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Fútbol | Liga de Campeones

Mucha seguridad y noche temprana en la ciudad del rugby

Aficionados del Real Madrid, en Cardiff.

Aficionados del Real Madrid, en Cardiff. / AFP

  • Aficionados italianos y españoles se mezclaron para vivir una fiesta previa pese a los ratos de lluvia

Quizá era el día, la alta seguridad alrededor del Millenium Stadium o la dificultad por llegar hasta Gales desde Italia y España, pero hasta pocas horas antes del partido no se vivió una jornada festiva en el centro de Cardiff. Los primeros en llegar se dirigieron al histórico castillo de la ciudad, decorado desde hace días con fotos de un futbolista de cada uno de los 32 equipos participantes en la edición de este año. Un dragón gigante, símbolo de Gales, protegía la copa de Dybala y, cómo no, el ídolo local: Bale.

Allí, a sólo unos metros en esa misma calle Churchill Way, tiene el jugador galés su propio pub, el ‘Elevens’, donde se agruparon para cantar muchos hinchas madridistas tratando de ver los objetos del ‘11’ blanco mientras degustaban una Bale Ale. Se recordaban en la puerta los goles de Ramos, las maravillas de Juanito... mientras algunos, varios de ellos vestidos de toreros, hacían cola para entrar en un lugar convertido en un santuario blanco. Cerca de ellos rondaban los reventas, pidiendo y ofreciendo tickets.

Las aficiones se mezclaron, usando un improvisado 'itañol' que les permitía charlar, rivalizar en cánticos y comentar las costumbres británicas y los precios de las cervezas de los bares locales, que aprovecharon para hacer caja. A medida que llegaban los aficionados desde la estación de tren de Cardiff Central se fue llenando el centro, especialmente Sant Mary. Las terrazas de los bares y restaurantes estaban ya a rebosar.

Otros optaron por ir a las zonas temáticas montadas en la bahía de Cardiff, pero la lluvia fastidió un poco los planes a los más activos en las actividades de la UEFA. Ahí se podían ver muchos aficionados luciendo colores de otros equipos y selecciones distintos a los finalistas. Hinchas de Murcia, Albacete, Racing o Athletic se paseaban mezclados con otros de España, Venezuela, México, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Colombia, Uruguay y sobre todo Argentina. Muchos de ellos pedían a los policías su sombrero para tener la clásica foto de recuerdo.

Cánticos a Llorente

Imagen.Controles para acceder al Millennium Stadium / Rodrigo Errasti

Durante el día se pudo ver a muchos jugadores de ambos clubes, algunos ahora comentaristas (Raúl, Del Piero, Roberto Carlos, Salgado, Helguera o McManaman, del que se podía emular su gol de la 'octava' en la fan zone) y otros, como Amancio o el presidente Lorenzo Sanz, que eran rodeados por la que fue su afición. Varios de esos madridistas se pasaron por el hotel del Real Madrid, donde Florentino dio los últimos ánimos a los suyos. Sorprendió ver a Fernando Llorente, que perdió en 2015 la final de Berlín, tratando de recorrer metros calle arriba por Duke Street con la mejor de sus sonrisas mientras la afición juventina le gritaba: 'Uno di noi'.

Las puertas del estadio nacional, donde en 1999 se jugó la final del mundial de rugby entre Australia y Francia, se abrieron tres horas antes para el público en general, aunque sí se permitió que algunos hinchas de cada club encargados del tifo pasaran unos pocos minutos antes tras varios y severos cacheos. El atentado de Manchester, que dejó 22 muertos y 64 heridos, estaba demasiado presente y llamaba la atención los muros de hormigón que rodeaban el recinto.

Más de tres horas antes del partido, a las 16:22 horas locales y unos cinco minutos después de activar el sistema, el techo del estadio se cerró, convirtiendo la tarde gris galesa en una noche cerrada menos en las cuatro esquinas superiores. La sensación era rara, como de fiesta prematura. Empezaron a entrar los aficionados, ajenos al temor por atentados y aficionados llegados de todas partes del mundo, disfrutando de la fiesta y compitiendo en cánticos de grada a grada.

En la previa dentro del estadio sonó el 'Despacito' de Luis Fonsi, y el 'Si te vas' de Enrique Iglesias mientras se regaba el césped.

Hace 19 años en Amsterdam, cuando el Madrid llevaba 32 años sin tocar una 'orejona' y vivía en la angustia, sonó por megafonía 'Macarena' de Los del Río, que el presidente Lorenzo Sanz bailó antes de que llegara la 'Séptima', gracia a aquel gol de un Pedja cuya silueta de cartón se pudo ver por varios sitios de la ciudad. Definitivamente eran otros tiempos.

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