«Llegué tras once días en patera. No sé nadar»

 Yatma, en su pueblo. El corredor de L'Eliana Running, con una camiseta del club, en la localidad donde llegó vendiendo y se quedó a vivir.
Yatma, en su pueblo. El corredor de L'Eliana Running, con una camiseta del club, en la localidad donde llegó vendiendo y se quedó a vivir. / m. rodríguez

Yatma Touré | Corredor de L'Eliana Running«Si hay un naufragio lejos de la costa, no te vas a salvar, así que es mejor que no flotes. Así te mueres antes», comenta

MOISÉS RODRÍGUEZ

l'eliana. Yatma reside en un piso de L'Eliana junto a un primo y otros dos amigos. Su familia biológica, sus padres, hermanos y hermanas, siguen en Senegal. «Alguna vez iré... pero en avión o en coche, que hay carreteras para llegar», precisa. Puede parecer un comentario, sin apenas contenido. Pero no. Para Yatma, vivir en un piso con otras tres personas o poder ir hasta su país de nacimiento tras quemar miles de kilómetros son pequeños lujos por los que ha luchado mucho en la última década. Por el camino ha hallado una segunda familia. Gente con la piel mucho más clara que la suya pero que se enfunda la misma camiseta que él por una pasión: correr. L'Eliana Running acogió como un hermano a este africano que, como muchos, se lanzó a la aventura cuando se subió a una patera con destino incierto. A él le salió cara.

Más de una década después de aquella odisea, Yatma afirma sin titubear que volvería a tomar la misma decisión. «Yo tenía trabajo en Senegal... pero hablaba con mis primos y vivía peor que ellos con mucho más esfuerzo», señala. Su viaje duró más de una semana, durante la cual sus compañeros eran gente que huía de la pobreza, pero que a su alrededor sólo veía el agua salada del océano. «Nos metimos muchas millas mar adentro. ¡Queríamos evitar que nos vieran! Así, lo que intentábamos era no divisar tierra o algún barco. De hecho, si veíamos alguno huíamos por si intentaban darnos alcance», comenta.

EN DOS FRASES«Llegué a L'Eliana a vender por los bares y me quedé. Veía gente correr, pero no sabía que hubiera un club» «Me han ayudado mucho en el club. Enseguida me conocían todos. ¡Claro, soy el único negro...!»

«El viaje en patera duró once días. Llegamos a Canarias y nos llevaron a un refugio. De ahí nos trasladaron a Murcia y luego yo fui a Salou, que tenía unos primos viviendo allí», resume Yatma. Entonces tenía 21 años. Jugaba a fútbol con sus amigos, corría y hacía gimnasia en la playa, pero nunca se había aventurado por las profundidades del mar. «No sabía nadar. De hecho, a día de hoy todavía no he aprendido. Casi mejor. Si naufragas o caes de la patera tan lejos de la costa, no te vas a salvar. Mejor que no sepas nadar, así mueres antes y no sufres», afirma. Así de crudo. Sabía perfectamente de lo incierto de su viaje.

Una década después, y aunque sigue trabajando muchas horas para tener un plato en la mesa, Yatma sonríe. No es una sonrisa postiza, sino de felicidad. Después de un tiempo en Salou, se vino a Valencia. Tenía amigos y otros primos con los que vivir. Empezó a vender. Era uno más de los muchos africanos que pasean por la ciudad o los pueblos, con un enorme saco a cuestas, haga sol, frío o llueva: «Entonces era más sencillo encontrar trabajo, pero la crisis lo complicó todo. Hay días que vendes, otros que nada por muchas horas que te tires en la calle».

Su llegada a L'Eliana fue casual, como que acabase en L'Eliana Running, uno de los dos clubes de aficionados a la carrera a pie que hay en la localidad de Camp de Túria. Iba a tratar de vender por los bares. «Pero es que tenía que estar todos los días cogiendo el metro, y era un gasto importante para mí. Si vendía, bien, pero en una mala jornada podía acabar perdiendo dinero», explica. Decidió quedarse a vivir en el municipio alrededor de dos años después de llegar a Valencia: «También influyó que aquí conocía a mucha gente y en la ciudad sólo tenía relación con mis compañeros de piso».

Una vez asentado en L'Eliana se pasaba muchas horas al día en la calle. Desde bien pronto y hasta que no quedaba un alma. Exprimía cada minuto para hallar a alguien a quien vender unas zapatillas, un mechero o un par de calcetines. Empezó a llamarle la atención que hubiese personas, muchas de ellas conocidas suyas, que salieran a correr, o muy pronto o después de trabajar. «Me parecía extraño. Yo no sabía que hubiera un club deportivo o algo así», señala.

Hasta que alguien por casualidad le propuso participar. Tenía condiciones y había hecho deporte en Senegal. 'Fichó' por L'Eliana Running y enseguida fue uno de los corredores más populares del club. «Enseguida me conocían todos. Me saludaba incluso gente que yo aún no sabía quién era. ¡Claro, como yo soy el único negro...!», bromea.

Empezó a participar en carreras populares. Era uno más. «En el club me han ayudado mucho», señala Yatma Touré. Tanto en la carrera a pie como en otra, la de su nueva vida en Europa. Ahora tiene desde hace algún tiempo permiso de residencia, lo que le da la posibilidad de no tener que recurrir a la venta ambulante para ganarse el pan. En esa travesía ha recibido varios avituallamientos desde L'Eliana Running.

L'Eliana, una 'etapa reina'

Por ello, pasea con orgullo su camiseta. Y también por ese motivo tiene cierto pesar de no poder participar este sábado en la Volta a Peu de la localidad, organizada por el club. «Me lesioné el año pasado y aún me estoy recuperando. Estoy entrenando y esta temporada haré pocas carreras», precisa.

La cita de Camp de Túria se ha convertido en una de las 'etapas reina' para los corredores valencianos. La más emblemática, sin duda, es la de Siete Aguas, que llegará en agosto. Pero L'Eliana también está marcada en rojo al ser una 10K que sale y tiene la meta en una pista de atletismo. Por segundo año forma parte del Circuito de la Diputación.

«¡Voy a ver si llego a la presentación!», exclama Yatma Touré al finalizar la entrevista. Se toma el acto como un compromiso familiar. De sus allegados valencianos. De quienes le tendieron la mano cuando perseguía un futuro mejor.

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