Baloncesto | Final NBA

Los Warriors encargan el anillo

Kevin Durant (d) y Stephen Curry.
Kevin Durant (d) y Stephen Curry. / Efe

Cleveland se da un tiro en el pie al encajar un parcial de 0-11 en los dos minutos finales que anula la antológica exhibición de Irving (113-118)

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

No lo tenía hecho, pero sí muy avanzado. Cleveland había sobrevivido a una primera parte en la que de nuevo los Warriors hicieron gala de su instinto asesino en ataque. Supieron los de Tyronn Lue manejar la situación para no desmoronarse, maniataron a Durant en el tercer cuarto y a la solvencia habitual de LeBron unieron una antología de juego firmada por Kyrie Irving. Entre ambos habían aportado 77 puntos a la caja común de los de Ohio. Quedaban poco más de dos minutos y el 113-107 parecía bastar para recortar distancias en la serie final de la NBA. Curry abrió la veda y Durant regresó de la zona oscura para liderar un 0-11 que reventó las costuras de los Cavs. Golden State tiene ya encargados los anillos con la tercera victoria (113-118).

Grandeza. El basket en su máxima expresión. Un partido memorable, para revisar de cuando en cuando y reconciliarse parcialmente con una NBA absolutamente prescindible durante la práctica totalidad de su fase regular. Esta es otra historia. 10 empates, 19 alternancias en el marcador, ocho puntos de ventaja máxima para los del otro lado de la bahía de San Francisco, siete para los locales. Un primer cuarto soberbio en el acierto, encelados sobre todo los Warriors desde la línea de tres. Con el luminoso mostrando 13-9, todos los puntos menos cuatro habían sido facturados de tres. Los de Steve Kerr, con Klay Thompson en estado de gracia, daban sentido al run&gun (correr y tirar) llegando a plantarse con 7 de 9 en su primer recuento triplista.

En cinco minutos el marcador concentraba una treintena de puntos (17-13) y poco después The Q enmudecía. 20.000 espectadores silenciados por un tremendo choque de James contra su compañero Thompson. Se tomó su tiempo para recuperarse y volvió con brío. Dos más uno y la histeria colectiva volvió a inundar unas gradas dispuestas a jugar su papel. Cuando la hiperestrella dejó el parqué los dos últimos minutos del primer cuarto para oxigenarse, Cleveland encajó un 0-10. Regresó con el segundo cuarto y su equipo recuperó el brío en un partido disputado bajo el castigo de un ritmo endemoniado. El jugador franquicia acumulaba ya 21 puntos en el minuto 14 mientras el resto de los suyos aportaba 22. Dependencia total, pese a que Irving había comenzado a dar síntomas de hiperactividad y JR Smith se reconciliaba con el aro.

Ambos equipos se jugaban buena parte de sus bazas con sus especialistas. Jefferson era un coladero en el uno contra uno al que le sometía Durant y Shumpert martirizaba, o al menos lo intentaba, con toda la furia imaginable a Curry. El juego derivó a opciones de tiro abiertas para los Cavs y su puntería se resintió. Y entonces emergió Irving. Indescriptible la facilidad de este jugador para romper por la derecha, en modo slalom, con su cuerpo como protección camino del rectificado más inverosímil para rematar la faena. Una tras otra. Once puntos en ese tramo. Pero los Warriors es un grupo que no se arruga. Cada vez que se acercaba Cleveland, golpe de efecto. Antes del descanso, dos triples clavados en sendas contras. Esos duelen porque denotan la facilidad para ver aro.

En la segunda parte, la primera canasta de campo de Love, tremendo en el rebote, volvió a poner muchos minutos y tiros después a los Cavs por delante en el luminoso. Había sido una travesía desde el 31-29 hasta el 71-69. Curry contestó, pero Irving se mantenía en trance. El tercer cuarto retó a ambos bases y el espectáculo fue inolvidable. El de Cleveland añadió 14 puntos más a su contabilidad y el de Golden State alicataba su estadística triplista. Durant, que jugó todo el parcial, sólo logró anotar un tiro libre.

Arrancó el último largo con Irving y James sumando 65 de los 94 puntos de su equipo. La intolerancia arbitral de Green, que recibió su quinta personal, complicó las cosas a los Warriors. Curry y Durant empezaron en el banco y las pérdidas crecían entre los de Kerr. Dieciocho para entonces. La ventaja en el marcador era constante para los anfitriones, aunque no lograban llevarla más allá de los siete puntos. Se percibía el cansancio entre los elegidos de Lue, pero ampliaron su control hasta el citado 113-107 a poco de entrar en los dos minutos finales. Tuvieron la puntilla en la mano Love, Korver y Smith, pero estrellaron contra el hierro sus anhelos.

Durant no falló. Avanzó hacia un confiado LeBron James y le descerrajó un triplazo a 43 segundos del final. Un crochet que derribó a los Cavs y encumbró a unos Warriors (113-118) que hicieron, de nuevo historia. Nadie antes había logrado ganar quince partidos seguidos, todos los jugados, en los play-off y finales. Tampoco nadie ha remontado jamás un 3-0. Cleveland levantó un 3-1 el pasado curso, pero esto parece ya demasiado.

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