Factoría de talentos en la Academia Víctor Claver

Los chicos de la academia de tecnificación, con Víctor Claver.
Los chicos de la academia de tecnificación, con Víctor Claver. / Pepe Casares

El valenciano toma como referencia el modelo de Estados Unidos

IGNACIO TORTAJADA VALENCIA.

Un lugar idóneo para mejorar la técnica del baloncesto pero sin olvidar el propio club de origen. Chavales de entre 12 y 18 años finalizaron el pasado viernes la segunda edición de la academia de tecnificación del alero valenciano Víctor Claver. Un programa que tiene como objetivo formar a jugadores de manera individualizada, mediante sesiones en grupos reducidos y homogéneos. De esta forma, la academia pretende complementar la labor formativa que desempeñan los diferentes clubes de la Comunitat para potenciar, durante las dos semanas de curso, la personalización de la técnica individual, exprimir las capacidades y elevar al máximo su mejora.

La idea de abrir las puertas a una academia de tecnificación surgió cuando Víctor Claver debutó en la NBA, al otro lado del charco. Siguiendo el modelo americano, el valenciano se dio cuenta que en España faltaba una academia que intensificara la técnica de los jugadores en las épocas vacacionales entre temporada y temporada. Julio para tecnificar y agosto para descansar. Esa es la dinámica que sigue la Academia Víctor Claver, aprovechar las vacaciones para no perder el toque.

Javier Claver, coordinador general de la academia y hermano de Víctor, asegura que mediante la tecnificación se busca trabajar para pulir aspectos tácticos y técnicos. Los entrenamientos transcurren de lunes a viernes y son veinte los jóvenes que consiguen entrar en la academia, divididos en dos de 10; un grupo la tercera semana de julio y el otro la cuarta.

En la Academia ofrecen información sobre becas en EE UU para jugar en la liga universitaria

«Buscamos la mejora de todos los que se apuntan, es por ello que la oferta es mucho mayor que la demanda», asegura Javier. Y es que el interés de los jóvenes por la escuela no ha dejado de aumentar desde su primera edición, por eso este año los grupos han tenido que aumentar de seis a diez componentes. «Si tuviéramos más alumnos a los que entrenar la atención no sería tan personalizada y perderíamos la esencia de la academia: que los chavales reconozcan sus fallos y potencien el baloncesto de base», declara Javier Claver.

De 10 de la mañana a las 14 horas, los aspirantes a estrellas del baloncesto realizan una serie de circuitos para lograr superar las dificultades y potenciar sus puntos fuertes. Una rutina marcada por dos horas de tecnificación, una hora de preparación física aplicada al baloncesto y una hora de especialista. «Para que el control sobre el deportista sea mayor contamos con un nutricionista, un análisis psicólogo, un preparador físico, un taller de fisioterapia y un estudio de podología», explica el coordinador general.

De la mano de Ferran Pizcueta, uno de los técnicos, y junto a dos entrenadores, la academia busca una dinámica de trabajo metódica. «No sólo intentamos mejorar aspectos físicos de los jugadores, sino también desarrollar la inteligencia y el pensamiento táctico», asegura Pizcueta. Es por ello que las actividades son diversas y todas ayudan a lograr la idea de Víctor Claver: lunes día de finalizaciones, martes las salidas, los miércoles el bote, el jueves el trabajo de pase y el viernes un juego reducido para aplicar todo lo aprendido durante la semana.

La ayuda tecnológica

El coordinador general asegura que la Academia Víctor Claver no tienen intención de convertirse en un club propio, sino que el único fin es abrir los ojos a los jóvenes deportistas y enseñarles cuáles son sus principales defectos, para así mejorarlos y erradicarlos. «Los entrenadores llevan todos un 'iPad' y graban los movimientos de los chicos, así luego 'in situ' podemos corregirles y enseñarles cuáles han sido sus errores. Junto a las grabaciones a cada uno le entregamos un análisis e informe nutricionista y técnico de su semana», añade Pizcueta.

Después de muchas horas de sudor y esfuerzo en la cancha, la recompensa es indudable. Fernando Molino, aficionado de 18 años, no dudó en ningún momento. «Es una semana de mucho rendimiento y sacrificio pero no dejas de aprender en toda la semana, detectas tus errores y aprendes a no repetirlos». La academia de Víctor Claver es, sin duda, el lugar perfecto para que los jóvenes sean conscientes de su nivel y lo potencien de cara a futuras temporadas. «Es una experiencia de diez, los entrenadores se fijan en los pequeños detalles, que al fin y al cabo, es lo que diferencia a los buenos jugadores», afirma el joven. En la Academia se presta información sobre becas en Estados Unidos para jugar en la liga universitaria.

Fotos

Vídeos