Amparo Gil y Elisa Gil

«Siempre estamos juntas, el hockey nos une mucho»

Amparo y Elisa, en el Polideportivo Virgen del Carmen-Beteró. / fhcv
Amparo y Elisa, en el Polideportivo Virgen del Carmen-Beteró. / fhcv

«Nunca voy a poder llegar a su nivel», admite Elisa sobre su hermana Amparo tras enfrentarse en el Nacional

Son algo más que hermanas. Al concluir la final de la Copa de la Reina, que se disputó el pasado día 11 en el Polideportivo Virgen del Carmen-Beteró, se miran sin poder borrar la sonrisa del rostro. Amparo Gil acaba de proclamarse campeonato por tercer año consecutivo con la camiseta del Club de Campo Villa de Madrid. Elisa, quien milita en el filial del mismo equipo, ha estado apoyando desde la grada. La complicidad entre ellas va más allá de la sangre. Y también aflora en las pocas veces que se han enfrentado. La última ocasión tuvo lugar en febrero, cuando se midieron en el Campeonato de España de sala. Ambas, nacidas en Carpesa, subieron al podio.

-¿Elisa, Amparo es el espejo en el que se mira?

-Elisa Gil: Claro. Muchas personas nos dicen que hacemos los mismos gestos jugando y que tenemos la misma forma de correr. Pero luego, la técnica y todo lo demás es muy diferente.

LAS CLAVES «Se le está dando más visibilidad a la mujer. Aún queda, pero va a mejor. Es un deporte distinto» «Mucha gente nos dice que hacemos los mismos gestos jugando. Pero la técnica es muy diferente»

-Amparo, con 29 años, lidera el Club de Campo. Elisa, de 26, forma parte del filial. ¿Cómo es su día a día en Madrid?

-Amparo Gil: Vivimos muy cerca y pasamos mucho tiempo juntas.

-¿Por qué empezaron en este deporte?

-A. G.: Por la familia. Como es tan pequeño el pueblo, mi tío y mi tía jugaban en el club de hockey de Carpesa. Mi padre no jugaba pero estaba muy metido en el club. Es el único club deportivo del pueblo. Un día dijeron de meter a las niñas y así empezamos.

-E. G.: Toda nuestra familia está metida en el hockey y mi novio, Pablo Brasa, es entrenador. Este año es mi entrenador, pero toda la vida ha sido el segundo entrenador de Amparo. Y en esta Copa de la Reina ha estado con ellas.

-A. G.: Y se van a casar (ríe).

-¿Amparo, qué le parece el rendimiento de su hermana?

-A. G.: Ella juega muy bien, pero el hockey nunca ha sido su prioridad. Ha hecho otras cosas.

-¿Elisa, puede tomar su relevo?

-E. G.: Lo veo muy difícil. Estoy fenomenal en el segundo equipo y nunca voy a poder llegar a su nivel. Estuve un año en el primer equipo, pero estaba animando desde el banquillo en muchos momentos. Aun así, disfruté muchísimo, porque jugamos en Europa. No tienes tanta importancia dentro del campo, pero lo vives de otra manera.

-¿Sólo compartieron vestuario esa temporada?

-A. G.: También cuando éramos pequeñas, en el Xaloc Valencia.

-En el Campeonato de España de sala, Amparo se llevó el oro y Elisa, el bronce. Todo un éxito.

-A. G.: Nos enfrentamos en el primer partido. Todo iba muy bien, pero de repente se producía un poquito de bronquilla (ríe).

-E. G.: Empezamos ganando. Se confiaron mucho. Pero luego comenzaron a jugar a su nivel y adiós.

-¿Se habían enfrentado antes?

-A. G.: Bueno, en amistosos que hacemos de entrenamiento y en la Liga de Madrid de sala.

-¿El hockey les une más todavía?

-A. G.: Siempre hemos estado unidas.

-E. G.: Pero ahora pasamos muchísimo más tiempo juntas. Y tenemos grupo de amigas común por el hockey y siempre estamos juntas. Nos ha unido mucho.

-Amparo, usted formó parte de la selección española durante el Mundial de 2010. Más tarde, decidió que necesitaba tiempo para afrontar sus estudios de Arquitectura. ¿No se plantea volver?

-A. G.: Creo que ni yo ni ellos. A ellas les va muy bien. Y yo estoy muy bien también. Estamos muy bien así.

-¿Cómo ve a la selección?

-A. G.: Están mejorando mucho. Las cosas están yendo muy bien últimamente. Se está profesionalizando un poco. Creo que en el Mundial van a hacer buen papel.

-No hay ningún equipo valenciano en División de Honor ni Primera. ¿Qué le parece a evolución de este deporte en la Comunitat?

-A. G.: He estado de entrenadora en los juveniles del Club de Campo y, cuando hemos jugado contra las del Xaloc, se nota que se está haciendo bien las cosas y las niñas están mejorando mucho. Este año van a intentar subir a Primera y eso hace mucho, porque jugar competición nacional ayuda a que todas las niñas mejoren. El nivel sube bastante. Hay un salto bastante grande de Segunda a Primera. No es profesional, pero sí más serio.

-E. G.: La fase de ascenso es en Beteró. Yo jugué con el Xaloc hace dos años la fase de ascenso y perdimos en el último partido. El año pasado también llegaron a la final y perdieron. Creo que este año tiene muchas posibilidades.

-¿En España se puede vivir del hockey femenino?

-A. G.: En el Club de Campo tenemos mucha suerte. No es lo normal. En el Club de Campo se puede vivir. Se puede vivir al día. Todas estudiamos o trabajamos. No puedes estar viviendo siendo deportista solo. Es difícil y más siendo chicas.

-E. G.: En Primera pagamos para jugar. Pagamos la ficha y no recibimos nada. Lo hacemos por hobby, por amor al hockey. Estudié Biología y luego hice el máster para ser profesora. Pero de momento no he encontrado nada y estoy trabajando como secretaria.

-¿Cómo es la figura de la mujer dentro de este deporte?

-A. G.: Creo que últimamente se le está dando más protagonismo y hay empresas que están apoyando sólo a la parte femenina. Se le está dando más visibilidad. Todavía queda, pero va a mejor. Es un deporte distinto. Al ser tan técnico, ver un partido de chicas no es como en otros deportes. A nivel de contratos, no tiene nada que ver con otros países. Hay países como Argentina y Holanda que se le da mucha importancia a la parte femenina.

-E. G.: El hockey es un deporte que está bastante igualado. No es como el fútbol, que es tan desproporcionado. Aun así, hay detalles... ¿Por qué las chicas siempre juegan a las 11 y los chicos a las 13? ¿Qué pasa, que la final importante es a la que va después todo el mundo? Pero en Londres ya ponían el partido de las mujeres el domingo y el de los hombres el sábado. Está empezando a cambiar. Y eso es positivo.

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