un nombre en el mundo de la vaqueta. Ellos han jugado a pilota en otros tiempos y han visto crecer a sus hijos en una época en la que el profesional percibe poco dinero pero que se somete a una preparación casi marcial. «Quico se prepara poco a poco. Se marcha a Puçol a correr en la playa, o con la bicicleta camino de Náquera. Hoy día todos los pilotaris entrenan un montón», señala Enrique Soro. «Yo trabajo por las mañanas y él entre la facultad y los entrenamientos va loco. Tiene su equipo de trabajo. Los jugadores son hoy en día muy profesionales», comenta Francisco Javier Puchol.

Ambos padres colaboran en la preparación de sus hijos de una forma u otra, a pesar de que el trabajo diario, tanto Soro III como Puchol II, lo realizan con su equipo. En el caso del cuatro veces campeón del Individual y defensor del título, nadie le ha ayudado a hacer el dau como su progenitor. ¡La de horas que se habrán tirado ensayando en el trinquet que gestionó su abuelo! «A veces me dice: 'Pare, anem a entrenar'. Y nos tiramos un par de horas. Se la lanzo para que él ensaye con la izquierda, ¡yo ya no estoy para pelotear!», comenta Enrique Soro.

«La zurda no es ortodoxa»

Soro III ha tenido que poner en marcha su brazo izquierdo a golpe de entrenamiento. Hubo un tiempo en que Quico casi se emparedaba en la muralla para evitar los golpeos con la zurda. Se decía que esa extremidad del escaleter de Massamagrell era como la rama de un árbol. «Ahora no es que sea ortodoxo con la izquierda, como el Rovell o su tío, pero la pasa», señala el padre del escaleter. Eso les ha costado horas y horas de trabajo en el trinquet Tío Pena: «Y seguimos yendo. A veces nos vamos y le hago la ferida para practicar el dau».

Pucholet es distinto. Otro carácter. «Es un chico reservado. En casa no solemos hablar de pilota. Está estudiando la carrera de Educación Física y entre eso y los entrenamientos coincidimos poco. Solemos comer juntos y vemos el informativo o hablamos de política», señala Francisco Javier Puchol: «Esta semana sí que me preguntó sobre cómo ganarle a Quico. Él tiene a sus preparadores y seguro que analizarán la partida, pero me pidió consejo».

Puchol I lo comenta como algo extraordinario. También se muestra crítico hacia su hijo, como si quisiera evitar que se confíe. «No me gustó la partida contra Miguel. Está claro que es un rival muy exigente. Tiene un gran rebote y lo hace bien en la volea y el bot de braç. Un contrincante muy efectivo. Pero Javier ha de mantener el temple, saber aguantar la partida». Considera que esto mismo se puede aplicar contra Soro III: «Ha de buscar la galería cuando se pueda, pero sobre todo escondérsela a la izquierda».

Como Puchol II es diestro, Enrique Soro da casi el mismo consejo a su hijo. Y es que ambos padres alertan sobre la potencia sobre su contrincante. Como aficionados a la pilota, muestran su ilusión por este torneo, el que más gusta entre los amantes del deporte de la vaqueta. «Ojalá veamos una final como la del año pasado... ¡pero que gane mi hijo! ¡Es que la sangre tira!», proclama Enrique Soro. «Creo que los relevos son positivos, así que sería bueno que lo ganase Javier. Lo malo de este campeonato es que son sólo tres partidas. Con tanto tiempo de preparación, acaba enseguida y no tienen margen de error», señala el progenitor de Pucholet.

Horas de descanso

Aunque no lo diga abiertamente, a Soro III le encantaría colocarse en el segundo escalón en cuanto a títulos del Individual, su torneo fetiche. Superar a Genovés y Sarasol, ya que los once de Álvaro los ve inalcanzables. A Puchol II se le considera el manomanista del futuro. Es el título que le falta y sabe que lo necesita -a pesar de que está en el inicio de su carrera como quien dice- para que las futuras generaciones lo recuerden como una figura.

Aparte de extremar la preparación, ninguno de los finalistas ha cambiado demasiado sus costumbres sobre el descanso. «Mi hijo está bastante centrado, suele retirarse pronto. Está con la carrera, y está claro que también influye que ya lleva tiempo con la novia», indica Puchol I con una sonrisa.

Quico tampoco se retira muy tarde a la cama. Otra cosa es que duerma pronto, y más con el inicio de la NBA. «A veces lo escucho comentar y le digo que queremos dormir... él me contesta: 'padre, enseguida apago la tele, queda un cuarto'», desvela Enrique Soro. Hoy seguro que ambos tardan en conciliar el sueño, aunque sólo uno se irá a la cama como rey del mano a mano.