Las Provincias

Binder, el caníbal

El valenciano Jorge Navarro rueda ayer en carrera en Cheste. :: estrella galicia/david goldman
El valenciano Jorge Navarro rueda ayer en carrera en Cheste. :: estrella galicia/david goldman
  • El sudafricano firma una brutal remontada para impedir la segunda victoria mundialista de Mir, nombrado mejor rookie de la temporada

  • Canet pasa de la ilusión por su 'pole' al desastre de tener que salir desde el 'pit lane' al parársele su Honda

cheste. Brad Binder es uno de esos caníbales que van surgiendo en el deporte profesional. Un piloto con ADN ganador, con un gen competitivo desmedido que impide conformarse con algo que no sea la victoria. De esos que, si pueden, no dejan ni las migajas. Esta semana empieza una nueva etapa y no tenía necesidad de firmar una vertiginosa remontada, con adelantamientos al límite. Cualquiera de ellos podría haberle costado un buen disgusto, pero él ni se lo planteó. Quería despedirse a lo grande de Moto3, la categoría que en 2016 ha dominado con brazo de hierro y con una KTM superior al resto de monturas.

El piloto sudafricano y la moto austriaca han formado una simbiosis perfecta. Binder se convirtió por sorpresa en un falso poleman cuando Canet tuvo que salir desde el pit lane. El arranque de la carrera fue accidentado. Marcado por el impresionante accidente en que se vieron involucrados Rodrigo y Bagnaia. El argentino perdió el control de su moto y se cayó y el italiano del Aspar Team se lo llevó por delante. Los dos al suelo pero, casi milagrosamente, ilesos. El propio Binder tuvo un susto que le relegó más allá de la mitad del pelotón.

Pero el campeón tenía una sola idea entre ceja y ceja. La victoria. Quería ganar sí o sí. Pasó a Navarro, que también había realizado una enorme remontada y se fue a por el grupo de cabeza. En el tramo final de la carrera, Joan Mir, el último talento surgido de la carrera de promoción de Red Bull, había batido a Migno y Bastianini. Tenía la victoria en sus manos, pero llegó el caníbal para arrebatársela. Peleó con él, hasta el último metro, con ese desparpajo que le ha concedido el premio secundario de 'rookie' del año. Pero el novato cedió ante Binder. Frente al depredador.

La gesta de Arón Canet no fue menor que la de Binder. Pero la del valenciano quedó recubierta de una película de amargura desde antes que se apagara el semáforo. «No se ha calado, sencillamente no funcionaba», comentó. Tuvo que partir desde el pit lane y, con la mano maltrecha, muchos podían pensar que abandonaría: «No me he infiltrado. Me dolía muchísimo. No me he planteado entrar en boxes. Tengo detrás un grupo de personas que trabajan todo el fin de semana y no se merecen que haga eso».

Apretó los dientes. Se concentró en hacer la misma carrera que habría firmado si hubiese luchado por la victoria. «El ritmo que tenía era muy bueno y estaba motivado para hacerlo muy bien. Estoy un poco triste porque creo que podría haber luchado por el triunfo 100 de un piloto valenciano», aseguró.

La tabla de tiempos no engaña. Canet firmó la tercera mejor vuelta de la carrera. 1.39.784. Sólo Di Giannantonio y el caníbal Binder hicieron más rápido que él los cuatro kilómetros del Ricardo Tormo. Pero le penalizó partir desde la calle de boxes. Tuvo que ir adelantando a pilotos que luchaban por entrar en los puntos: «De hecho, si la carrera hubiese durado diez vueltas más, habría cogido alguno».

En ese momento no hablaba de la decepción. Ni del dolor casi inhumano que notaba en su mano y en su muñeca. En ese instante ansiaba trasladarse a Qatar en marzo de 2017. «Estoy satisfecho por mi primera temporada en el Mundial. Sobre todo en la segunda parte del campeonato he aprendido muchísimo», aseveró el de Corbera.

Se siente preparado. Que está cumpliendo los plazos. Sabe que necesitaba un podio y luchar por una victoria en 2016. El podio lo logró en la gira asiática y el triunfo sólo se lo negó el infortunio. '¿Estás preparado para rodar con el grupo de cabeza?'. «No tengo ninguna duda». Pronuncia estas palabras con el semblante serio, mirando a los ojos y sin parpadear. Todo está transcurriendo según su plan, a pesar del mal trago de lograr una pole y no poder aprovecharla. Digiere la hiel como parte de su aprendizaje.