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La mejor lección de una goleada

José Berrozpe, ayer, en el campo donde entrena el benjamín B del Salgui. :: jesús signes
José Berrozpe, ayer, en el campo donde entrena el benjamín B del Salgui. :: jesús signes
  • «El encuentro había entrado en una dinámica que iba a ser un vendaval. Así no iba a aprender nadie. No disfruté», señala José Berrozpe

  • Un técnico del Salgui pide al árbitro que termine el partido cuando ganaba 1-15

Las ligas de fútbol base han vuelto a la rutina con los mismos defectos de siempre. Los resultados están plagados de goleadas inmisericordes sin que casi nadie haga nada. Ni aprenden los goleados ni los que aplastan al rival. Al final, la cordura queda en manos de la gente que trata de dar sentido a lo que es un proceso más de aprendizaje fuera de la escuela. El entrenador del benjamín B del Colegio Salgui, José Berrozpe, decidió el pasado fin de semana parar un partido que sus jugadores, niños de 9 años, ya ganaban por demasiados goles de diferencia. A falta de siete minutos, y cuando el Salgui abrumaba al Walter Alaquàs por 1-15, el técnico visitante decidió que ya no tenía sentido seguir jugando.

«En cuatro minutos habíamos metido seis goles. El partido iba en una dirección que o se paraba o era un vendaval. Le pedí permiso al entrenador del Walter Alaquàs y le pedí al árbitro que diera por finalizado el partido», señala el técnico del Salgui, que asegura que no disfrutó de la goleada. «Prefiero perder 1-0 en un encuentro competido que ganar de esta manera», añade.

Para Berrozpe, así los niños no aprenden. «Hubo un momento en el que todos buscaban marcar un gol. Todo lo que habíamos trabajado durante la semana ya no se veía en el campo. Los niños se vician, ya no juegan en equipo y sólo quieren marcar. Además, los chicos del otro equipo, que durante momentos del partido habían competido muy bien, habían desconectado. Marcamos seis goles en cuatro minutos», apunta el técnico del Salgui, al que la mayoría de los padres de su equipo felicitó por la decisión. Berrozpe lamenta que otros no entendieran su decisión: «Me decían que éramos líderes pero eso a mí ya me daba igual. Mi labor también es educar a los niños y a los padres».

El técnico del Salgui fomenta mucho al grupo. Les pone música en el vestuario antes del partido para motivarles y hace actividades colectivas alejadas del fútbol varias veces al año. Incluso fomenta la convivencia entre los padres: «Alguna vez vamos a los bolos». Berrozpe, de 35 años, afronta su primera temporada en el Salgui después de trabajar en el Barrio de la Luz. Tiene a su hijo en el equipo.

El entrenador del Salgui es partidario de que se regule a través de la Federación de Fútbol de la Comunitat Valenciana que a partir de cierto resultado ya no empiecen a contabilizarse más goles. «Un 10-0 ya es una auténtica paliza», apunta Berrozpe, que cree que las escuelas de fútbol deberían afinar muy bien a la hora de poner a los equipos en los distintos grupos. «El nivel de un equipo A en un sitio puede ser muy diferente al de el A en otro. Por eso las escuelas deben valorar muy bien en qué grupo meten a sus equipos. Lo ideal es que los niños se diviertan y que compitan».

Si su equipo gana por ejemplo 7-0, Berrozpe cambia las dinámicas para que el marcador ya no se dispare. «Intento que presionen más abajo y que hagan transiciones de banda a banda antes de marcar un gol», apunta. «A mí también me han ganado por 15 goles y la verdad es que no se pasa bien. Además, a mis chavales no les prohibo que celebren un gol pero sí que les digo que no hagan chorradas cuando marquen», termina Berrozpe.