GP de Azerbaiyán

En Bakú revuelto, ganancia de Lewis Hamilton

Lewis Hamilton, en lo más alto del podio en Bakú. /EFE
Lewis Hamilton, en lo más alto del podio en Bakú. / EFE

El campeón del mundo logra su primera victoria del año en una caótica carrera marcada por los accidentes al principio y al final, con Sainz quinto y Alonso séptimo

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROBakú

Una carrera no apta para cardíacos. Ni un momento de calma se vivió en el GP de Azerbaiyán, que tuvo tres líderes y al final ganó el más inesperado. Lewis Hamilton ha tardado cuatro carreras en ponerse líder y conquistar su primera victoria de la temporada, pero no sólo gracias a su propio buen hacer, sino también a una serie de acontecimientos de los que salió indemne. Sólo hay que ver quién acompañó en el podio a Hamilton para comprobar que no fue una carrera normal: Kimi Räikkönen fue segundo y el inesperado Sergio Pérez, tercero.

Ya desde la salida convenía tener cerca el bol de palomitas. Primero Esteban Ocon le pegaba un cerrojazo ilógico a Räikkönen y acababa con el coche aparcado en el lateral y después, un excesivamente optimista Nico Hülkenberg se echó a la izquierda, tocó a Sergey Sirotkin y este a un Fernando Alonso que dejó una de las imágenes de la carrera: entrar en boxes con las dos ruedas derechas pinchadas, el fondo plano destrozado y jurando en arameo por el golpe sufrido. No fue el inicio soñado por Alonso, aunque luego el sabor de boca fuera mucho más dulce.

Del consecuente coche de seguridad ya salió la carrera con cambios de estrategia: a la postre serían vitales para el desarrollo de la prueba. Los de arriba empezaron a bajarar sus opciones. Mientras Bottas y los Red Bull preferían estirar los neumáticos superblandos al máximo e intentar un 'stint' final con ultrablandos, la zona media y trasera apostó por la opción más conservadora de poner neumáticos blandos hasta el final de la prueba. Que de blandos sólo tienen el nombre o el apellido, porque nuevamente Pirelli llevó un compuesto demasiado duro y muy difícil de calentar.

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En esas estaban cuando Sainz sacó lo mejor de sí. Primero, sobre su ex compañero Max Verstappen y, después, sobre su buen amigo Fernando Alonso, tiró un par de fintas para dejarles atrás. El de Red Bull, a la postre, tuvo mucho que ver con el resultado final, aunque no en lo positivo.

'Mad Max' defiende de nuevo

Ya se veía venir cuando, en la recta final, se encontraron de nuevo Verstappen y Ricciardo. Habían tenido un par de refriegas antes, en las que la agresividad incontenida del holandés le valió para salir victorioso. El australiano, que había ganado en Bakú el año pasado y que llegaba pleno de confianza tras hacerlo en China, tiró de paciencia. hasta que se hartó.

En la primera parada en boxes que hacían, esa que les llevó a poner neumáticos ultrablandos para acabar la carrera, Ricciardo salió por detrás de Verstappen. Bottas acababa de parar, así que se la iban a jugar en pista. Requerían labor de equipo, pero eso no lo entiende muy bien el ya conocido como 'Mad Max'. Desde el muro se temían lo peor, y ordenaron a los suyos empujar juntos para intentar cazar a Bottas y un Vettel que ya empezaba a sufrir al frente de la carrera. Sin embargo, no pasaron de las dos siguientes curvas nada más recibir la instrucción.

Verstappen iba por delante, Ricciardo por detrás con neumáticos en mejores condiciones y, por tanto, con preferencia para pasar. Pero el holandés no vende barata una posición, así que en lugar de echarse a un lado y esperar a devolverle el adelantamiento, realizó dos ligeros movimientos de volante. Dos cambios de dirección, a todas vistas ilegales, ante los que un Ricciardo también algo desquiciado respondió con un volantazo a la izquierda que fue letal. Resultado: los dos coches fuera, cara de pocos amigos en Red Bull y bochorno generalizado. Aunque después ambos pidieron perdón y los comisarios lo solventaron con una reprimenda, las consecuencias para el devenir de la carrera se notaron inmediatamente.

El coche de seguridad que provocaron los Red Bull abrió la ventana a una nueva entrada a boxes para los que se la iban a jugar con llegar a final de carrera con los neumáticos blandos al límite de su uso. Todos montaron ultrablandos, excepto Valtteri Bottas, que veía cómo el coche de seguridad le dejaba en bandeja su primera victoria del año. Sin embargo, el guión de esta película le tenía previsto un duro revés en forma de pinchazo que le mandaba fuera de carrera. y dejaba a un Lewis Hamilton al frente a falta de poco más de una vuelta. Entre medias, Sebastian Vettel echaba un órdago tirándose en una curva para pasar a Bottas de forma totalmente ilógica, lo que a la postre le mandó fuera del podio y de la cabeza de la clasificación general.

En medio de todo este lío, a Sainz y a Alonso se les abrían las puertas del cielo, especialmente al madrileño que veía cómo se le ponía a tiro el podio. No llegó, pero el quinto final ya le supone un éxito colosal a un fin de semana en el que tenía pocas esperanzas. Para Alonso, el séptimo puesto le permite seguir siendo uno de los tres que ha sumado en las cuatro citas de campeonato que llevamos (los otros son Hamilton y Vettel), pese a que su coche no está, ni mucho menos, para ello. El podio está lejos, pero aún más los últimos puestos.

Ahora, toca resetear: Alonso se cambia de mono esta semana para debutar en el Mundial de Resistencia, con las 6 horas de Spa del próximo sábado. Toyota reclama sus servicios, y el español tiene las armas afiladas para la toma de las Ardenas.

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