Masià reclama su sitio en el Mundial

Desparpajo. Jaume Masià persigue a Dalla Porta, Ramírez y Canet en la carrera de ayer. / estrella galicia

El valenciano realiza una espectacular carrera en su debut en la que lucha por el podio y establece el récord del circuito de Spielberg «Me he visto rodando con los pilotos de la tele, a veces he ido al límite», afirma

MOISÉS RODRÍGUEZ

Jaume Masià ya es un veterano de los circuitos. Una hormiguita. Porque a sus 16, lleva años acercándose a los pilotos más mayores que él, observándolos y acumulando conocimiento. Y sobre todo porque es pequeñito, tanto que en su debut en el Mundial su moto llevaba nueve kilos de lastre. Pero cuando se encarama a su montura, el diminuto piloto de Algmesí se convierte en un coloso que no se amilana ante nada. Lo demostró en su debut, donde el noveno puesto final -un éxito para cualquier rookie- no hace honor al recital que dio en la pista de Spielberg. «He cometido un error a falta de dos vueltas, que es lo que me ha privado de luchar por el podio», se lamentaba horas después.

Partía desde la quinta fila. Territorio comanche. En medio de la parrilla, donde un traspié, propio o ajeno, te hace besar el asfalto o la grava. Tuvo la dosis de fortuna para evitar incidentes y el desparpajo para no conformarse con defender el puesto de partida, que le permitía entrar en los puntos. Masià sabe que la lesión de Darryl Binder le ha abierto una rendija para demostrar que es un piloto con calidad y hambre para estar en el Mundial. Que su salida de la estructura del Estrella Galicia -parecía predestinado a seguir los pasos de Jorge Navarro y Arón Canet- fue fruto de un cúmulo de infortunios, porque calidad tiene de sobra. De hecho, el fallo que lamenta llegó cuando peleaba con el propio Canet y luego se dio el gustazo de ganar a Bastianini en meta.

«Me he visto rodando con los pilotos de la tele y son muy agresivos. A veces me ha costado un poco, he ido bastantes veces al límite», señalaba al micrófono de Movistar todavía en caliente, después de que los innumerables achuchones que recibió a su llegada al box le dificultaran poner los pies en la tierra al bajarse de la moto. «Me estaba peleando con Fenati y he pensado: '¡hostia como lo tire!'», añadió.

No lo tiró, entre otras cosas porque dejó al italiano muy atrás. Masià se metió en la lucha por el podio, porque Joan Mir, en cuando completó la remontada, demostró estar en otro planeta. Se escapó y logró una victoria con la que enfila hacia el título. La emoción en Moto3 parece estar en si el balear llega ya campeón a la gira asiática.

Cuando aún estaba al alcance del grupo de cabeza, el único que trató de organizar la persecución fue... el niño. Masià. Se puso en cabeza e invitó a Jorge Martín y a Oettl a que le siguieran. «Yo tengo ritmo, vamos a por él», vino a decir. No le hicieron ni caso. Llegaron Loi, Rodrigo, Canet (que acabó quinto) y Bastianini. Se desató la guerra de guerrillas que acabó beneficiando a Mir. Y el debutante no se puso nervioso. En cambio, dio espectáculo con adelantamientos al límite pero sin irse al suelo. «Al final lo importante es que hemos llevado la moto al box todo el fin de semana», subrayó.

Otro dato. Como el de la vuelta once, en la que batió el récord del circuito y, por tanto, estableció la vuelta rápida de la carrera de ayer (1'36.436). «Todo esto debo agradecérselo al equipo. Sin el trabajo de José, mi técnico, no sería posible. El viernes estaba muy lejos», afirmó Masià. Merece una oportunidad en el Mundial. Si no la tiene, su nombre aparecerá en la próxima edición, cuando en 2018 se recuerde la vuelta de Moto3 más veloz en la historia del GP de Austria. De momento, salvo sorpresa, volverá a sustituir al lesionado Darryl Binder en el GP de Gran Bretaña. Se lo ha ganado.

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