Violencia creciente en la gran Europa

Incidentes en el estadio Pierre Mauroy de Lille. /Afp
Incidentes en el estadio Pierre Mauroy de Lille. / Afp

Los recientes incidentes en España, Francia, Alemania y el Reino Unido, además de en Grecia, alertan sobre la necesidad de sanciones ejemplarizantes

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKOMadrid

El escándalo de Grecia, donde tradicionalmente los enfrentamientos deportivos entre los equipos de Salónica y de Atenas derivan en conflictos, es sólo uno más de los muchos que han puesto en jaque al fútbol en los últimos días. Ya sea un problema social, político, de vandalismo o de indignación por la irrupción de magnates al frente de muchos clubes, o una mezcla de todo, el caso es que varios campos de fútbol y sus aledaños se han convertido en campos de batalla. Y no precisamente en países de Sudamérica donde los episodios protagonizados por las barras bravas son comunes, sino en la gran Europa.

Como si de un efecto llamada o dominó se tratase, las imágenes de terror se han sucedido desde que el pasado 23 de febrero falleció el ertzaina Inocencio Alonso, víctima de un infarto que le sobrevino durante los graves incidentes entre los radicales del Athletic y del Spartak de Moscú en la explanada junto a San Mamés. La UEFA condenó estos «hechos deplorables» y medita imponer duras sanciones a ambos clubes.

Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, instó al Gobierno a la ilegalización de todos los grupos ultras que ejerzan violencia antes, durante y después de los espectáculos deportivos, dentro y fuera de los estadios. Además, pidio una directiva de protección ciudadana que obligue a los países miembros de la Unión Europea a adoptar medidas contra la violencia y el racismo.

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El jueves pasado, la UEFA abrió un proceso disciplinario contra el París Saint-Germain por las bengalas encendidas por sus aficionados en el partido de vuelta de octavos de final de la Champions que enfrentó al campeón galo con el Real Madrid en el Parque de los Príncipes. La Comisión de Control y Disciplina del alto organismo europeo fallará el día 22 de marzo impondrá al club galo una dura sanción económica, sin descartar incluso el cierre del estadio por un partido, por utilización de «aparatos pirotécnicos, punteros laser, obstrucción de escaleras y organización insuficiente».

También en Francia, los ultras del Lille invadieron este sábado el campo para golpear a los jugadores tras el empate 1-1 ante el Montpellier. Alrededor de 100 radicales lograron acceder al césped y corrieron tras los jugadores, a los que en algunos casos pegaron, principalmente patadas, antes de que los agentes establecieran un cordón de seguridad que permitió a los futbolistas alcanzar los vestuarios del estadio Pierre Mauroy.

Ya con los futbolistas a salvo, los ultras abandonaron el césped. La simple justificación que ofrecieron de su acción es la mala marcha del equipo, en zona de descenso. Precisamente el presidente del Lille, el empresario hispano-luxemburgués Gerard Lopez, había destacado justo antes del partido el buen diálogo que tenía con los diferentes grupos de hinchas.

Amenazas de muerte

A sólo 679 kilómetros de esta ciudad al norte de Francia, un grupo de radicales del Hamburgo, hartos de la trayectoria deportiva de su equipo, reaccionaron clavando once cruces sobre el terreno de juego del campo de entrenamiento. Los radicales colgaron también una bandera intimidante contra el Hamburgo, el único club que ha participado en todas las ediciones de la Bundesliga (55) pero que ahora es penúltimo con sólo 17 puntos, sólo por delante de otro histórico como el Colonia.

Los jugadores del Hamburgo se encontraron con esta macabra amenaza de los aficionados en el entrenamiento del domingo. Once cruces que iban acompañadas de una pancarta en la que se podía leer el siguiente texto: «Ha llegado su hora, no podeís escapar». La polícia de Hamburgo actuó rapidamente y abrió una investigación para averiguar quién es el responsable de estas amenazas.

La violencia alcanzó a Inglaterra, un ejemplo de civismo en la Premier desde que el gobierno de Margaret Thatcher decidió actuar con contundencia y dictó la ‘Footbal Spectators Act’ y el ‘Informe Taylor’ para erradicar el ‘hooliganismo’ y mejorar la seguridad en los estadios tras las tragedias de Hillsborough y de Heysel y la sanción ejemplarizante de la UEFA, que prohibió durante seis años a los clubes ingleses participar en competiciones europeas.

Este sábado, los propietarios del West Ham dejaron el London Stadium en pleno partido, a raíz de los incidentes desatados sobre el césped y en las tribunas durante la derrota en casa ante el Burnley (3-0). Después del primer gol del rival, algunos aficionados invadieron el terreno de juego, antes de que el defensa James Collins les exhortase a abandonar el césped. Uno de los hinchas fue incluso reducido y lanzado al suelo por el capitán de los ‘Hammers’, Mark Noble, furioso al ver que sus propios seguidores les atacaban. El segundo gol del Burnley provocó nuevas escenas de caos.

Varios centenares de aficionados la emprendieron contra el palco, pidiendo a los propietarios que se fuesen, acusándolos de haber destruido el club. Los copropietarios David Gold y David Sullivan, cuya decisión de llevar al equipo de Upton Park al antiguo estadio olímpico está en el origen de la discordia, abandonaron el London Stadium temiendo por su seguridad. Las fuerzas de orden se hicieron con la situación y controlaron a los aficionados.

«No creo haber visto nunca algo parecido en un partido de fútbol», reaccionó el entrenador del West Ham, David Moyes, pidiendo a los aficionados que apoyen a sus jugadores de «otra manera». Los incidentes del sábado pusieron colofón a una semana agitada para el club, después de que se anulasen dos manifestaciones, la segunda debido a un altercado entre los propios grupos de seguidores.

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