Atletismo

El campeón sencillo

El campeón sencillo

Juan Roig se apresuró a decirle al ganador del Mundial de medio maratón que quiere que vuelva en octubre para batir el récord del mundo | Kamworor hizo su cama y la de su compañero en el hotel donde se alojó en Valencia

Fernando Miñana
FERNANDO MIÑANAValencia

Geoffrey Kamworor (Keiyo, Kenia; 1992) llevaba desde 2016 pensando en Valencia. El Mundial de medio maratón era un objetivo que le obsesionaba. Quizá porque sea subir un peldaño más en su ascenso para superar la leyenda del eritreo Zersenay Tadese. El keniano, que ya lleva tres oros en esta prueba, ansía su récord de títulos (cinco) y su plusmarca mundial (58.23). Sabía que en Valencia se puede correr francamente rápido y había planeado atacar el récord: pasar por el kilómetro 10 en 27.50 y por el 15 en 41.40 para vaciarse en el último segmento de la carrera. Pero el viento arruinó su propósito y se limitó a amarrar la tercera corona.

Poco después de cruzar la meta, le abordó Juan Roig, el magnate que sustenta el mito de la ciudad del running, y le insistió en que quiere que vuelva en octubre para batir el récord del mundo de medio maratón. Después se marchó a cenar y a descansar. A la mañana siguiente, ayer, su compañero de habitación, Alex Korio, fue a que le echara un vistazo el doctor Cort. Miembros de la organización acudieron al hotel para recoger los trastos de Korio y cuando entraron en la habitación sorprendieron a Kamworor haciendo su cama y ya había terminado la de su compatriota. Al decirle que eso no era necesario, el campeón se sintió avergonzado porque pensaba que había hecho algo indebido, pidió perdón y se excusó diciendo que solo pretendía ayudar.

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La anécdota es un reflejo del carácter humilde de un atleta que atesora una fortuna que le permitiría vivir como una millonario en su país. Tiene una buena casa en un barrio residencial en las afueras de Eldoret y un 4x4 decente, un Toyota Harrier. No hay más lujos. Y cuando acaba el año, deja a su mujer y a sus dos hijos y se muda al campamento de Kaptagat, a 25 kilómetros de Eldoret, donde convive con una decena de atletas de manera espartana para preparar los grandes objetivos de la primavera.

Su rutina en Kenia

Allí suena el timbre de una bicicleta atornillado a la pared del pasillo a las cinco de la mañana. Hasta hace poco calentaban agua en una estufa de leña para hacerse un té, echarle mucho azúcar y mojar unas rebanadas de pan de molde. Recientemente se han refinado las costumbres. Unas placas solares les permite tener agua caliente y un nutricionista ha conseguido que desayunen una especie de papilla de teff, un cereal muy nutritivo que se cultiva en Etiopía.

«Los jueves, que es el día que les toca hacer una tirada larga, que puede ser de hasta 40 kilómetros, añaden un huevo duro a su dieta», explica Marc Roig, el catalán que es su fisioterapeuta y su confidente. Conoce cómo viven y entiende que el secreto de su éxito es su capacidad de trabajo, la ausencia de distracciones y mucho descanso. «No hacen demasiadas burradas, es más una acumulación de trabajo, como si fueran añadiendo unas capas encima de otras». La comida siempre lleva arroz blanco acompañado de patata o legumbres y la cena siempre incluye el famoso ugali -una especie de gacha elaborada de ingredientes con gran contenido de almidón- con carne o verdura. «Y entre comidas siempre toman té, mucho té».

Kamworor, que solo tiene 25 años y un futuro aún más esplendoroso por delante, llevaba más de un año pensando en Valencia y los martes, que es el día dedicado a las series, se ponía, ilusionado, la camiseta blanca que le habían personalizado sus patrocinadores, en la que se leía, en letras bien grandes, 'VALENC1A'. Aquí ha conseguido prolongar un balance asombroso: en trece medios maratones ha ganado nueve y ha quedado segundo en otro tres. Solo una vez, en Den Haag, quedó fuera del podio (cuarto).

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A su lado se entrena, a las órdenes del subcampeón olímpico de 3.000 m obstáculos Patrick Sang, Eliud Kipchoge, el maratoniano del momento, su mentor, el atleta que antes de irse a dormir lee la frase de Paulo Coelho que tiene sobre la cabecera de la cama: ««Si tú quieres tener éxito, debes respetar una regla: nunca te mientas a ti mismo». No hay distinciones. Los se lavan la ropa y se reparten la limpieza de la casa.

Aunque su brillante legado no hay que agradecérselo únicamente a Sang y Kipchoge, también al maestro que se emperró en que Kamworor, un adolescente algo arisco a los 16 años, se hiciera atleta. Ahora es un buenazo que arrasa en el medio maratón. El pasado otoño ya logró un reputado triunfo en el Maratón de Nueva York. Eso le permitirá repetir en Central Park el 4 de noviembre, lo que hace inviable que que venga a romper el cronómetro en Valencia una semana antes.

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