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La fuga de Indira Terrero acaba en un podio

Terrero celebra su bronce.
Terrero celebra su bronce. / Afp
  • La cubana nacionalizada que se entrena en Valencia gana la medalla de bronce en los 400 metros

Durante unos minutos, en el mítico Letzigrund Stadium, Europa mostró el mestizaje que se ha extendido por todo el continente. Dos etíopes luchando por el título de los 1.500 y, un poco antes, dos cubanas colgándose una medalla en los 400. Una de esas caribeñas es Indira Terrero, que llegó a España para hacer historia y darle la primera medalla de su historia en un Europeo en los 400 metros al acabar tercera (51.38, segunda mejor marca nacional de todos los tiempos) en la final tras superar, por milésimas, a la campeona olímpica y mundial Christine Ohuruogu. La campeona, la italiana Libania Grenot (51.10), era su compañera de entrenamiento en la isla hace más de 10 años y este viernes compartieron el podio en Zúrich como europeas.

Indira Terrero (La Habana, 1985) se fugó junto a otros tres compatriotas -también estaban Mauri Castillo, que se entrena en Sevilla junto a Kevin López y Luis Alberto Marco, Yeimer Lopez y Michel Pérez- del hotel de la selección cubana en San Fernándo (Cádiz) durante los campeonatos Iberoamericanos en junio de 2010. Se fueron con lo puesto, una maleta y una bolsa de deporte, a Castellón, donde les esperaba un contacto.

Durante un año vivió gracias a la caridad del Playas de Castellón, el club que la fichó, le dio un piso y un trabajo como monitora de su escuela de atletismo para que pudiera ganarse la vida. Su entrenador fue el cubano Omar González, que le auguraba un gran futuro en el 800, hasta que llegó Rafa Blanquer con todo su poderío económico y, cegado por sus atractivos 50.98 en los 400 (los hizo en Cali con 23 años), le ofreció una ficha en el València Terra i Mar, un piso y su ‘habilidad’ para lograr nacionalizaciones, como las que le agenció a Niurka Montalvo, Glory Alozie o Josephine Onyia en el pasado. Terrero se mudó a Valencia.

Fueron años duros, en los que apenas pudo competir. Al principio tenía un visado de Francia, pero viajó hasta París y descubrió que la federación no iba a mover un dedo por ella. Desolada, regresó a España en tren. En Valencia, sin poder competir en el extranjero, tuvo que armarse de paciencia y agradecer cada gesto de generosidad de Blanquer. Hasta que el 7 de abril recibió la nacionalidad española. No tardó en amortizarla y después de un campeonato sobresaliente -ganó su serie y su semifinal- atrapó su primera medalla como española, exhibiendo un control del ritmo, vital en la vuelta a la pista, extraordinario. En esa final también estuvo Aauri Lorena Bokesa, la exjugadora del Estudiantes de baloncesto y de la selección, que acabó octava. Ambas son las dos primeras españolas en entrar en una final continental. Ya en el podio, al lado de su antigua antigua compatriota Grenot, que se convirtió en italiana en 2008, dos años después de casarse con un romano, Indira Terrero se emocionó. Aquello era el final de aquella fuga en 2010.

La nueva hornada del 400 incluye, en la vertiente masculina, a Samuel García, una torre canaria que se ha convertido en el referente español de la distancia. Su mes glorioso culminó con su participación en la final del Europeo, donde fue muy valiente en los primeros 200 metros, algo que acabó pagando: terminó séptimo (46.35).

Beitia y Cáceres, a la final

La jornada del viernes cerró con esa cuarta medalla para España, que ya lleva 13 finalistas, pero también abonó nuevas opciones. La más firme es la de Ruth Beitia, la cántabra que, en otra calificación sin nulos, un clásico en su historial, accedió a la final de salto de altura en la que defenderá su título. “Subir a lo más alto sería la bomba”, señaló la plusmarquista española, quien lamentó las ausencias de Vlasic y Chicherova, pero recordó que también es un mérito no lesionarse. También se metió en su final sin rodeos Eusebio Cáceres, el alicantino que saltó 8,05 en su segundo intento, cinco centímetros por encima de la distancia exigida, aunque al final el corte se quedó en 7,78, una marca muy asequible que no alcanzaron ni Jean Marie Okutu (7,64) ni Luis Felipe Méliz (6,85), que se retiró lesionado.

El 1.500, la prueba fetiche del atletismo español, estuvo a punto de propiciar otra enorme decepción cuando ninguno de los tres representantes logró meterse en la final. Adel Mechaal, que impuso un ritmo suicida en las primeras vueltas, Manuel Olmedo, que pinchó en los últimos 100 metros, y David Bustos, que sufrió una caída, no superaron la criba, pero el balear fue recalificado y estará en la final del domingo.