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Motociclismo | GP de San Marino

Valentino Rossi es eterno

Rossi.
Rossi.
  • El italiano vence en el circuito de Marco Simoncelli, por delante de Lorenzo después de una caída de Márquez

Hay historias que están hechas para ser contadas, y lugares y mitos que permanecen inalterables ante el paso del tiempo. Ocurre con un circuito que adquirió el nombre de Marco Simoncelli, y sucede lo mismo con un piloto como Valentino Rossi. El 'doctor' venció en Misano, por primera vez en lo que va de año, en su casa, en el lugar que recuerda al malogrado 'SuperSic'. Dónde si no. Y no fue una victoria baladí, ya que para lograrla tuvo que mantener a raya a Jorge Lorenzo, después de que Marc Márquez superase el límite tratando de cazarlo y acabase con sus huesos en el suelo. Del italiano fue la gloria, de Márquez el envoltorio, ya que tras su caída decidió continuar, sin opciones, y arañó un punto cargado de simbolismo.

En los primeros compases Lorenzo salió como un tiro, secundado por un Valentino Rossi que no quería ser comparsa en Misano. Tras ellos, Márquez se aupó a la tercera posición quitándose de delante a Andrea Iannone, uno de los dolores de cabeza que tenía el de Cervera en la previa. Enseguida llegó otro, el orgullo de Rossi. 'Il Dottore' se vio rebasado por el líder, que quería lanzarse a por Jorge, algo que tardaría en ocurrir debido a la resistencia titánica del '46'. La agresividad habitual de Marc, que roza los límites, se topó con el orgullo del nueve veces campeón, que no se conformó con retener a la Honda sino que se fue directamente a por un Lorenzo que se las prometía muy felices con la lucha en su colín pero que se vio en problemas cuando su compañero le asaltó.

Rossi se colocó líder e intentó marcharse, y Márquez se ancló a él para colocarse segundo. Lorenzo, con un neumático más duro en la rueda delantera, perdió el contacto anhelando que las vueltas finales llegasen cuanto antes para intentar ser competitivo.

Fue entonces cuando ocurrió lo inesperado. La curva cuatro, una de las más lentas, veía cómo Marc Márquez se inclinaba demasiado, tanto como para que se fuera al suelo un piloto que no suele hacerlo. Lo hizo despacio, se deslizó por el asfalto y apenas se arañó durante una decena de metros. Todo parecía irreal, como si no estuviera ocurriendo de verdad. Se detuvo el tiempo en el circuito Marco Simoncelli. Marc intentaba ponerse de pie y arrancar de nuevo la moto. Lo hizo tras correr junto a ella y ser ayudado por los comisarios. De repente, todo era terrenal, nada de extraterrestres ni de milagros. Márquez acababa de bajar a la tierra. Lleno de coraje, y lejos de toda opción, emprendió la marcha a más de un minuto de la cabeza, y continuó heroico hasta la bandera de cuadros, con su equipo encaramado al muro como si se tratase de la mayor de sus hazañas.

Muy a su pesar, esta vez la historia no la escribió él, sino una pluma que ha trazado algunas de las gestas históricas de un deporte que va ligado a su nombre en las últimas dos décadas. Rossi es motociclismo y el motociclismo es Rossi. Perenne, a sus 35 años, siguió marcando un ritmo diabólico en la cabeza. Su neumático delantero se consumía mucho más rápido que su pilotaje, que también es eterno, y Lorenzo no encontraba las décimas que necesitaba para darle caza. El público se puso en pie y estalló en la meta. Era el día de Valentino Rossi, su victoria 81 en la categoría reina para un total de 107. Tras él, la constancia de Jorge y la regularidad oscura de Pedrosa, tercero por delante de Dovizioso, detalles que saldrán en los créditos de la carrera pero en lugares secundarios.