Campeonato de España de atletismo | «¿Torrijos imbatible? No creo»

Puig, Llopis, Salort, Ruiz y Belda, en el Palau Lluis Puig. / irene marsilla
Puig, Llopis, Salort, Ruiz y Belda, en el Palau Lluis Puig. / irene marsilla

El valenciano Marcos Ruiz se ve capaz de superar el récord nacional de triple salto Salort y Llopis, del Garbí, no quieren ni imaginarse coincidir en el podio de los Nacionales que se celebran en Valencia

FERNANDO MIÑANA VALENCIA.

Toni Puig pasea a sus vallistas como quien lleva dos pastores afganos. Hoy y mañana se celebran en el Palau Luis Puig los Campeonatos de España y ellos son la sensación del invierno en las vallas altas y los candidatos a dominar su prueba en los próximos años. Luis Salort tiene 18 años, es de Gandia y el año pasado, tercero, ya llamó la atención del subcampeón olímpico Orlando Ortega. Su compañero Quique Llopis aún era entonces juvenil pero acudió al Mundial de su categoría y dejó constancia de su clase con un llamativo cuarto puesto. Ahora ya es júnior, tiene 17 años y hace unas semanas le arrebató a su compañero el récord nacional. Salort lo recuperó días después, multiplicándose por mantener la jerarquía. «Estoy muy motivado desde que tengo un patas largas al lado», bromea.

El patas largas es Llopis, que mide 1,90 y corrió en 7.86 con las vallas de la categoría absoluta antes de que Salort, de 1,80, lo hiciera en 7.84. Solo tienen por delante a Yidier Contreras (7.76) y no quieren ni pensar lo que sería para ellos, para su club, El Garbí de Gandia, verse uno al lado del otro en el podio. «Mi objetivo es meterme en la final y entonces ya veremos que pasa», ataja Llopis, que es de Bellreguard.

El runrún del atletismo les persigue. «¿Quién es mejor de los dos?», se preguntan a sus espaldas y todo el mundo augura ya que al aire libre, con los 110 metros que mejor se adaptan a las patas largas y aún torpes de Llopis, acabará imponiendo su ley. Pero Salort le resta trascendencia y recuerda que el atletismo también es uno mismo y un cronómetro. Y que por encima de todo debe primar el espectáculo. «Yo estoy muy motivado para que no me gane, pero ¿y si lo hace? Pues me ha ganado y yo me alegraré por él de corazón: ¡es mi compañero!».

Con un planteamiento parecido aparece Marcos Ruiz, que se sienta en la grada del Luis Puig y no para de mover la pierna como un pistón. Al valenciano, de La Pobla de Vallbona, aunque vive en un piso en la ciudad, no le gusta hacer la pista cubierta porque es demasiado corta y sus frágiles tibias sufren demasiado. Pero este año le dijo a su entrenadora, Yolanda Belda, que si el Nacional era en casa, no podía faltar. «Solo quería hacer dos competiciones. La Copa y esto, pero el Barça no me puso en la Copa y al día siguiente, un domingo a las nueve y media de la mañana, cogí y salté 16,56». Es su mejor marca y la segunda del año, solo por detrás del castellonense Pablo Torrijos, que ha logrado 16,76, aún lejos de la mínima para el Mundial de Birmingham (17,05).

Ruiz, que solo tiene 22 años, está convencido de que si en esas condiciones saltó 16,56, mañana, en casa, con su gente arropándole, puede irse «muy lejos». ¿Cuánto? «Yo creo que puedo hacer la mínima: 17,05». Lo dice como avergonzado porque sabe que esa sentencia lleva adjunta otra pregunta, que si es capaz de hacer el récord de España. «Yo creo que sí. Me noto como nunca». No ponerse límites puede venir de su estreno como saltador de triple. Fue en categoría juvenil y en tres meses debutó, hizo la mínima y se proclamó campeón de España. O que hace dos años decidiera cambiar el pie del primer apoyo y siguiera saltando como si nada.

Respeta a Torrijos, al que considera un amigo con quien comparte consejos para mejorar, pero no cree que deba salir derrotado. «¿Imbatible?», repite la pregunta mientras mira hacia un punto no concreto de la pista. «No creo. El día que hice marca y en Madrid llevé la carrera de 15 apoyos. El domingo iré con la carrera completa (17 pasos saliendo de lanzado, aprovechando su gran virtud, la velocidad, como recuerda Yolanda Belda). Y si me gana no pasa nada. El otro día me dijo que lo más importante era que diéramos espectáculo. A mí, si la gente disfruta, ya me vale».

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