La tristeza final de Torrijos

Pablo Torrijos, durante la final de triple salto de ayer. / EFE/Lavandeira jr
Pablo Torrijos, durante la final de triple salto de ayer. / EFE/Lavandeira jr

Ruth Beitia sufre pero se mete en la lucha por las medallas en longitud tras saltar 1,92 metros después de realizar dos nulos El castellonense acaba décimo en triple salto: «Mi objetivo era el octavo puesto»

MIGUEL OLMEDA/EFE

«No mucho, pero me voy un poco triste», reconocía Pablo Torrijos ante el micrófono de Teledeporte. El castellonense, plusmarquista español de triple salto con 17,04 metros, acabó décimo en la final del Mundial de Londres. Realizó un mejor brinco de 16,60 que le impidió acceder a las tres últimas rondas, reservadas para los ocho mejores. «Ese era el objetivo», lamentó el atleta de la plana, que sí se habría metido con la marca de la sesión de calificación, donde llegó a los 16,80 metros.

Esta marca abrió a Torrijos la puerta de su primera final de un Mundial. «41m, 18 pasos. Es el camino que recorro para saltar lo más lejos posible. Esta noche, con mas ganas que nunca!», había dicho en las redes sociales. El plusmarquista español logró su mejor salto en la primera ronda, luego bajó a 16,51 y se despidió con 16,53.

El pasado 10 de junio, Torrijos consiguió en la final de la División de Honor de clubes el mejor salto español de la historia al aire libre con un registro de 16,96 metros. Aquella marca sólo tiene por delante en el ránking absoluto la de 17,04 conseguida bajo techo por el propio Torrijos el 7 de marzo de 2015 en Praga, que es el récord de España actual.

«He intentado pelear pero no lo he podido conseguir. Ahora quiero descansar unos días, desconectar para volver a tope para lo que queda de temporada y la que viene», señalaba después de la competición Torrijos. «Ahora queda algún mitin y no creo que pueda estar en la final de la Diamond League. Mi intención es en lo que queda de curso mejorar mi marca personal para acabarlo con un sabor más dulce», expresó el castellonense.

El oro en triple salto se lo llevó Christian Taylor, segundo en el ránking de todos los tiempos en la disciplina. El estadounidense culminó el triplete en la tierra del plusmarquista mundial, Jonathan Edwards, que asistió a su victoria desde su posición de comentarista de televisión.

Dos veces campeón olímpico y otras tantas mundial, Taylor remató el hat trick de títulos con un salto de 17,68 al cabo de un cerrado duelo con su compatriota Will Claye (17,63). La final se convirtió en un mano a mano entre los dos norteamericanos, que pasaron el corte en cabeza, con Taylor al frente por cinco centímetros (17,68), y a continuación el portugués Nelson Évora.

Sufriendo, pero Ruth Beitia estará en la final de la altura de mañana. Ya había reconocido la propia atleta, poco tiempo después de conquistar heroicamente el oro olímpico en Río el pasado verano, que 2017 sería un año complicado para ella. Con 38 primaveras a cuestas, la lógica invitaba a pensar en una cuesta abajo. Ella misma lo sabía y la lógica, como de costumbre, acertó. Sin acercarse a los dos metros en toda la temporada, Beitia se presentó en Londres con muchas dudas, que en su debut no se disiparon ni mucho menos. Presentó una hoja de servicios impecable desde el 1.80 al 1.89, pero tres centímetros más arriba empezaron a vérsele las costuras. Un nulo, otro nulo. Y los fantasmas en el horizonte. Al tercer intento emergió el talento, que no entiende de edad, y la elevó por encima del listón.

Por trigésima vez en 36 ocasiones a lo largo de su dilatada carrera, la cántabra peleará por las medallas, con las mejores de su disciplina. Unas saltadoras, eso sí, que ahora ve desde la distancia. De entre las doce clasificadas, sólo la alemana Marie-Laurence Jungfleisch necesitó tantas oportunidades para pasar el 1.92 como Beitia, lejos del concurso inmaculado de las favoritas Maria Latsitskene y Yuliia Levchenko.

Con más brillo que la saltadora, Adel Mechaal consiguió el pase a las semifinales del 1.500. El mediofondista de origen marroquí sudó sangre para entrar sexto en su serie, la más rápida de las tres disputadas, con un tiempo de 1:38.99. Peor suerte corrieron en las suyas David Bustos y Marc Alcalá, que ni por puestos ni por marcas lograron estar entre los 24 mejores. Tampoco estará allí el campeón olímpico Matt Centrowitz, último clasificado para sorpresa mundial.

En cuanto a las chicas, ni Esther Guerrero ni Ana Lozano alcanzaron el pase a semifinales y final en 800 y 5.000 metros, respectivamente. La catalana, que fue quinta en su serie con un crono de 2:02.22, se quedó apenas a medio segundo de avanzar por tiempos. La alcarreña certificó una marca personal de 15:14.23 que no le sirvió para competir por las medallas.

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