Las Provincias

Veinte años dando vueltas con el pueblo de MotoGP

Miguel Gallego sobre a moto de Laverty. :: t. c.
Miguel Gallego sobre a moto de Laverty. :: t. c.
  • Miguel Gallego: «Es imposible trabajar en esto si no te gusta»

  • Por las manos del jefe de mecánicos del Aspar Team en la categoría reina han pasado las motos de Aoyama, Fonsi Nieto o De Puniet

A Japón va porque no queda otra y en Australia se siente como en casa. Tanto, que no le importaría vivir allí durante una temporada. Miguel Gallego acumula cientos de viajes en estos 20 años dándole vueltas al globo, que por ganas serían otros veinte o quizás alguno más. De hecho, cuando el Mundial de MotoGP cierra por vacaciones y se pasa quince días sin trastear un motor, está deseando entrar al box y arremangarse para ver cómo mejorar la máquina y buscar esa décima perdida. «Si no te gusta este trabajo, es imposible que lo hagas», explica minutos después de poner a punto las motos que el Aspar Team tiene en la categoría reina.

A este jefe de mecánicos que el equipo valenciano tiene en MotoGP le picó lo que a muchos otros niños en la Ribera: pasión por el mundo de las motos. Los hermanos de Miguel corrían cada domingo y a escasos cinco kilómetros de casa vivía uno de los hombres más rápidos del momento: Jorge Martínez 'Aspar'. Desde los siete años correteaba Miguel Gallego entre las bambalinas de los circuitos improvisados de cada pueblo y ahí decidió que se quedaría pegado a la moto para siempre.

Acabó sus estudios, tuvo una entrevista con Aspar y el alcireño lo fichó como «segundo mecánico». Un aprendiz que hacía cualquier cosa con tal de ayudar a los primeros espadas. Ahí empezó, en 1996, con Gelete Nieto. Y desde entonces han pasado por sus manos las motos de Jero Vidal, Fonsi Nieto, Aoyama, De Puniet o Bautista, que el año próximo regresa al Aspar Team. «Estamos muy ilusionados con el proyecto del año que viene porque vamos a tener una moto mejor, un piloto que sabemos va rápido y que además nos conoce bien a todos», explica.

En Algemesí para poco. A sus dos hijos, de seis y ocho años, cada vez se les hace más cuesta arriba esperar a que su padre regrese de cada circuito. Al menos existe el consuelo de las vídeollamadas. La mayor parte del año la pasa viajando con su otra familia. «Viajamos, dormimos y casi vamos al baño juntos», acaba bromeando Miguel, que considera clave que en el equipo la relación sea tan estrecha. En el «pueblo» de MotoGP, como él se refiere al 'circo' que semana a semana traslada el Mundial, casi todo el mundo se conoce. Y hay muchos más como él. «¿Cuándo cogemos la moto?» significa algo más que una simple pregunta para ellos.