En femenino

«Es un vicio. Engancha mucho y haces amigos con los que vuelas»

Klara Branchadell, volando sobre el cielo. / Willy Ramos
Klara Branchadell, volando sobre el cielo. / Willy Ramos
Klara Branchadell, paracaidista

«Me pongo nerviosa en el avión. Luego llegas a 13.000 pies, se abre la puerta y se te pasa todo»

ALBERTO MARTÍNEZValencia

Klara Branchadell siempre tuvo claro que quería planear y mirar el mundo desde las nubes. Y encontró en el paracaidismo la mejor manera de hacerlo. Obtuvo el título en 2016 y ya no puede vivir sin este deporte. La castellonense, de 26 años, despliega sus alas.

-¿Cómo entró en este mundo?

-Era la típica niña que siempre decía: «Yo quiero volar». Si creces y sigues con ese sueño, al final te preguntas: «¿Cómo puedo volar sin hacerme piloto, que parece tan difícil?». Se me ocurrió el paracaidismo. Se lo dije a mis padres y me dijeron que si quería hacer eso tenía que esperarme a ser mayor de edad. Me esperé y un amigo me lo regaló para mi cumpleaños. Hice el tándem, que es el salto que haces con instructor, y me enamoré de la sensación. Desde entonces ahorré y en cuanto pude me saqué el curso de paracaidista. Hice el curso en el verano de 2016.

«Me han llamado de todo, empezando por mi familia. Mis padres me dicen que estoy como una cabra»

-¿Cómo recuerda su primer salto dentro del curso?

-Mi primer salto fue un desastre, porque hubo un pequeño incidente. El curso son siete saltos y en los tres primeros vas suelto con un instructor a cada lado. Y en los cuatro últimos ya vas sólo con un instructor. En el primero, haces ejercicios como buscar el pilotillo, que es lo que tienes que estirar para abrir el paracaídas. Cuando me tocaba abrirlo, estiré del pilotillo y la brida se me enganchó en el pie. Entonces el pilotillo no tiene suficiente fuerza y el paracaídas no se abría. Es la primera vez que te tiras sola y no sabes lo que está pasando. Es imposible reaccionar. Al final mi instructor principal me abrió el paracaídas de reserva. Luego, cuando vi el vídeo, me quedé blanca.

-¿Cuántos saltos lleva?

-Llevo cien. Salto más de lo que pensaba que saltaría, porque es un deporte que cuesta dinero. Pero es que es un vicio. Engancha mucho. Aparte del deporte, engancha la gente. Es como una pequeña familia. Como no es un deporte masivo, acabas haciendo amigos. Amigos con los que vuelas. Y eso lo hace más intenso.

Klara Branchadell.
Klara Branchadell.

«Hay pocas chicas y siempre se oye el típico comentario de que nos lo ponen más fácil»

-¿Qué piensa en el aire?

-No es sólo la caída. Estás 20 minutos en el avión con nueve personas más concienciándote de lo que vas a hacer. Y también vas pensando en lo que podría pasar. Siempre tienes que estar preparado. Para mí, es la parte más tensa. Todavía me pongo nerviosa cuando estoy en el avión. Luego llegas a 13.000 pies, se abre la puerta y se te pasa todo. Saltas y disfrutas. Vas pensando en hacer las cosas bien porque tienes que cumplir unas normas de seguridad y practicar lo que quieres aprender. Cada tipo de salto es un mundo. Cuando estás ahí, ves la cara de tus compañeros, te ves en el aire y sientes esa adrenalina, es mágico. Me encanta. La caída libre es un minuto.

-¿Dónde lo practica?

-Suelo saltar en Castellón. La sensación de saltar sobre el mar es muy especial. Y eso en Madrid no puedes hacerlo. Yo todavía no, pero hay gente que aterriza incluso en la playa. Nosotros aterrizamos en el aeródromo, que está prácticamente pegado a la playa.

-¿Compite?

-Todavía no he llegado a la competición. Me gustaría competir, aunque fuese como experiencia, porque sé que no se vive de eso.

-¿Cómo se organizan las competiciones a nivel nacional?

-La que más conozco es una competición a nivel nacional de vuelo en relativo. Son equipos de cuatro personas que hacen el ejercicio y hay un cámara que lo graba y que también forma parte del equipo. Te piden que hagas unos movimientos y, según cuántos hagas perfectamente, vas logrando puntos.

-¿Ninguna paracaidista española vive de este deporte?

-Que vivan del paracaidismo yo conozco a instructores. Y todos los que conozco son hombres. Hay una mujer, Saray Chana, la esposa de Sergio Gadea, que ha sido instructora, pero actualmente no lo es. En el centro de Castellón no hay ninguna. En Valencia y Alicante no hay zona de paracaidismo.

-¿Nota diferencias en el trato hacia los hombres y las mujeres?

-Aparte de que hay pocas chicas, se oye los típicos comentarios. Hay una parte del curso en que tienes que aprender a plegar el paracaídas y siempre se oye el típico comentario: «Como eres chica, te lo ponen más fácil y te ayudan más». Y no es verdad. O viene un grupo de amigos y uno le dice uno a otro: «Mira, ¿si esa chica lo hace, por qué no vas a atreverte?».

-¿Qué le dice su entorno?

-Me han llamado de todo, empezando por mi familia. Mis padres me dicen que estoy como una cabra. Muchos me preguntan: «¿Y si no se abre?». Yo siempre contesto: «¿Y si vas en coche y no funcionan los frenos?». Me llaman loca y me preguntan qué se siente. Es muy difícil explicar la sensación.

-¿Y con qué la compararía?

-Cuando lo intento explicar, digo que es como cuando sacas la mano por la ventanilla del coche. Esa sensación de que te puedes apoyar en el aire. No es como cuando te caes de la cama. Esa es la mejor explicación que puedo hacer. Pero es mejor hacerlo.

-¿Existen muchos estigmas?

-La gente le tiene miedo por el desconocimiento. Pero es un deporte más seguro de lo que parece.

-¿Dónde se imagina en unos años?

-Me haría mucha ilusión ser cámara. Mi profesión es cámara, ya que me decido al vídeo. Juntar esas dos cosas sería muy chulo. Sobre todo ver la cara de la gente que salta por primera en un tándem. Es un momento súper mágico.

-¿Se plantea probar el salto base?

-Es algo que me crea mucho respeto. Eso sí que me da miedo.

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