Las Provincias

camino a río

La guerrera sureña que emigró hacia el hielo

La alicantina Lara González, durante  un partido con su actual club, el Siófok KC de Hungría.
La alicantina Lara González, durante un partido con su actual club, el Siófok KC de Hungría. / siofokkc
  • «Todo deportista sueña con llegar a unos Juegos Olímpicos y ojalá pueda conseguirlo», comenta Laura González, lateral izquierdo de balonmano

  • José Aldeguer la hizo debutar en División de Honor cuando aún era juvenil y con 19 años fichó por el Metz

Lara es una chica mediterránea con raíces castizas. «Me considero del sur, aunque mi familia proviene del norte, de León», matiza. Le encanta el mar, el jamón, el queso fresco, las tapas y las cañas y, sobre todo, el sol. «Es lo que más echo de menos. La forma de vivir de allí». De su casa. De su Santa Pola natal y los paseos hasta la zona del faro, a los que tuvo que renunciar para convertirse en guerrera. Porque los campos de batalla de verdad, las canchas donde se forjan las grandes jugadoras de balonmano, no están bañadas actualmente por el Mediterráneo. A esta alicantina de 24 años, como a la mayoría de sus compañeras de una selección española que enamora en cada campeonato por su forma de competir, les ha tocado emigrar hacia el frío para poder vivir de su deporte.

Lateral izquierdo cerrada («ahora me siento bien en esta demarcación, siempre he jugado ahí»), a Lara González no le supuso un gran problema firmar por el Siófok KC de Hungría. Su gran dilema se le planteó cuando era una veinteañera, el día en que le llamaron para firmar con el Metz. En aquellos momentos vivía un sueño. «En mi familia siempre se ha hecho deporte, yo probé varios en las escuelas de Santa Pola», comenta. Allí jugó cuando era infantil y cadete y estuvo dos años en el centro de alto rendimiento de Cheste. A partir de ahí se fue al Torrellano, filial del Elche Mustang, de División de Honor. Allí la descubrió su mentor, José Aldeguer, que entonces era técnico del conjunto ilicitano: «Me dio la oportunidad de estar en un club de la máxima categoría cuando todavía era juvenil y junior. En total fueron cuatro años... me costó mucho marcharme».

Lara González vivió la última gran etapa del balonmano femenino en la Comunitat. «Aquí hemos tenido cinco equipos en la División de Honor. Estaba Puerto de Sagunto, Elda, Monóvar, Alicante y nosotras... es para sentirse orgullosos», reflexiona. Tiempos pasados. Para el balonmano de la Comunitat y para Lara. Cuando le llamaron desde Metz, su padre y su hermana le animaron. Su madre no tanto: «A ella se le hizo un poco difícil que me marchara. Tenía 19 años. Pero mi padre veía que tenía posibilidades. Después de aquello, cuando les dije que me iba a Hungría les pareció normal», bromea.

Fue otra decisión difícil. «En Metz probablemente viví los tres mejores años de mi carrera. La estructura de club era totalmente diferente a lo que yo conocía de Elche. Te lo daban todo y allí el balonmano se vendía mucho. En la primera temporada conseguí dos títulos, he disputado dos años la Champions y he jugado una final de EHF. Pero soy joven y la última campaña no tuve todos los minutos que quería», explica Lara González.

Le llamó personalmente el entrenador del Siófokk. Ahora está totalmente integrada en el club húngaro, del que es una de las jugadoras franquicia, como puede observarse en su web. «Echo de menos la forma de vivir en España, pero el nivel de balonmano aquí es muy alto. Hemos hablado y en principio hemos llegado a un acuerdo para seguir», comenta. Y eso a pesar de la pesadilla que vivió en octubre.

Durante el España-Austria clasificatorio, la jugadora de Santa Pola cayó sobre su rodilla izquierda y se desplomó en la pista entre gritos de dolor. Rotura de ligamentos que parecían cerrarle las puertas del torneo continental y minaba el camino hacia Río. Pero Lara González no se rindió. Trabajó duro para estar con la selección en enero y lo consiguió. «En el club se portaron muy bien conmigo. En tres meses no fui a Hungría. Los médicos me dijeron que tenía la rodilla estable, que no había peligro. Después del Mundial tuve algún problema, pero bajé a España, me infiltraron y ahora va todo bien», asegura.

Ahora Lara González está centrada por fin en el Siófokk, pero no deja de mirar de reojo hacia Río. «Todo deportista sueña con llegar a unos Juegos Olímpicos y ojalá pueda conseguirlo. Entré en la selección después de Londres. Es complicado porque a Río van catorce más una, pero vamos a luchar por ello», asegura. Recuerda cómo consiguieron las Guerreras ese billete olímpico, gracias a Noruega después del criminal arbitraje contra Francia, que eliminó a España en el Europeo: «Fue un alivio después de todo lo que ocurrió. De alguna manera, da la sensación de que fuimos recompensadas».

A sus 24 años, Lara tiene asumido que tardará en volver a asentarse en Santa Pola. No descarta jugar de nuevo en España, pero de momento quiere seguir en el balonmano del más alto nivel. Estudia Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, domina el francés de su etapa en el Metz y ahora está enzarzada con el inglés. Pero sobre todo, es una guerrera que lucha por ir a Río.

y natural de Santa Pola, es uno de los valores de futuro del balonmano español. Juega de lateral izquierdo y estuvo en el equipo de la plata europea en 2014