La gloria del Pamesa cumple veinte años

La gloria del Pamesa cumple veinte años

Miki Vukovic y Víctor Luengo reviven dos décadas después la celebración por las calles de Valencia del título de Copa conquistado en Valladolid el 2 de febrero de 1998 ante el Joventut

Juan Carlos Villena
JUAN CARLOS VILLENAValencia

«Cuando estaba en el colegio nos contaban muchas cosas de España porque en esos años volvieron a Yugoslavia muchos combatientes del bando republicano de la Guerra Civil. Me impactaron de pequeño esas historias y siempre quise conocer esa cultura. Un día actuó en el colegio un guitarrista español y me impresionó la música. En esa época cantaba en el coro de mi clase. Estaba predestinado a trabajar aquí». Miki Vukovic (Kraljevo, 1944) desvela el momento en el que el destino le apuntó a Valencia. Sin aquellas historias, posiblemente hubiera elegido Italia y no España en la década de los 90 con el consiguiente efecto dominó sobre el Dorna y el Pamesa. El viernes 2 de febrero se cumplen 20 años del histórico título de la Copa del Rey de Valladolid.

El maestro y su alumno más aventajado, al que le dio la capitanía en el año de la EBA, tienen claro que aquel hito «fue un antes y un después»

Dos décadas después, el entrenador y el capitán de aquel equipo rememoran para LAS PROVINCIAS lo que significó la consecución de ese trofeo, reviviendo la celebración por las calles de la ciudad. Fue la primera vez que un título de baloncesto masculino fue ofrecido a todos los valencianos. «Volver a caminar con la copa por la Plaza de la Virgen, junto a Miki que fue nuestro padre deportivo y subirla de nuevo al altar ha sido un momento muy especial. Se me han pasado por la cabeza muchos recuerdos porque como valenciano fue un orgullo ofrecer ese primer trofeo a la Geperudeta. Aquel título significó mucho, no sólo para el Pamesa sino para el baloncesto valenciano. Fue un antes y un después», sentencia Víctor Luengo (Valencia, 1974). Dos décadas después, el jugador de Zaidía da gracias a la vida por volver a compartir un café con Miki, mientras la entrevista se transforma en una tertulia basada en los recuerdos.

La visita de un guitarrista español a Kraljevo fue decisiva para el técnico serbio

Orgullo
«Volver a caminar con la copa por la Plaza de la Virgen junto a Miki ha sido un momento especial»
La clave del éxito
«Más que compañeros éramos amigos, se vivía todo de forma muy intensa en el vestuario, con nueve jugadores nacionales»
La celebración
◄«Era un lunes por la noche en Valladolid pero Dean (el hijo de Miki) convenció a un local para que abriera»»

Aquel 2 de febrero de 1998, el Pamesa Valencia ganó la final de la Copa al Joventut (89-75), con las armas que le llevaron a escribir esa página de gloria. «Ganar la guerra psicológica fue decisivo porque para la mayoría de mis jugadores era su primera final. Si salíamos con miedo estábamos muertos. En eso se equivocó Julbe. No sólo menospreció a mi equipo sino a dos jugadores que entrenaron con él, Albert en Badalona y Zubizarreta en Zaragoza, al llamarlos leñadores. Eso no lo puede hacer nunca un entrenador, por respeto. Lo supimos aprovechar para ganar en confianza. En cuanto rompimos el miedo, aquel Pamesa fue imparable para el Joventut», sentencia Vukovic. Luengo asiente y remata: «Recuerdo la tranquilidad con la que salimos a la final. Aunque era lunes vino mucha gente de Valencia a ver el partido y eso fue una motivación mayor porque sabíamos que estábamos ante una oportunidad única. Miki preparó la final para aprovechar esa ansiedad que demostró tener el Joventut».

Miki Vukovic y Víctor Luengo volvieron a subir al altar de la Geperudeta el trofeo copero conquistado en 1998, como hicieron en su día en la basílica y en al balcón del Ayuntamiento ante miles de aficionados.
Miki Vukovic y Víctor Luengo volvieron a subir al altar de la Geperudeta el trofeo copero conquistado en 1998, como hicieron en su día en la basílica y en al balcón del Ayuntamiento ante miles de aficionados. / Damián Torres

Ganar la guerra psicológica a la Penya fue clave para un equipo tan joven

Si algo ha quedado patente dos décadas después de la copa de Pucela es que aquello fue algo más que un título. Fue el símbolo del renacer de un proyecto que unos años antes había naufragado en Huesca. Luengo ya formaba parte de aquel Pamesa que descendió a la EBA, con lo que tiene claro lo que significó el título del 98: «Era un momento donde el Valencia de fútbol hacía tiempo que no conseguía un título y creo que aprovechamos ese tirón de que los aficionados tenían muchas ganas de celebrar algo grande. Esa copa situó de nuevo a la ciudad en el mapa deportivo. Cambió la forma de verlo todo». Fue el clímax para una generación de deportistas que formó una segunda familia. «Más que compañeros éramos amigos. Se vivía todo de forma muy intensa dentro del vestuario. Con nueve jugadores nacionales, viajes eternos y sin tablets ni móviles, o hablabas con tus compañeros y jugabas a las cartas o te morías de aburrimiento. Cuando ganamos al TAU en cuartos de final fuimos al hotel donde estaban alojadas las familias para decir que se quedaban más días y es cierto que tuvimos que ir a comprar ropa interior a unos grandes almacenes», recuerda entre risas.

Nada más ganar al TAU en cuartos los jugadores fueron a comprar mudas para el resto del torneo

«Ningún debutante ha vuelto a ganar una Copa y eso es un orgullo para todos los que formábamos parte de aquel Pamesa», retoma Vukovic, mientras remueve su café y observa al camarero. La cuenta la pagará él, puesto que los cafés del maestro son conocidos en todo el continente. A la dosis de cafeína invita siempre él. Le viene entonces a la mente otra postal inédita de las horas previas a aquel histórico partido: «La final comenzamos a ganarla la noche anterior en el hall del hotel. Mientras Julbe no paraba de dar entrevistas yo estaba observando desde la cafetería. Nadie daba un duro por nosotros, no nos hacían caso. Éramos los invitados de la final. Ahí comenzamos a ganarla. Él estaba preocupado por Delibes y yo no paraba de dar vueltas para encontrar la fórmula y ganar el título».

Alfred Julbe
«Menospreció a mi equipo y a dos jugadores al llamarles leñadores, eso no se puede hacer nunca»
Una infancia decisiva
«CUando estaba en el colegio nos contaban muchas cosas de España, me impactaron de pequeño esas historias»
La celebración
«Me emocioné al ver a aficionados que confiaron siempre en nosotros, fue una conexión especial»

Luengo escucha con atención mientras piensa la siguiente anécdota a poner encima de la mesa, es la de la celebración en tierras pucelanas: «Recuerdo que fuimos a un asador y luego a un pub. Hay que tener en cuenta que era un lunes de febrero en Valladolid y no habían muchas cosas abiertas. El hijo de Miki (Dean) fue el encargado de convencer a un local para que nos abriera. La canción fetiche de aquella Copa fue el 'Come into my life' de Gala». Tras ese festival, la vuelta del Pamesa se dilató en el tiempo. No llegó al exceso de la Liga del 71 de Di Stéfano con el Valencia, parando en muchos pueblos para celebrar el título en Sarriá, pero se le acercó: «La anécdota del regreso es que tardamos mucho. Íbamos en autobús e hicimos muchas paradas. Se nos hizo eterno porque paramos en Madrid a comer, pero con la fiesta que llevábamos la verdad es que lo pasamos bien. Muy bien diría yo».

El viaje de regreso desde Pucela fue eterno y el equipo no dudó en parar a comer en Madrid

El maestro y el alumno no pueden evitar la emoción cuando se les pide que cierren los ojos por un momento y recuerden las sensaciones vividas en la celebración del titulo con la afición, puesto que aquellas imágenes eran inéditas en un club que muy poco tiempo atrás había meditado con cerrar la persiana. «Había ganado Copas de Europa con el Dorna pero al ver a tantas miles de personas por las calles me di cuenta de aquel título era especial para la gente. Que iba más allá del Pamesa. Fue una sensación muy bonita. Me emocioné al ver a muchos aficionados que confiaron en nosotros desde el año de la EBA. Me sentí desde el primer momento muy querido por la afición. Fue una conexión especial», rememora Miki. Antes de que termine la charla, no puede evitar defender el trabajo de los últimos técnicos de la Fonteta: «Hay que respetar mucho el trabajo de Pedro Martínez, como el de ahora de Vidorreta con una plantilla con tanto lesionado». Palabra de maestro.

El tapado físico para la cita de 2018

No se puede comparar lo que es el actual Valencia Basket, campeón de la Liga y de la Supercopa, con aquel Pamesa del 98. Pero sí que es cierto que el conjunto de Vidorreta llegará a la cita de Las Palmas con el aspecto físico como gran asterisco. A día de hoy, sin bases a 18 días para que empiece el evento. «Ojalá se rompa por fin el maleficio pero la merma de las lesiones, la última la de Van Rossom, está pasando factura. Si fuéramos con toda la plantilla sería un año perfecto para ganar una segunda Copa pero el tema físico hace que no vayamos de favoritos. Eso sí, hay muchas ganas de hacer algo grande», opina Luengo. Miki da la visión de técnico, la de no dar a nadie por muerto: «A principio de temporada había gente que se reía de Pleiss y ahora mismo es uno de los mejores pivots de Europa. Su entrenador tiene parte de culpa de su actual nivel».

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