Moreno, la tarea de rescatar a un histórico

Vicente Moreno, en un entrenamiento reciente con el Mallorca. / rcd mallorca
Vicente Moreno, en un entrenamiento reciente con el Mallorca. / rcd mallorca

El conjunto balear firma un inicio de récord y sigue invicto después de catorce jornadas: «Las cosas funcionan, pero no me desvío del objetivo» El técnico valenciano desechó ofertas de categoría superior para sacar al Mallorca del pozo de la Segunda B

TONI CALERO

valencia. He aquí un tipo que no entiende su vida sin el fútbol y cuyos pasos, puede que de forma inconsciente, le llevarían irremediablemente al banquillo. Vicente Moreno (Massanassa, 1974) fue cocinero antes que fraile. «Tuve la suerte de jugar mucho. Me pude desfogar y cuando me retiré, lo hice a gusto», admite. Siempre actuó como centrocampista, en la zona donde se guisa el juego, y varios de sus años en el Xerez, club que le dejó una profunda huella, asumió el brazalete. La capitanía era otra señal. La transición hasta tomar el mando absoluto del vestuario. «El brazalete es síntoma de jerarquía sobre tus compañeros, tienes ese respeto, el entrenador se apoya en ti... Posiblemente sea una señal, no siempre», sentencia el valenciano desde un tesoro del Mediterráneo, las Baleares, donde espera pasar, al menos, los tres próximos años.

Vicente Moreno fue escogido para secar las lágrimas de un histórico en apuros. El Mallorca de Cúper, de Eto'o, de Roa, de Valerón, Luque o Tristán se ha ido desangrando en las últimas temporadas. Nadie esperaba que cayera a Segunda. Cayó. El asunto fue aún peor cuando el conjunto bermellón dejaba de ser de plata tras una temporada horrible. Miles de errores y a Segunda B. «Aquí hay gente que todavía se pellizca. No sólo aquí, también fuera de Mallorca. No te acabas de creer que este equipo pudiera descender. Entró en una espiral negativa y había un ambiente muy negativo cuando llegué», explica el técnico de Massanassa, que ha establecido su centro de operaciones, el de su familia, bien cerca de Son Moix y de la ciudad deportiva del equipo balear.

Puede parecer un tópico, pero si Moreno dijo sí a la llamada del Mallorca fue por el peso del escudo y la institución: «La Segunda B no es el hábitat del Mallorca». Bajo esa premisa apostó el técnico a que conseguiría crecer de la mano de un histórico del fútbol español. «Lo normal es que esté equipo vaya hacia arriba y no dudé en subirme al barco. Es difícil encontrar una ciudad deportiva de este nivel incluso en Segunda», asegura. Su reto más inmediato es continuar ganando. Casi no ha hecho otra cosa desde que llegó a Mallorca. El equipo es uno de los cuatro invictos -junto a Barcelona, Valencia y Atlético de Madrid- que quedan en el fútbol profesional español. «Tampoco le echo muchas cuentas a este tipo de cosas. Está claro que está funcionando, pero no me desvío del objetivo», culmina.

La meta no es otra que estar entre los 22 equipos de Segunda la próxima temporada. Volver a respirar. Darle impulso a un club 'especial' desde la llegada del inversor norteamericano Robert Sarver, que también ofertó por el Levante. «Es un poco especial porque los propietarios no están en el día a día. Tienen aquí a su persona de confianza -Maheta Molango- y ellos están pendientes del equipo y piden informes», reconoce. Con «ellos» se refiere a Robert Sarver, Steve Nash -la estrella retirada de la NBA- y Andy Kohlberg, responsables del actual proyecto del Mallorca.

Es necesario rebobinar unos cuantos años para entender la carrera de Moreno en los banquillos. El valenciano estaba jugando en el Xerez -más de 400 partidos- y consigue los títulos de entrenador y director deportivo. En dos meses pasa del césped a encargarse del equipo en Segunda por la destitución de Juan Merino. «Fue rápido e inesperado», recuerda. El Xerez salva la categoría y Moreno ha aprobado con nota su experiencia iniciática. Hay un tránsito por la selección valenciana y luego el Nàstic, otra muesca capital en su trayectoria, el club que le puso definitivamente en el foco.

En Tarragona triunfa y en Tarragona sufre. Primero se queda a las puertas de subir a Segunda por un tropiezo final en Llagostera. Al año siguiente consigue el ascenso a la categoría de plata y por un gol no mete al Nàstic en Primera de forma directa. «Se dieron una serie de circunstancias... Fue muy duro no conseguir el ascenso», dice. Por el camino aprende Moreno a relativizar éxitos y fracasos: «Tienes que saber en qué mundo estamos y llevarlo con naturalidad». Su ambición es entrenar en Primera, pero no de cualquier forma: «Cuando llegue, quiero estar preparado y quedarme».

El presente no pasa por el Valencia, sino que su rival es el Mestalla, a quien ganó en Son Moix. «Penev está haciendo un buen trabajo. Me sorprendió un poco su fichaje, pero es un histórico del club», asume. En la cantera blanquinegra coincidió con Albelda, Angulo, Palop o Farinós. A Paterna llegó con 16 años procedente del Levante: «De alguna forma, soy un poco de los dos equipos».

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