Análisis

El Real Madrid se desconecta de Bale

Gareth Bale, sentado en el banquillo de Butarque durante el choque ante el Leganés. /Kiko Huesca (Efe)
Gareth Bale, sentado en el banquillo de Butarque durante el choque ante el Leganés. / Kiko Huesca (Efe)

Zidane le ha relegado al banquillo en tres de los cuatro últimos partidos y la directiva baraja su venta, asumido ya que no es el relevo de Cristiano como estandarte

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Gareth Bale está en la rampa de salida. Relegado a la suplencia en tres de los cuatro últimos partidos, enfadado y taciturno desde que contemplase en el banquillo la mayor parte del trascendental choque ante el PSG, el galés vive sus peores días desde que aterrizó en el verano de 2013 como el fichaje más caro de la historia del Real Madrid. Zinedine Zidane parece haber perdido definitivamente la confianza en el potente pero frágil extremo y la directiva baraja su venta en el mercado estival, toda vez que en la zona noble se ha asumido ya que nunca estará en disposición de recoger los galones de Cristiano Ronaldo como estandarte de la entidad.

«Es un poco de todo», apuntó Zidane cuando se le cuestionó por los motivos que le llevaron a dejar fuera del once a Bale el miércoles frente al Leganés. Pese a darle vacaciones a Cristiano Ronaldo, el francés no estimó pertinente incluir de inicio al futbolista de Cardiff en el encuentro en Butarque, aplazado en su día por la disputa del Mundialito. Prefirió mantener a Lucas Vázquez y Marco Asensio en las bandas, con Benzema como ariete. Premio a dos meritorios que siempre responden, en detrimento del desequilibrante pero desconectado astro que no termina de hallar su encaje en el bloque. «Estoy contento con Gareth y hay que ir poco a poco con él. Queremos que encuentre su mejor nivel y eso va de esta manera», agregó el preparador galo tras el triunfo en el campo del Leganés, algo más expansivo que en la visita del pasado domingo al Benito Villamarín, cuando se limitó a responder que el ‘11’, irrelevante aquel día, había hecho «su partido».

Parcas palabras que sorprendían en boca de un técnico que siempre había defendido sin fisuras a su plantilla. Más aún teniendo en cuenta que se referían a un jugador al que trató con mimo en el pasado y cuyo cabreó ante la pérdida de estatus había quedado patente esa misma semana al enfilar el túnel de vestuarios mientras sus compañeros agradecían el apoyo de la afición tras la victoria ante el PSG, desatendiendo incluso el llamamiento a filas de Sergio Ramos. Aquel partido de Champions, en el que saltó al césped en el minuto 68 después de un buen rato calzándose las botas para desesperación de Chendo, confirmó la ruptura entre técnico y estrella, aunque la separación venía gestándose semanas atrás.

Papel secundario

Desde que retornó de su enésima lesión, Bale no ha disputado ningún partido completo. Trece encuentros a partir del duelo contra el Al Jazira en las semifinales del Mundialito en los que ha tenido que aguardar la llamada del técnico sentado en el banquillo o bien ha sido uno de los elegidos para abandonar antes de tiempo el césped. Un total de 594 minutos de competición en más de dos meses, a una media de 45,6 por choque. Entremedias, seis goles, incluyendo sendos dobletes a Celta y Deportivo de La Coruña, que no han frenado su declinante protagonismo. Papel secundario atribuido al principio a la necesidad de proteger su quebradizo físico -lleva más de 20 lesiones desde que viste la zamarra blanca que le han hecho perderse casi uno de cada tres partidos- pero que en las últimas semanas ha quedado claro que responde a una pura decisión técnica.

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Pese a su tremendo potencial, Bale siempre ha sido un verso suelto. Zidane le dejó fuera de la foto al inicio del partido de Butarque y el galés se borró de la que el vestuario le regaló a Sergio Ramos en conmemoración de los 550 partidos del capitán. Hizo novillos, como Dani Ceballos, otro que salió con el gesto torcido del campo del Leganés tras un insólito cambio a falta de dos segundos para que se cumpliese el tiempo estipulado por el árbitro.

En verano, podría ser Florentino Pérez, el mismo que movió cielo y tierra para sacarle del Tottenham a cambio de 101 millones de euros, el que borre su instantánea a la hora de configurar la plantilla del próximo curso. Por si acaso, su representante ya le puso precio al decir que costaría lo mismo que Neymar. «Vale al menos 222 millones», dijo Jonathan Barnett. La realidad es que su cotización es hoy por hoy muy inferior a la del paulista, y bien que lo saben en la zona noble, donde ahora sí aceptan que lo mejor es venderle, tras las reticencias mostradas el pasado verano.

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