Las Provincias

Siguiendo la estela de Carolina Marín en Valencia

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Instalaciones del Club Bádminton San Fernando de Valencia. / LP

  • El Club Bádminton San Fernando de Valencia, con casi un centenar de socios, va a cumplir treinta años de vida

El pasado 19 de agosto Carolina Marín venció a P. V. Sindhu en la final femenina de bádminton de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. La onubense se hizo con la medalla de oro y consiguió que su deporte, minoritario en nuestro país, saltara a la palestra informativa y entrara en los hogares de miles de españoles a través de la televisión.

Hace veintinueve años, cuatro personas decidieron fundar un club de este deporte en Valencia. “Tuvieron incluso que descubrir cómo se jugaba, porque nadie lo conocía; en el club eran muy pocos, y ahora en el pabellón cuando hacemos jornada de puertas abiertas metemos más de cien personas”, cuenta orgulloso Paco Vallet.

Es el vicepresidente del Club Bádminton San Fernando de Valencia, fundado en 1987 en torno al antiguo pabellón que llevaba su mismo nombre. Hoy han regresado a sus orígenes, aunque el recinto, reconstruido, ya no se llama San Fernando, sino La Fuensanta.

Muchos no conocían hasta este verano el deporte del bádminton. Otros sólo por las clases en el colegio. “En el momento en que adquieres cierta técnica en el juego y velocidad se convierte en un deporte muy explosivo, muy complejo técnicamente y que tácticamente también tiene bastantes complejidades; es fácil aprender a jugar a nivel iniciación, y lo que acaba enganchando a la gente es que se nota mejoría con el transcurso de los días”, explica Juan Fernández, uno de los entrenadores del club.

“Es un deporte en el que si no le das fuerte al volante te viene relativamente lento, por lo que tienes mucho tiempo para pensar y para golpear, y teniendo un poco de coordinación mano-visión, es suficiente para empezar a jugar y pasar un buen rato”, añade poco antes de comenzar uno de sus entrenamientos en el pabellón municipal de La Fuensanta.

En el club entrenan y compiten casi 90 personas, entre las que hay gente de todas las edades y sexo –hay tres jugadores de más de 70 años–.

“A los siete años, en el colegio donde estudiaba, llevaron el bádminton como deporte extraescolar, y decidí apuntarme con un grupo de amigos, y ahí empezó todo; conforme pasaban los años el entrenador nos ofreció federarnos”, recuerda Silvia Ferrandis, de 24 años, una de las mejores jugadoras del club.

“Cuando compites en torneos nacionales al final se convierte como un segundo trabajo; entrenas casi todos los días, al menos tres veces por semana, y los fines de semana ya sabes que te toca viajar fuera y competir”, agrega la deportista.

Ante la pregunta de la influencia de Carolina Marín en el deporte y entre sus deportistas, Silvia rememora los tiempos en los que coincidía en torneos con la campeona olímpica. “Le veías jugar y sabías que iba a ser muy buena; ahora que ha ganado el oro en los Juegos Olímpicos ha sido un subidón para todo el bádminton”.

“La gente se sigue sorprendiendo del bádminton, cuando les digo a la gente que lo practico ahora ya lo reconocen porque lo acaban de ver en la televisión; hasta hace dos años, hasta que no llegó Carolina Marín, no se había visto nunca un partido en la tele; ése es el cambio importante”, concluye Paco Vallet.