Escándalo en el fútbol español

«Algún día tenía que pasar»

Villar, custodiado por agentes de la Guardia Civil. / Foto: Juan Medina (Reuters) | Vídeo: Atlas

Los empleados de la FEF han podido volver este miércoles a sus puestos de trabajo pero les invaden sentimientos de vacío, impotencia y preocupación por su futuro laboral

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKOMadrid

Preocupación, incertidumbre y vacío son los términos que mejor definen el sentimiento de los cerca de 200 empleados de la Federación Española de Fútbol. Aunque este miércoles volvieron a una situación de relativa normalidad en su sede Ciudad del Fútbol de Las Rozas, ya que una vez concluidos los registros la Guardia Civil ya les permitió acceder a sus puestos de trabajo y funcionar con sus ordenadores, la gente allí sigue en estado de ‘shock’ tras la detención de su gran jefe y de sus principales colaboradores en materia económica por una trama generalizada de corrupción.

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Ajenos por completo a los presuntos delitos de administración desleal, apropiación indebida, corrupción entre particulares, falsedad documental y posible alzamiento de bienes, todo ello en relación con la organización de partidos internacionales de la selección española, los trabajadores temen sobre todo por su futuro laboral. Las dudas les asaltan. No saben si se repetirán los recientes comicios electorales, si la junta directiva podrá elegir alguna figura de transición como Luis Rubiales, el presidente de la AFE al que Villar iba a proponer como vicepresidente primero, o si anteriores aspirantes como Jorge Pérez volverán a la batalla. Pero sí asumen que el fútbol español tendrá que sufrir, o bendecir, una metamorfosis. De momento, hay parálisis. Ni se celebró la junta directiva del miércoles, ni tendrá lugar la asamblea del jueves.

En el plano deportivo, tanto la selección absoluta de Julen Lopetegui como las inferiores gozan de muy buena salud y no parece que la crisis pueda afectarles directamente. Algunas fuentes consultadas coinciden en que futbolistas y técnicos prefieren situarse al margen del conflicto y centrarse en su profesión y en sellar la clasificación para el Mundial de Rusia 2018. Más allá del cariño que pudieran tenerle a Villar y a sus acólitos, su mirada se centra en la cita clave ante Italia del 2 de septiembre en el Santiago Bernabeu, en la visita a Liechtenstein tres días después y en los choques ante Albania en casa e Israel, fuera, los días 6 y 9 de octubre. En cuanto a amistosos sólo está cerrado el de marzo ante Alemania en Düsseldorf. El calendario no para pero es una incógnita quién y cómo organizará a partir de ahora los amistosos o negociará las primas de los internacionales, un asunto que durante casi tres décadas ha sido competencia exclusiva del vicepresidente económico Juan Padrón, también detenido.

Compromisos exóticos

Tras conocer que a Ángel Villar se le acusa de haber impulsado partidos internacionales para que su hijo Gorka obtuviera réditos a través de su empresa Sport and Advisers, de la que es administrador único, todos comprenden mejor el porqué de tantos compromisos ante rivales exóticos que generaban sospechas. Desde que conquistó el Mundial de Sudáfrica en 2010, el caché de la selección pasó a ser de un millón de euros por bolo. Entre el triunfo en Johannesburgo ante Holanda y el éxito en la final ante Italia en Kiev que coronó la Eurocopa de 2012, la selección jugó 14 amistosos, que fueron 12 en el siguiente ciclo desde el certamen en Ucrania y Polonia y 14 desde el último Mundial en Brasil.

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz investiga sobre todo los encuentros celebrados en tierras suizas, con rivales como Chile, dos veces, Corea del Sur, Serbia o Bosnia. También chocan pachangas en Estados Unidos ante El Salvador o Haití, el famoso compromiso de Malabo ante Guinea Ecuatorial, o varios encuentros ante México, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Panama, Puerto Rico, Ecuador, Argentina y Uruguay, frente a la que España jugó en enero de 2013 en Doha (Catar). Curiosamente, los contactos con estos combinados americanos eran más fáciles con Gorka Villar como hombre fuerte en la Confederación Sudamericana (Conmebol). ¿Sería por dinero?

Los empleados de la FEF asumen que la 'operación Soule' marcará el final de Ángel Villar y un punto de inflexión sobre las formas de gestionar el alto organismo del fútbol español. Cuando el martes llegaron al trabajo, se encontraron las oficinas cerradas y los ordenadores precintados, y fueron desalojados a los pasillos y a la cafetería, la tensión y la impotencia se apoderó de casi todos. Aunque muchos asumen en privado que «tarde o temprano esto se veía venir» o «algún día tenía que pasar», a todos les sorprendió que Ángel Villar fuera detenido a las ocho de la mañana en su domicilio particular por agentes de la UCO y que a primera hora de la tarde el presidente llegase, custodiado por miembros de la Guardia Civil, para proceder a un registro que se prolongó durante unas doce horas, antes de que el singular 'hombre del fúrgol' durmiese en los calabozos de Las Rozas mientras su hijo Gorka lo hacía en los de Tres Cantos.

Son situaciones que en el mundo del fútbol español sólo recuerdan a lo que sucedió en octubre de 1999, cuando, para investigar los delitos cometidos por Jesús Gil, a la sazón alcalde de Marbella y presidente del Atlético de Madrid, el juez Manuel García Castellón ordenó practicar registros en la sede del club rojiblanco, en el estadio Vicente Calderón, en las oficinas del Club Financiero Inmobiliario en Madrid y en Los Angeles de San Rafael, que se llevaron a cabo por agentes de la Guardia Civil. Luego, el Atlético sería dirigido por Luis Manuel Rubí, inspector de Hacienda que ejerció de administrador concursal, y descendería al «infierno» de Segunda.

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