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Arriesgar en la ciudad milagro

Iborra, durante el partido que enfrentó al Bournemouth y el Leicester. / REUTERS

Iborra dejó Sevilla para irse a Leicester, donde Ranieri y su hazaña siguen muy presentes. «El club y el míster querían que continuara, pero para crecer a veces hay que sentirse un poco incómodo. Aquí estoy», explica Iborra

Toni Calero
TONI CALEROValencia

El mundo del fútbol se giró con rabia e indignación hacia Leicester el pasado 23 de febrero. Ese día se anunciaba el despido de Claudio Ranieri tan sólo unos meses después de escribir la página más brillante en los 133 años de historia del club inglés. Salía Ranieri, el hombre que dirigió a Vardy, Mahrez, Schmeichel, Morgan y compañía hacia la conquista de la Premier, pero era ya del todo imposible borrar su legado: estaba la Champions y un Leicester que pasó del rincón mediático al epicentro de la escena internacional. Los 'foxes' pasaron a ser un conjunto apetecible y con la capacidad económica para pescar en mercados antes prohibidos: por ejemplo el capitán de un equipo importante de la Liga española. Por ejemplo Vicente Iborra, del Sevilla.

Al valenciano el interés del Leicester le cogió en un momento clave de su carrera. 29 años, diez de ellos como profesional, y cuatro temporadas defendiendo los colores de un equipo que le permitió coleccionar Europa Leagues, hasta tres. ¿Por qué no arriesgarse? Buscaba Iborra escapar de esa zona cómoda pese a la opinión contraria del Sevilla y Eduardo Berizzo. "Económicamente para ellos era espectacular. Recibían más del doble de lo que costé y había dado cuatro años de rendimiento", recuerda. La decisión era suya. De la familia. Iborra dijo sí a la ciudad milagro y todavía agradece al Sevilla que le diera la última palabra. "Con lo bien que nos había ido juntos", apunta con nostalgia.

El presente se llamaba Leicester, una ciudad de 350.000 habitantes, mucha vida universitaria y un clima de perros, aunque eso ya estaba asumido y más después de haber vivido en Valencia y Sevilla. Iborra decidió afrontarlo de otra manera: incluir los contras en el balance positivo. "Preferí arriesgarme y sentirme un poco incómodo, no sólo en el aspecto deportivo, también en el personal. Buscar nuevos retos, nuevas metas... Aquí me tengo que adaptar a una nueva cultura, aprender el idioma, asimilar un nuevo fútbol... Y eso me va a hacer crecer y madurar más todavía", reflexiona. En Leicester le esperaba un equipo con muchos futbolistas de la mágica 2015-2016 y un entrenador, Craig Shakespeare, que pensaba en Iborra como el 'box to box' del Leicester. "Desde que llegué me ha tratado muy bien, es muy tranquilo y un hombre que conoce la casa", explica el jugador de Moncada, que ya ha probado en varias posiciones.

Una elongación muscular le dejó fuera justo cuando arrancaba la competición, pero el valenciano ya está al cien por cien: jugó contra el Liverpool en la EFL Cup y debutó en Premier en Bournemouth. Son pocos partidos y ya le han servido para comprobar que uno de los motivos por los que puso rumbo a Inglaterra estaba bien justificado. El aroma del fútbol británico, "los estadios llenos, un ambiente espectacular y el respeto de la gente juegues donde juegues". El King Power Stadium, su estadio para los cuatro próximos años, guarda todas esas virtudes aunque por tamaño no sea de los más lujosos. "No es sólo fútbol, es todo lo que rodea al partido. Cada vez que jugamos en casa se crea un ambiente increíble", matiza.

En el grupo se encontró con Ulloa y un portero bosnio que entendía el castellano. Acaba de aterrizar Adrien Silva, ex del Sporting portugués, que también se defiende con los españoles. El resto, nada, aunque entre la comunicación directa con la plantilla y algunas clases, Iborra va tumbando muros con el inglés. La cultura de vestuario también es muy diferente: la mayoría de futbolistas del Leicester viven en otras ciudades -Mánchester, Nottingham o Birmingham- y pasan cinco o seis horas de cada día en carretera. En el césped, a los 'foxes' les falta "una victoria" que sacuda los problemas iniciales y permita al equipo un respiro en la clasificación: "El objetivo es quedar lo más arriba posible, siempre con los pies en el suelo".

Los dos equipos de Mánchester han empezado como un tiro, aunque Iborra no descarta al Chelsea ni tampoco a un Tottenham que mantiene al bloque de las últimas temporadas y a Pochettino. El Leicester está a otra cosa y en la ciudad nadie ni siquiera se atreve a aventurar que en los próximos años se repita el milagro. "Aquí las cosas se valoran más. Jugar la Champions complicó las cosas en la Premier y el equipo lo pasó muy mal", reconoce el valenciano, quien dice haber descifrado el secreto para entender aquel hito: "Me doy cuenta de cómo lo consiguieron: un sentimiento de equipo, en el que todos corren en la misma dirección y por el mismo objetivo". Eso y Ranieri. Hace poco, Iborra fue a recoger a su hijo pequeño a la guardería y en el garaje de una casa cercana, el rostro enorme de Ranieri pintado sobre la pared. Formas de hacer perdurar la hazaña.

El técnico italiano está continuamente en la conversación y al cierre, Marcelino García Toral. "Me di cuenta de que el Valencia lucharía por estar arriba desde que lo ficharon. Es la clave del proyecto", remata Iborra.

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