Creciendo entre la desesperación

Varios jugadores del equipo infantil del Sporting de Benimaclet se entrenan en el antiguo campo de tierra. / irene marsilla

El Benimaclet, dolido con el Ayuntamiento por la falta de soluciones para su campoEl club, víctima de un PAI estancado desde 1992, casi ha duplicado sus jugadores en dos años pese a entrenar en una superficie de tierra

ALBERTO MARTÍNEZ VALENCIA.

El Sporting de Benimaclet sigue agudizando su instinto de supervivencia. Su campo, a la antigua usanza, es de tierra. Llegó a estar abandonado, pero el balón vuelve a rodar y teñirse de marrón. Los propios directivos, en sus ratos libres, se encargan de desbrozar y pintar las líneas del terreno con tal de que los chavales se entrenen. Un PAI estancado desde 1992 y la falta de soluciones por parte del Ayuntamiento de Valencia condenaron a un club especialmente arraigado en su barrio. Sin una superficie de hierba artificial, le cortaron las alas. Difícil progresar teniendo en cuenta la competencia de las escuelas que sí pudieron adaptarse a los nuevos tiempos. La entidad estuvo al borde de la desaparición y perdió sus equipos de fútbol 11, aunque durante los dos últimos años ha demostrado su potencial al duplicar prácticamente el número de jugadores. Este crecimiento se ha basado en el compromisos de sus dirigentes, quienes se resisten a bajar la persiana. Sin embargo, la decepción les embarga, ya que no han recibido la colaboración que esperaban del Consistorio. Buscan un futuro.

Actualmente, el Sporting de Benimaclet cuenta con cerca de 100 jugadores. «Ha habido momentos de estar en 12. En 2015-16 conseguimos 60 y la temporada pasada, 80», explica Fran Torrecillas, vicepresidente del club. Se tocó fondo en 2012. Por la imposibilidad de competir en tierra, la entidad renunció a su campo y se marchó al polideportivo municipal del barrio, que dispone de césped artificial pero carece de terreno de fútbol 11.

Esta situación provocó que el Sporting de Benimaclet, que había llegado a acoger a 200 jugadores, se derrumbara prescindiendo de las categorías de fútbol 11. Quedó limitado a la formación de querubines, prebenjamines, benjamines y alevines, que compiten en f-8. Fue un cambio desolador.

«Cuando se hace el paso al polideportivo municipal, nos quedaba un único equipo, que era un benjamín de 12 años», recuerda Fran. Hubo que reinventarse. Además, desde la temporada pasada, el club mantiene un acuerdo con la Universitat de València para poder ocupar sus instalaciones. Algo que le ha permitido recuperar el f-11.

«Teníamos el problema de que los niños que llegaban a infantil se tenían que ir. Conseguimos un convenio con la Universitat y al menos tenemos campo para que jueguen los dos equipos de fútbol 11 que tenemos, pero es únicamente para los partidos», explica. En cualquier caso, existen serias limitaciones.

La pasada campaña se formó un grupo de infantiles. Ahora hay dos: «Ha habido la posibilidad de tener un cadete, pero no tenemos infraestructura. Las condiciones de la Universitat son complicadas porque te ponen unos requisitos de tiempo».

Mientras tanto, el campo de tierra del Sporting de Benimaclet se destina exclusivamente a los entrenamientos de los conjuntos de f-11. En febrero de 2016 se celebró un acto vecinal para limpiar la superficie: «Se consiguió arreglar y ahora se va manteniendo en la medida de lo posible con los pocos que somos. Es todo faena nuestra. Desbrozar, matar hierbas, regar, cuidar, aplanar, pasar rastrillos, marcar las líneas... Básicamente se ocupa Campallo, que lleva toda la vida en el club».

El PAI de Benimaclet fue adjudicado en 1992 a Urbem. El proyecto urbanístico, que incluía un moderno complejo deportivo, quedó paralizado. El campo del Sporting está ubicado dentro de la superficie urbanizable, pero el club cuenta con la autorización de la constructora para gestionarlo provisionalmente.

El objetivo del club pasa por acondicionar el campo instalando césped artificial. «El presupuesto mínimo era de 80.000 euros», comenta Fran. Los directivos llamaron a la puerta del Ayuntamiento de Valencia. Hace dos años, encontraron una predisposición esperanzadora, pero las ilusiones se han desvanecido.

«En un pleno del Ayuntamiento se aprobó dar una solución a este tema antes de final de 2016. Se adquirió un compromiso y no se ha cumplido», asegura Fran, quien se siente dolido: «La última reunión con el Ayuntamiento sobre el campo fue en noviembre del año pasado. Fue con Maite Girau -concejala de Deportes- y José Vicente Berlanga -gerente de la Fundación Deportiva Municipal-. Fue una reunión bastante desalentadora. Nos encontramos con un completo muro y cualquiera de las vías que se había visto en otros momentos se topó con un 'no'. No hemos tenido noticias desde entonces. La decepción viene porque esperábamos más comunicación y colaboración y no sentirnos tan ignorados a veces».

Fran alerta: «A la larga, la alternativa puede ser jugar en el campo de tierra. Técnicamente se puede competir aquí, pero entrarías en conflicto con padres y escuelas. Lo que no queremos es salir del barrio y desarraigarnos. No sabemos cuándo puede acabar muriendo la escuela. ¿Si el año que viene las condiciones con la Universitat se hacen tan duras que no podemos seguir, se acaba el fútbol 11? ¿Si el año que viene perdemos derechos en el polideportivo municipal, se pierde el fútbol 8? Siempre estamos en la cuerda floja. Merecemos ese campo que tenemos prometido desde hace 25 años».

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