Las tres vidas de Carlisle

Cicatrices. Carlisle intentó suicidarse antes de la Navidad de 2014 lanzándose ante un camión. / ANTHONY DEVLIN/PAWIRE
Cicatrices. Carlisle intentó suicidarse antes de la Navidad de 2014 lanzándose ante un camión. / ANTHONY DEVLIN/PAWIRE

Un desconocido disuadió hace unas semanas al exfutbolista de la Premier de suicidarse. Hace tres años se lanzó contra un camión en marcha

FERNANDO MIÑANA

Clarke Carlisle era un niño feliz. Uno de esos chiquillos que patean un balón por pura imitación. Como papá, que jugaba al fútbol medio en serio. A los ocho años, su abuelo le regaló la biografía de Pelé y terminó de enamorarse del fútbol. Hizo camino y se formó como un central prometedor. Hasta la selección inglesa sub 21 le abrió las puertas y disputó tres partidos. Y después la Premier League. Era un joven feliz.

Su vida era sencilla. Entrenar y jugar. Un objetivo diario y uno mayor cada fin de semana. No era difícil mantenerse dentro del carril. Hasta que la mente hizo clic y por las grietas entraron las dudas, los miedos. Depresión. Una debilidad que escondió en el vestuario, un almacén de tipos seguros de sí mismos. Allí, con subidas y bajadas, de club en club -llegó a jugar más de quinientos partidos en nueve equipos diferentes-, resistió 16 temporadas.

Pero llegó el adiós. El final del camino. Y con él, el final de las rutinas y los objetivos. Menores y mayores. El vacío. La caída. El 22 de diciembre de 2014, un año después de su despedida del fútbol, se acercó hasta la carretera A64, al sur de York, dio dos pasos y saltó delante de un camión de 12 toneladas que circulaba a 90 km/h. «Salté. Noté una carga contra el hombro. Puedo recordar ese impacto. Bang. Luego todo se apagó», relató tiempo después a 'The Sun'.

Clarke sobrevivió de milagro. Un helicóptero se lo llevó hasta el hospital de Leeds. Allí estuvo seis semanas en una cama. Después se fue a un centro psiquiátrico. Además de la osamenta tenía que reconstruir su mente, débil, quebradiza. Trastorno depresivo complejo recurrente, decía el diagnóstico. Allí encontró herramientas para hacer frente a los bajones. A golpes como la noticia, seis meses después, de la muerte del hombre que le socorrió tras el atropello.

Le enseñaron a defenderse. Un kit de herramientas, lo llamaba el exjugador de la Premier, el hombre que llegó a presidir la Asociación de Futbolistas Profesionales. Y mientras hablabla del «gran vacío por llenar» tras dejar los ruidosos estadios, de lo «increíblemente difícil» que es la transición del fútbol al mundo real, se veía con fuerzas. «Debería estar muerto», se recordaba para aferrarse a la vida. Y corrió el maratón de Londres para recaudar fondos en la lucha contra el cáncer y, de paso, zancada a zancada, huir de sus miedos. «Correr fue catártico», solía decir.

«Solo llama a tu casa»

Pero su problema era más veloz. Le alcanzó y volvió a golpearle. Hace un mes, su nueva mujer, una presentadora de televisión llamada Carrie Armstrong, telefoneó a la Policía de Mánchester para denunciar que Clarke había desaparecido. Nadie sabía dónde estaba. Se había ido sin dejar huella.

Carlisle, coronado en 2002 como el futbolista más inteligente por un concurso televisivo, se fugó a Liverpool. Otra huida. Un día estaba en un parque pensando cómo quitarse la vida. Estaba sentado en el suelo cuando vio llegar un coche. Un desconocido se bajó y se sentó a su lado. «Pensaba que eras tú. Tu familia te está buscando», recuerda Carlisle -en una entrevista con la BBC Radio5- que le dijo aquel hombre. «Un amigo suyo se había suicidado unos días antes y me dijo: 'Pensé que eras tú y no quería irme sin comprobarlo'». Aquel ángel de la guarda le abrazó, lloró sobre su hombro y sollozó: «Solo llama a tu casa».

Aquel hombre le salvó la vida. Su mujer descolgó el teléfono y respiró. «Escuché su voz y fue literalmente el mejor momento de mi vida porque pensé que nunca volvería a saber de él, pero este maravilloso caballero se quedó con él». El final de la angustia que Carrie, que espera un hijo de su esposo, lanzó sobre su columna semanal en un periódico. «He vivido toda mi vida felizmente inconsciente, ignorante del concepto de sufrimiento auténtico. Hasta esta semana».

Carlisle, que tiene 38 años, reconoció por segunda vez que iba decidido a acabar con esa vida de dolor. «Me encontraron en Liverpool cuando todavía estaba obstinado y pensando en la forma más conveniente y responsable de suicidarme. Creo que eso me salvó la vida porque vi muchas oportunidades pero pensé que sería mejor si lo hacía de forma silenciosa en uno de los almacenes abandonados donde mi cuerpo nunca sería encontrado».

Carlisle vuelve a la casilla de salida. La vez anterior dijo que su problema no tenía otra solución que una pelea continua. Aunque ahora su mujer asegura que no volverá a desoír las señales que esta vez había ignorado porque en su cabeza sana era impensable el tormento que sufría su marido, que afronta su tercera vida...

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