Las Provincias

Atletismo | Europeos

La edad de oro de Ruth Beitia

La edad de oro de Ruth Beitia
  • La cántabra, campeona con un salto de 2,01, es la segunda atleta de la historia que revalida el título europeo en salto de altura

Ruth Beitia cargó durante años con una pesada carga, el sambenito de no poder nunca con los dos metros en los momentos culminantes, en las grandes competiciones internacionales. Pero hasta eso es historia en la sorprendente atleta de Santander, que va enganchando una medalla con otra desde que se desdijo y continuó saltando tras los Juegos de Londres. La última, la undécima entre Mundiales y Europeos, llegó en Zúrich, en esa catedral del atletismo que es Letzigrund, cuando impuso toda su categoría al superar al primer intento los 2,01. Ahí acabó la pelea por el oro. Nadie más pudo con esa altura. Ni la rusa Kuchina, ni la croata Simic, ni la polaca Kasprzycka. Todas tumbaron el listón y Beitia revalidó el título de campeona de Europa, algo que a lo largo de la historia solo lo había conseguido la rumana Iolanda Balas.

Tan centrada está la nueva Beitia que, lejos de dejarse llevar, intentó apurar su buen momento y pidió que colocaran el listón en 2,03, un centímetro por encima de su récord de España. Pero eso ya fue demasiado y cuando terminó sus tres intentos se fue corriendo a abrazarse con su entrenador, el sabio Ramón Torralbo, de quien nunca se cansa de decir que es el 50% de sus medallas. Otra muestra de sensatez de Beitia. Porque, como le tuiteó la velocista Belén Recio, «vuela tan alto porque tiene la cabeza en la tierra».

Beitia, que es la doble campeona de Europa al aire libre y la campeona de Europa en pista cubierta, ya no piensa en la retirada. La cántabra saltará mientras siga disfrutando y eso está asegurado si la ristra de medallas no para de crecer. Y más si llega a una final y la sentencia con un salto de 2,01, la mejor marca mundial del año, su mejor resultado en un gran campeonato. Es la novena vez que Beitia vuela por encima de los dos metros, pero hacía cinco años que no alcanzaba esta cota. Con ese 2,01, además, iguala el récord del mundo de veteranos que tenía la rusa (posteriormente ucraniana) Inga Babakova.

La campeona de Europa ya es una leyenda del atletismo español. Hay muchos niños que desean ser como ella. Y hasta hay una adolescente de Petrer, un pueblo de Alicante, que se hace llamar la Pequeña Beitia. Paula García estuvo hace unas semanas en Santander pasando unos días con su ídolo, que le dedicó gran parte de su tiempo y le enseñó sus rincones prefereridos de la ciudad, incluido el bar Soplao, donde celebra sus éxitos y donde han convertido sus paredes en un museo de la saltadora. Paula, claro, practica el salto de altura y estuvo en Alcobendas para abrazarse a Beitia después de convertirse en campeona de España.

La vida le sonríe a Beitia y por eso no piensa cambiarla dejando el atletismo. Aunque sabe que nada es eterno. «Ha sido un trabajo fantástico el que hemos hecho este año, sigo viviendo este regalazo que me ha dado la vida con esta prórroga después de los Juegos de Londres y voy a continuar un poquito más, a ver qué pasa, día a día. Aunque algún día el cuerpo dirá ‘hasta aquí habéis llegado’, pero hasta ese día estaré ahí». La atleta, que también es diputada autonómica en Cantabria, está ilusionada con llegar a la próxima temporada. «Sigo con muchísima ilusión porque cumpliré las bodas de plata con mi entrenador», explicó en referencia a los 24 años que llevan juntos trabajando Beitia y Ramón Torralbo.

El título de Ruth Beitia fue la culminación a unos excelentes Europeos del renovado equipo español. El seleccionador Ramón Cid no se equivocó con sus pronósticos y acertó con su augurio más optimista de seis medallas: los oros de Beitia y Miguel Ángel López (20 kilómetros marcha), la plata del lanzador Borja Vivas (peso) y los bronces de Diana Martín (3.000 metros obstáculo), Indira Terrero (400) y Ángel Mullera (3.000 obstáculos). España, además, alcanzó los 22 puestos de finalista (entre los ocho primeros).