Fútbol

El fútbol como misión

El entrenador canario, rodeado de niños en Gambia el año pasado.
El entrenador canario, rodeado de niños en Gambia el año pasado. / Juan Roque

El técnico tinerfeño Juan Roque lleva seis años dedicando sus vacaciones a enseñar balompié y regalar equipaciones a niños de países pobres. «Mi ambición es ayudar y conocer culturas»

JOSEBA VÁZQUEZ

La cosa surgió de aquella manera, sin una maduración previa y consciente; sin premeditación, sin alevosía. Un amigo se casa con una chica de Gambia y Juan Roque Alberto, tinerfeño de 49 años, observa ahí una vía para satisfacer su viejo deseo de visitar África. Y como Juan no entiende la vida sin un balón, pensó que, además, era una buena oportunidad para colaborar brevemente en la formación futbolística de algunos niños de aquel país. «La familia de la mujer de mi amigo me facilitó el contacto con un equipo y un lugar para alojarme». Roque, con una larga experiencia en la enseñanza del balompié a pequeños en Tenerife, recopiló algún material deportivo entre clubes de la isla, se pagó el vuelo y se plantó en Gambia. Allí y en Senegal impartió su magisterio y repartió equipaciones durante dos semanas, coincidiendo con las fechas de Carnaval. «Soy autónomo. Me dedico a la mensajería con mi moto y eso me permite repartirme más o menos las vacaciones a mi gusto. Suelo aprovechar los Carnavales, Semana Santa y también el verano».

Aquello sucedió a principios de 2011 y fue como el rascar: empezar y no poder detenerse. Desde entonces, el preparador canario viaja invariablemente cada año -alguno hasta en dos ocasiones- a países desfavorecidos con su misión de evangelizar sobre la pelota jugada con el pie. Un año más tarde pasó quince días en Cuba -«dirigí dos entrenamientos a la selección sub-17 que preparaba el Premundial y llevé libros de fútbol para su Escuela de Entrenadores»-; en 2013 fue invitado a Marruecos por una ONG, en 2014 se desplazó a Cabo Verde; hace dos años, a Panamá, Colombia y Mozambique, país este último donde trabajó con jóvenes con discapacidad visual, y el pasado calendario regresó a Gambia. También lo hizo el último mes en un periplo de otras dos semanas que le llevó además a Guinea Bissau. «Tengo una espinita clavada con este país. Todos los que he visitado son pobres, pero allí veo una pobreza extrema -cuenta Juan Roque a este periódico-. Es el que más me ha impactado. En el resto de sitios al menos tienen algún balón; allí, ni eso. En agosto quiero volver un par de semanas a Guinea Bissau y llevarles algunas botas. Tengo cerca de 600 pares que me dan equipos de Tenerife. Y están casi nuevas, porque los críos crecen tan rápido que apenas las desgastan».

Ni inglés, ni francés. Juan no habla más idioma que el español, pero eso no le supone impedimento para desarrollar su tarea. «Con los niños me entiendo con gestos y haciendo los movimientos que quiero que ellos repitan. Y con muchas sonrisas, je je», explica.

20.000 euros

El técnico calcula que en estos viajes realizados en los últimos seis años ha invertido «unos 20.000 euros». «Dados con ganas», afirma. «Salvo en Gambia, que es donde más voy, y el año de Marruecos, me lo pago todo yo, incluido el alojamiento. Suelo llevar dos maletas de equipaciones que donan clubes que conozco, pero nunca pido dinero porque se puede malinterpretar. La ropa suele ser de segunda mano, pero en buen estado, y ellos la reciben como locos».

- ¿Nunca hace vacaciones turísticas al uso?

- Nunca, Me gustaría ir a Nueva York, por ejemplo, pero pienso que todavía voy a tener tiempo más adelante para hacerlo.

- Inició esta práctica casi por casualidad. ¿Por qué sigue con ello?

- Ya tengo un poco el prurito de llegar a cuantos más países africanos mejor. También me gustaría visitar Haití y Centroamérica, todos los países que pueda. La ambición es ayudar y conocer culturas.

Juan Roque jugó a fútbol hasta los 21 años en las categorías inferiores del Club Deportivo Tenerife. Entonces decidió colgar las botas para adentrarse en la faceta técnica. Tiene el título de entrenador nacional, lo que, por normativa, le permitiría dirigir equipos profesionales. «Otra cosa es que esté capacitado para ello, que no lo estoy, je je...», apunta. Siempre ha trabajado con jovencitos. En la actualidad, lleva un equipo benjamín de la Escuela Municipal de Candelaria y otro de iniciación en el Club Esférico de Santa Cruz, donde reside. Es padre soltero de una chica de 23 años que «vive con su madre» y calcula seguir realizando sus particulares vacaciones «unos diez años más».

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