«Es más fácil subir al Everest que criar a un hijo»

«Es más fácil subir al Everest que criar a un hijo»
R. C.

Edurne Pasaban es la primera mujer en la historia que ha completado los catorce 'ochomiles' del planeta. En mayo tuvo a Max. Ya ha llevado a su bebé a conocer el monte y sabe que le gusta

JAVIER GUILLENEA

Cuando sube a un quinto piso lo hace por las escaleras o en ascensor?

- Mi abuela vive en un quinto y subo en ascensor.

- ¿No se entrena subiendo por las escaleras?

- A veces sí, no hay problema. La gente me suele decir 'tú por las escaleras', y oye, no, cuando hay ascensor también sé cogerlo, ¿eh?

- ¿Qué es más fácil, criar a un hijo o subir al Everest?

- Yo creo que subir al Everest.

- ¿De verdad?

- Ahora mismo está llorando (la entrevista es por teléfono). Cuando voy al Everest más o menos sé lo que hago pero aquí, cuando Max llora y no sabes por qué, te quedas sin respuestas. Es un poco complicado.

- ¿Ha ido al monte con Max?

- Ya he ido. Lo llevo en la mochila y le gusta. Ya le he 'enchufado'.

- ¿Cómo lo sabe?

- Le encanta mirar los árboles desde abajo. Cuando le llevas a un bosque y por debajo pasa la luz, el chaval se queda observando. Veo que le gusta estar ahí, se relaja muchísimo.

- ¿No le va a salir surfista, entonces?

- No lo sé. Vivimos cerca del mar, todo puede pasar.

- ¿Cuando Max le pregunte por qué sube montañas, qué le va a decir?

- La verdad es que no voy a tener una respuesta fácil. Porque me gustaba, porque me hacía feliz cuando empecé a los catorce años y hasta ahora, eso le voy a contestar. Que descubra él por sí mismo por qué a su madre eso le hacía feliz.

- En 2009 estuvo a punto de morir en el Kangchenjunga. ¿Aquella experiencia hizo que algo cambiara en su interior?

- Cuando haces este deporte siempre eres consciente de que te pueden pasar esas cosas. En aquel momento vi que era el final y sí te replanteas algo, pero yo creo que mi vida ha cambiado más ahora, cuando pienso en cómo habría reaccionado si entonces hubiera tenido un bebé. Antes yo era responsable de mi vida y la de mis compañeros, ahora las responsabilidades son mayores, siento que mi mochila va más cargada.

- En el Kangchenjunga se decía a sí misma que tenía que levantarse, pero su cuerpo no obedecía. ¿Se puede aprender algo de eso?

- De lo que ahora soy más consciente es de la capacidad de supervivencia que tenemos los humanos. Hasta que no estamos en una situación tan extrema las personas no nos damos cuenta de la capacidad de querer vivir que tenemos. Todos pensamos que los accidentes les pasan a los demás y tenemos miedo a enfrentarnos a una situación como esa porque no sabemos cómo vamos a reaccionar, pero viviéndolo yo misma y viéndolo en otra gente, me he dado cuenta de que todos los humanos tenemos un instinto de supervivencia que estiramos lo más posible. Intentamos seguir viviendo hasta el final.

Escuchar al instinto

- ¿Allí arriba se pasa miedo o no hay tiempo para ello?

- Si estuviéramos con miedo no estaríamos allí. Hay un algo, un miedo que te acompaña y que te mantiene más atento, pero no nos bloquea.

- ¿Es difícil tomar la decisión de dar la vuelta en pleno ascenso?

- Mucho. Las decisiones hay que tomarlas en un breve momento, en diez o quince minutos tienes que decidir si vas para adelante o para atrás. Es difícil, pero yo siempre he dicho que escuchar al instinto es importante. Si lo oyes quiere decir que te estás planteando algo porque tienes miedo, no tienes suficiente nivel o no lo ves claro. Hay que saber interpretar eso y no tener miedo a dar la vuelta.

- Pero luego, cuando están abajo, ¿no les asalta la duda de que quizá hubieran podido llegar, que se han rendido demasiado pronto?

- Todos nos lo planteamos. Cuando en la vida y en alta montaña bajas, te dices si has sido una cobarde. Eso es humano y todos nos lo preguntamos, pero al final debemos tener la capacidad de no machacarnos con eso. Has tomado la decisión y punto, no sabes qué habría pasado si hubieras continuado, pero la decisión ya está tomada. Nunca hay que arrepentirse de las decisiones que uno toma, y menos en esos niveles.

- ¿Merece la pena tanto esfuerzo para estar unos minutos en la cumbre?

- Merece la pena si eres capaz de disfrutar el camino. Sé que es una frase muy hecha, pero es verdad. El concepto de escalar una montaña de 8.000 metros no es solo la guinda de la cumbre. Saber disfrutar cada día mientras subes y escalas sí merece la pena.

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