Placajes por la integración

Un grupo de jóvenes realiza un ejercicio. / irene marsilla
Un grupo de jóvenes realiza un ejercicio. / irene marsilla

«Mi hija no hacía deporte y era tímida. Ahora la veo correr y hablar con todo el mundo», afirma el padre de una de las integrantes del proyecto Les Abelles ha impulsado un equipo con personas con discapacidad intelectual

MOISÉS RODRÍGUEZ VALENCIA.

«Si me quitan el rugby, me matan». Tania puede proclamar con orgullo que es una pionera. «He ganado medallas y una copa, y voy a ir a por más», afirma la joven antes de despedirse sonriente para regresar al entrenamiento del equipo de rugby inclusivo de Les Abelles. Ella disfruta con el balón ovalado y aún se le ilumina el rostro cuando recuerda lo de Vitoria. Allí se celebró este verano el Mundial de rugby inclusivo y esta valenciana se convirtió en la primera mujer que logra un ensayo en esta competición.

«¡Pero un pedazo de ensayo! De fuerza y atravesando todo el campo. Con eso acabó el partido. Ya puedes imaginarte, vino corriendo a la grada, eufórica», señala Natxo Ruiz, coordinador del equipo de rugby inclusivo de Les Abelles: «Tania cuenta con unas condiciones brutales, estamos mirando de meterla en el equipo femenino y todo».

La joven es un ejemplo más de un proyecto que concibió el ya fallecido Jorge Diego 'El Pantera'. «Tenía esa sensibilidad. Fue quien gestionó que el equipo de fútbol inclusivo del Levante viniera a entrenarse a Quatre Carreres. Luego a Ricardo, nuestro actual presidente, se le encendió la luz y vio en esto un proyecto interesante», indica Ruiz.

El proyecto tiene sus complicaciones. Ahora que ya está en marcha, uno de los principales es el de encontrar contrincantes. «Solemos pactar partidos con Cullera, que también tienen un equipo inclusivo. ¿Crear una liga? Somos reticentes a la competición. En el Mundial de Vitoria vimos algunas cosas que no nos gustaron», apunta Ruiz.

Esas son las preocupaciones de presente y de futuro, y para ello una expedición de Les Abelles fue al Mundial. «Además de Tania, acudieron otros cinco chavales, que también jugaron partidos», comenta Natxo Ruiz. El coordinador de este proyecto sí destaca los avances que se han realizado desde que se puso en marcha esta actividad junto a las asociaciones Asindown y Tots Junts Podem: «La idea es que jueguen a rugby de la forma más normalizada posible, con la ayuda de unos facilitadores. Y lo hacen chicos y chicas mezclados, ¡hasta en eso es inclusivo!». A partir del primer año se formalizó el equipo, que se entrena todos los lunes en el polideportivo de Quatre Carreres.

Un grupo de padres pasa cada semana la tarde junto al campo de rugby. Charlan entre ellos, pero sin dejar de observar el entrenamiento. No salen de su asombro de que un simple balón haya cambiado la vida de sus retoños. «Les Abelles contactó con nosotros y conocimos el club. Desde el primer momento ha sido muy motivador para ellos, los chavales vienen contentísimos y les ayuda a relacionarse. Tienen mucha ilusión», comenta Pilar, presidenta de Tots Junts Podem. «Irene tiene 21 años, Síndrome de Down y hasta ahora, deporte cero patatero. Yo me sorprendo, me digo: '¡Ostras, cómo está corriendo mi hija!'. Era una niña muy tímida y ahora habla con todo el mundo. Está siendo muy positivo para nosotros», reflexiona Manolo.

«Participa como el que más»

«Mi chaval padece un síndrome bastante complicado. Desde hace dos años, si lo ves corriendo por aquí... participa como el que más», comenta el propio Natxo Ruiz. En Les Abelles saben que queda mucho camino por recorrer. Por ejemplo, actualmente no hay reglamento: «Las melés son pactadas, sin empujes, en las touch no se levanta a los jugadores y los placajes son acompañamientos, abrazas al contrincante y caes con él. De momento no hay uno unificado que cuente con el aval de la World Rugby, pero estamos trabajando con Cullera en uno».

Pero mientras se dan avances poco a poco, los chicos y chicas se niegan a parar. Sienten pasión por el rugby. A Alejandro, con Síndrome de Down y con muchos problemas para relacionarse, este deporte le permite comunicarse, moverse y correr. «Hago cosas que me gustan con la ayuda de los entrenadores. Y además de practicar deporte, trabajo como jardinero», afirma Óscar. «Le ha servido para aprender a acatar órdenes, su madre flipa», apunta Natxo. Cerca de él camina Quique, a quien un accidente truncó la vida y este proyecto le ha supuesto una puerta abierta a nivel social. «No nos importa la competición, casi preferimos que no la haya», reitera el coordinador de un proyecto que no es sino un ensayo continuo contra la exclusión de personas con discapacidad.

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