Docavo es indestructible

Vicente Docavo, ayer, en uno de los saltos. /Adrià Puig
Vicente Docavo, ayer, en uno de los saltos. / Adrià Puig

La joven Carla Masip, campeona de España sub 23 hace una semana, se lleva la medalla bronce en la final absoluta de 1.500 El saltador supera tres operaciones y domina un podio de triple con castellonenses

FERNANDO MIÑANA VALENCIA.

Cuenta Juan Carlos Álvarez, una institución en los saltos horizontales, que cuando Pablo Torrijos comenta que unos amigos han pasado la víspera a por él y se lo han llevado a comer pizza, todo el grupo empieza a meterse con él, en broma, como si se hubiera ido de juerga un fin de semana entero. Así es de obsesivo en su preparación. Meticuloso, tenaz, perfeccionista. Sin apenas concesiones. Por eso ayer estaba decepcionado en la zona mixta después de haber perdido la corona del triple salto por culpa de un concurso sin destellos en el que no llegó ni a los 16,40 (16,37). Eso y una medalla de plata, para él, que tiene el récord de España con 17,04 y que este año ha saltado 16,76, son decepcionantes.

Torrijos solo fue superado por su paisano Vicente Docavo, quien también llevaba una cara larga, como si esta medalla de oro no fuera la primera después de tres años de penurias, con operaciones en el tobillo en 2013, 2014 y 2015, cuando prácticamente llegó a rendirse. Pero la rabia del campeón en 2001 y 2013 venía de verse tan bien y haberse quedado en unos 16,44 que logró en un primer salto en el que no llegó a coger la tabla y que permitía augurar una mañana de gloria en el Luis Puig. «Estoy descontento por la marca: sabía que estaba para más. He ganado porque Torrijos no ha estado en su mejor versión».

Docavo, como Torrijos antes, dejó a Claudio Veneziano, el técnico que llevó a la cima a ambos, con quien firmaron sus plusmarcas, y se puso en manos de Víctor Orduña. «Necesitaba un cambio de aires. Yo soy muy especial y necesito a alguien encima mío porque soy como un niño y, si no, no entreno y voy a mi bola».

Torrijos explicó su rendimiento con una inesperada e inexplicable flojera. «Desde el calentamiento he visto que no estaba. Cada pierna me pesaba 40 kilos y para mejorar mis 16,76 tenía que estar al menos al 90 por ciento». Se alegró más por su amigo Docavo y por Emilio Bellido, el tercer castellonense en este pleno del Playas de Castellón, uno de los que se mantiene fiel a Veneziano.

Es la demostración de que el atletismo no son solo puestos y medallas. También es un metro y un reloj. O simplemente perspectiva. De ahí la cara radiante de Carla Masip, una joven mediofondista de Benicarló, de 20 años, que milita en el Vinaròs -filial del Playas de Castellón- y se entrena en Valencia, a distancia, con Xavier Fontelles. Masip, en una final de 1.500 dividida en dos mitades, el pulso entre Marta Pérez (atleta con mínima para el Mundial y campeona con 4:20.83) y su compañero del Valencia Esports Solange Pereira, y la pelea por la medalla de bronce que ganó la castellonense.

«Me gusta mucho y, además, se ve que aún le queda mucho trabajo por hacer, algo que me parece bueno», advierte Villacorta, el responsable del mediofondo. Carla Masip jugaba al fútbol de niña hasta la edad en que dejó de ser mixto. Entonces una amiga la convenció para probar con el atletismo.

Su temporada bajo techo es casi inmejorable La semana anterior a esta medalla de bronce se colgó la de oro en el campeonato de España sub 23. Lo más meritorio ha sido que lo ha hecho «con muy poca constancia en los entrenamientos», en parte por una prima «muy pequeñita» que tiene leucemia y a quien le dedicó este nuevo éxito.

No fueron las únicas medallas de los valencianos. Daniel Andújar, que llegó a correr las series de los 400, fue tercero en la final de 800, idéntico resultado que el de Pablo Trescolí en el heptatlón. Ambos son del Playas de Castellón, el mejor club con 20 medallas.

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